Fútbol
Las voces del centenario
En el camino hacia sus 100 años, la Liga Concordiense de Fútbol recupera las historias de quienes ayudaron a construirla.
Cumplir 100 años supone mucho más que llegar a una fecha. En el caso de la Liga Concordiense de Fútbol, el centenario reúne generaciones de jugadores, entrenadores, dirigentes, árbitros, colaboradores, familias e hinchas que, de una u otra manera, fueron construyendo la historia del fútbol de la ciudad.
Una historia que no puede explicarse solamente a través de campeonatos, resultados o estadísticas. Detrás de cada club hay barrios, familias, amistades, dirigentes que dedicaron años de manera desinteresada y jugadores que encontraron en una cancha el lugar donde construir parte de su vida.

Con esa mirada comenzó “Camino a los 100 años”, un ciclo de entrevistas que propone recuperar distintas etapas de la historia de la Liga a partir de sus protagonistas. Los primeros cuatro capítulos dejaron testimonios diferentes, pero atravesados por una misma idea que es la historia del fútbol concordiense también puede contarse desde las experiencias personales de quienes estuvieron allí. Y en esas voces aparecen recuerdos que permiten mirar mucho más allá de un partido.
Bernay y las raíces que permanecen
El primer capítulo tuvo como protagonista a Víctor Bernay, actual entrenador de Nacional de Paraguay y uno de los nombres surgidos del fútbol concordiense que logró desarrollar una extensa carrera en el ámbito profesional. Pero antes de los grandes escenarios, de los cuerpos técnicos y de las experiencias internacionales, estuvo el barrio. El campito del Pindapoy, los partidos con jugadores más grandes y una oportunidad que comenzó a partir de la visita de Carlos Romero a su casa para convencer a su madre de que le permitiera empezar a jugar en Victoria.
Aquel momento terminó siendo determinante. “El Cabezón” debutó en Primera División con apenas 16 años y posteriormente pasó por Santa María de Oro y Ferrocarril. Su carrera también incluyó una experiencia particular en el Torneo Argentino A, donde prácticamente pasó de jugador a entrenador del equipo.
Como director técnico, su recorrido lo llevó por Atlético Uruguay, Cerro Porteño, Guaraní y Nacional de Paraguay. También fue asistente de Pedro Troglio en Gimnasia y Esgrima de La Plata, Independiente, Cerro Porteño, Argentinos Juniors, Tigre y Universitario de Perú, además de trabajar junto a Ariel Holan en Santos de Brasil.

Sin embargo, al reconstruir su recorrido, Bernay volvió una y otra vez a sus primeros años. A Victoria. Al barrio Tiro Federal. A los compañeros. A las tardes después de los entrenamientos. A compartir comida y mate. A los vínculos que, con el paso del tiempo, terminaron siendo tan importantes como cualquier resultado deportivo.
En su relato también aparece una mirada sobre la evolución de la identidad de los clubes concordienses. Según él, durante otras épocas era más habitual que los hinchas se identificaran principalmente con los grandes equipos del fútbol argentino. Hoy, en cambio, observa una pertenencia mucho más marcada hacia las instituciones locales. Familias en las tribunas, colectivos con banderas y personas que expresan con orgullo su pertenencia a Victoria, Libertad, Sarmiento u otros clubes forman parte, para él, de una identidad que fue creciendo con el tiempo.
Delduca y la memoria de otra Concordia
El segundo capítulo llevó la mirada varias décadas atrás. Genaro Oscar Delduca, a sus 83 años, aportó el relato de una época en la que el fútbol ocupaba un lugar central en la vida social de la ciudad. Él debutó en Primera División con Sarmiento a los 14 años, frente a Santa María de Oro, y convirtió su primer gol ante Wanderers en el partido siguiente. Su llegada al “Bicho” también tenía una raíz familiar: sus padres y sus tíos habían jugado allí.
Después llegaron Victoria, Wanderer’s y Juan Bautista Alberdi, además de una experiencia con Juventud Unida de Benito Legerén en el Torneo Regional de 1972, cuando el equipo quedó muy cerca de alcanzar el Torneo Nacional. Su recorrido también incluyó Independiente Rivadavia de Mendoza y Rosario Puerto Belgrano de Punta Alta, donde convirtió goles importantes en la lucha por la permanencia dentro de la liga bahiense.

Pero el valor de su testimonio no aparece únicamente en los equipos en los que jugó. También está en los recuerdos de una Concordia distinta. El hombre recordó la creciente de 1959, cuando el agua derribó un muro del Club Sarmiento y un partido amistoso frente a Lanús terminó convirtiéndose en una jornada solidaria. Una multitud se acercó al estadio y el encuentro contó con futbolistas reconocidos, entre ellos Luis Arrieta, jugador que había sido transferido desde Libertad y que mantenía además un vínculo con la familia Delduca.
En aquel contexto, los partidos trascendían lo deportivo. Boca, River e Independiente también habían llegado a distintos lugares con fines solidarios. La anécdota permite observar una época en la que los clubes eran también espacios de encuentro comunitario y donde el fútbol podía convertirse en una herramienta para acompañar a una ciudad frente a una situación difícil.
Buruchaga y cinco décadas de fútbol
Mario Buruchaga representa otra dimensión de esta historia. Exjugador y entrenador, atravesó más de cinco décadas vinculado al fútbol concordiense. “Más del 50 por ciento de la historia de la Liga Concordiense la he vivido”, señaló durante la entrevista. A los 65 años, la frase no funciona solamente como una referencia temporal: también permite dimensionar la cantidad de transformaciones que presenció dentro del fútbol local.
Antes de ocupar un banco de suplentes como entrenador, también fue jugador y protagonista de algunos de los partidos que quedaron registrados en la memoria de la Liga. Uno de ellos fue la final de 1984 frente a Nebel. Después de tres partidos, el campeonato tuvo que definirse por penales. La tensión de aquella definición, los remates y la atajada que terminó inclinando la historia son recuerdos que permanecen décadas después.

Ese tipo de relatos permite entender cómo determinados partidos dejan de pertenecer únicamente al ámbito deportivo. Con el paso del tiempo se transforman en parte de la memoria colectiva de un club y de una generación. Buruchaga también recordó su llegada a Atlético Libertad y la influencia que tuvo en su formación Alberto González, quien había disputado un Mundial con la Selección Argentina.
Su recorrido muestra, además, una característica propia del fútbol local: el encuentro entre distintas generaciones. Futbolistas jóvenes, jugadores experimentados, entrenadores con trayectoria y figuras que llegaron desde otros ámbitos convivieron en las mismas canchas.
Lugrin, la historia que no aparece en los resultados
El cuarto capítulo permitió cambiar nuevamente la perspectiva. Herbeé Lugrin, exarquero de E.P. Ancel, integrante del Tribunal de Penas y comisario deportivo, representa a un grupo fundamental para cualquier competencia: aquellos que trabajan detrás de escena para que el fútbol pueda desarrollarse.
Su historia está vinculada durante décadas a tareas que muchas veces no aparecen en una crónica deportiva. Organización, control, decisiones, participación dirigencial y colaboración permanente.

Como comisario deportivo, por ejemplo, debía llevar el cronómetro, anunciar los minutos restantes y controlar los cambios. Una tarea que también lo llevó a protagonizar situaciones tan particulares como aquella ocasión en la que tuvo que refugiarse en un espacio policial luego de suspender un partido ante la reacción de los hinchas.
La anécdota tiene algo de pintoresco, pero también refleja las características de una época en la que las personas que ocupaban determinadas funciones asumían responsabilidades que iban mucho más allá del tiempo que duraba un partido. Lugrin realizó buena parte de ese trabajo de manera ad honorem. También tuvo participación dirigencial y dentro de la Federación.
Su definición de la Liga como una “segunda casa” resume un vínculo que no puede medirse en cargos ni estadísticas. Es también una historia que permite poner el foco sobre aquellos nombres que quizás no aparecen en las fotos de los campeones, pero que resultaron indispensables para que durante décadas los campeonatos pudieran jugarse.
Una historia con cientos de protagonistas
Los primeros cuatro capítulos de “Camino a los 100 años” permiten encontrar una coincidencia detrás de historias muy diferentes. La Liga Concordiense de Fútbol no tiene una única historia. Tiene muchas.
Está la historia del jugador que debutó a los 14 años. La del joven que encontró una oportunidad en un club de barrio. La del entrenador que llegó a escenarios internacionales. La del dirigente que dedicó años al fútbol sin recibir nada a cambio. La del comisario deportivo que pasó décadas dentro de las canchas. La de los clubes que fueron refugio, punto de encuentro y espacio de pertenencia para generaciones enteras. Y también está la historia de quienes estuvieron en las tribunas.
Se entiende que en un club no se construye únicamente con quienes entran a la cancha. También se construye con quienes llevan a sus hijos, con quienes heredan una camiseta, con quienes acompañan un domingo de lluvia y con quienes convierten una institución deportiva en parte de la identidad de un barrio. Por eso, el centenario ofrece una posibilidad que excede la celebración.
El centenario como punto de partida
Los primeros testimonios también plantean una pregunta hacia adelante. ¿Qué significa llegar a los 100 años y qué fútbol se quiere construir para los próximos 100? La respuesta todavía está abierta. Pero para pensar el futuro resulta necesario conocer la historia que precede al presente.
En las palabras de Bernay aparece la importancia de la formación y la pertenencia. En Delduca, la memoria de un fútbol profundamente vinculado con la vida social de la ciudad. En Buruchaga, el paso de las generaciones y la permanencia de determinados recuerdos. En Lugrin, el trabajo silencioso de quienes sostuvieron la estructura de la competencia. Son cuatro miradas distintas sobre una misma institución.
Y probablemente allí esté una de las principales riquezas de este recorrido: entender que los 100 años de la Liga no pueden resumirse en una fecha ni en una lista de campeones. Hay una historia mucho más amplia. Una historia que se escribió en los, en los clubes, en las canchas y en las familias. Una historia que todavía permanece en la memoria de quienes la protagonizaron y que, a través de nuevos testimonios, puede ser recuperada para las generaciones que vienen.
“Camino a los 100 años” recién comienza. Y las voces que todavía faltan escuchar forman parte, también, de la historia que explica cómo el fútbol concordiense llegó hasta acá. Se difundirán más capítulos, habrá más episodios solo hay que estar atentos a la comunicación oficial de la liga local y a su canal de YouTube.










