Seguinos en nuestras redes

Miércoles curioso

Un recorrido a toda velocidad

De la París-Rouen de 1894 a la Fórmula 1: cómo evolucionó el automovilismo.

Delfina Cabral

Publicado

el

Hoy una carrera de automóviles se asocia con velocidades superiores a los 350 km/h, sofisticados desarrollos aerodinámicos y millones de espectadores alrededor del mundo. Sin embargo, el origen del automovilismo fue muy distinto. La primera competencia de la historia no buscó encontrar al conductor más rápido, sino demostrar que los automóviles podían reemplazar definitivamente a los carruajes tirados por caballos.

El 22 de julio de 1894 se disputó la París-Rouen, considerada la primera carrera automovilística de la historia. La organizó Pierre Giffard, periodista del diario parisino Le Petit Journal, como una demostración pública de una tecnología que comenzaba a desarrollarse. En aquella época convivían distintos sistemas de propulsión (vapor, electricidad, gasolina e incluso aire comprimido) y nadie podía asegurar cuál sería el futuro del transporte.

Se registraron 102 inscripciones, aunque solo 21 vehículos lograron superar las pruebas previas y fueron autorizados a tomar la salida en el recorrido de 126 kilómetros entre París y Rouen.

A diferencia de las carreras actuales, la velocidad no era el principal criterio para elegir al ganador. El reglamento establecía que el automóvil ideal debía ser seguro, fácil de conducir, económico y confiable, cualidades mucho más importantes que llegar primero a la meta.

La partida tuvo lugar en la madrugada desde la Porte Maillot de París. La ruta atravesaba localidades como Mantes, donde los competidores realizaron una parada para almorzar antes de continuar el viaje hacia Rouen. Aquella pausa refleja hasta qué punto la prueba se parecía más a un ensayo de resistencia que a una competencia moderna.

Los primeros en arribar fueron los Peugeot conducidos por Albert Lemaître y Auguste Doriot, seguidos por dos vehículos Panhard & Levassor, todos impulsados por motores Daimler bicilíndricos en V de aproximadamente 3,5 caballos de fuerza. Lemaître cruzó la meta a las 17:45, tras recorrer el trayecto con un promedio de 19 km/h.

Sin embargo, el jurado entendió que Peugeot y Panhard & Levassor compartían las mismas virtudes técnicas, por lo que ambas marcas compartieron el premio de 5.000 francos. Más que premiar a un piloto, la organización reconocía la eficacia del motor desarrollado por Gottlieb Daimler, considerado el sistema de propulsión con mayor proyección para el futuro.

El jurado resumió el significado de aquella jornada con una frase: «El motor Daimler ha convertido el petróleo o la gasolina en una solución práctica.»

La París-Rouen marcó un punto de inflexión. Hasta entonces, la humanidad seguía buscando la mejor alternativa para sustituir al caballo como medio de transporte. Después de aquella demostración quedó claro que el automóvil con motor de combustión tenía el potencial para imponerse sobre las demás tecnologías. En cierto modo, ese día no solo nació el automovilismo deportivo, también comenzó la revolución del transporte moderno.

De los caminos abiertos a los circuitos

El éxito de la París-Rouen dio origen a nuevas competencias por carreteras abiertas, aunque el aumento constante de la velocidad pronto las volvió demasiado peligrosas para pilotos y espectadores.

La solución fue construir circuitos cerrados. El primero fue Brooklands, inaugurado en Inglaterra en 1907, mientras que en 1909 abrió sus puertas el Indianapolis Motor Speedway, escenario de las célebres 500 Millas de Indianápolis, disputadas por primera vez en 1911.

Al mismo tiempo comenzaron a organizarse los Grandes Premios, pruebas cada vez más rápidas y exigentes que sentaron las bases del automovilismo moderno. El primero con esa denominación fue el Gran Premio de Francia de 1906, organizado por el Automobile Club de France.

El nacimiento de la Fórmula 1

Tras varias décadas de campeonatos nacionales y europeos, en 1947 la Federación Internacional del Automóvil (FIA) reorganizó las principales competencias internacionales y creó un reglamento unificado.

Así nació en 1950 el Campeonato Mundial de Fórmula 1, cuya primera carrera se disputó en Silverstone, Inglaterra. El italiano Giuseppe Farina, con un Alfa Romeo, se convirtió en el primer campeón del mundo.

Desde entonces la categoría evolucionó hasta convertirse en el máximo nivel del automovilismo internacional.

Alfa Romeo 158, Nino Farina winning International Trophy race at Silverstone in 1950.

De 19 a más de 350 km/h

La comparación entre la París-Rouen y la Fórmula 1 actual muestra el enorme salto tecnológico del automóvil.

En 1894, los vehículos desarrollaban apenas unos pocos caballos de fuerza, circulaban a velocidades cercanas a los 20 km/h y el objetivo era demostrar que podían recorrer largas distancias sin averiarse.

Hoy, un monoplaza de Fórmula 1 supera los 1.000 caballos de potencia gracias a sus motores híbridos, alcanza velocidades superiores a los 350 km/h y está construido con materiales ultralivianos, sistemas electrónicos de última generación y una compleja aerodinámica desarrollada en túneles de viento y simuladores.

El calendario 2026 comprende 24 Grandes Premios distribuidos en 21 países, con equipos como Ferrari, McLaren, Mercedes, Red Bull, Cadillac y Audi, y un reglamento completamente renovado que incorpora aerodinámica activa y una mayor participación de la energía eléctrica en las unidades de potencia.

Mucho más que una carrera

La París-Rouen fue una competencia muy diferente a las que hoy millones de personas siguen cada fin de semana. No hubo estrategias de boxes, clasificación, neumáticos especiales ni velocidades extremas. Tampoco ganó simplemente el más rápido.

Su verdadero objetivo era responder una pregunta que a fines del siglo XIX todavía estaba abierta: ¿podría el automóvil convertirse en el medio de transporte del futuro?

La respuesta comenzó a escribirse aquel 22 de julio de 1894, cuando 21 máquinas recorrieron los caminos entre París y Rouen. Más de 130 años después, aquellas modestas máquinas de gasolina son recordadas como el punto de partida de una historia que continúa acelerando hasta nuestros días.