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Tenis

Marilyn Torrilla: una historia de resiliencia

La autora del monumento a la mujer repasa una vida marcada por el deporte, el arte y la fuerza con la que enfrentó grandes desafíos.

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Hay testimonios que inspiran y conmueven por su trayectoria, fortaleza y por la forma y las ganas con que se enfrentan a la vida. Esta es la historia de Marilyn Torrilla, una mujer de 74 años nacida en Paraná y radicada en Concordia, artista plástica, profesora jubilada de arte, deportista y, sin dudas, una guerrera con todas las letras.

Un amor para siempre

Su camino en el deporte comenzó de muy pequeña ya que entre los 8 y los 18 años fue atleta del Club Estudiantes de Paraná, institución en la que creció y se crió: “corría, viajaba, competía, hacía 64 metros con vallas, salto en largo, salto en alto, 400 metros”.

“Competí hasta los 18 años porque estaba casada, pero igual iba. Paré cuando nacieron mis hijos y después siempre me daba el espacio para correr y hacer deporte. Un día una amiga me dijo para jugar al tenis, yo no sabía ni agarrar una raqueta, pero arranqué y aprendí de cero, tenía 25 o 26. El profe era Juan Carlos Santiago con quien somos grandes amigos. Las raquetas eran de madera”, recordó.

A los pocos días Marilyn jugó su primer torneo para principiantes y, como si fuera poco, se quedó con el primer puesto: “A partir de allí me agarré una locura con el tenis, tomé clases particulares y después iba a jugar toditos los días”.

Encontrar su lugar

En 1981 se mudó a Concordia junto a su entonces marido y sus dos hijos, Facundo y Brenda; poco tiempo después nació Valentina. Los chicos eran nadadores federados y los llevaba a entrenar al Club Regatas. “Mientras, me quedaba viendo jugar a un montón de señoras. Estuve seis meses en la tribuna, llevaba mate, torta y luego de varias horas volvíamos a casa. Yo las miraba y decía, ‘qué hermoso sería’, pero nadie te invitaba. Concordia es un lugar muy lindo, pero en mi experiencia, de no haber tenido la personalidad que tengo, me hubiera vuelto. Después empecé a entender a las personas”, se sinceró.

Marilyn se hizo socia del Club Salto Grande, pero jugaba en todos los clubes y se anotaba en todos los torneos, triunfando en muchas oportunidades. “Una vez me anoté en un torneo de singles grandísimo en el Regatas y llegué a la final contra la que era la favorita del club. Siempre tuve un carácter imponente y me propuse: ‘este va a ser el broche de que voy a jugar siempre acá’”.

Cuando en aquella final todos hinchaban por la local, en un descanso pensó “yo acá estoy sola, no tengo a nadie”,  y recordó un consejo que su abuela le dió cuando un día no quería ir sola a un cumpleaños de 15: “‘usted va a ir sola por el mundo con éxitos, con fracasos, con llantos, con lamentos, pero sola. Usted no nació con nadie’. Eso me sirvió a mí para ganar ese partido y para todas las cosas que me pasaron: mi divorcio, criar a mis hijos, el desarraigo de Paraná. A mí el tenis y el arte me salvaron”, dijo conmovida.

Con el paso de los años, Marilyn pasó de ser principiante a recorrer varios lugares del país y de América del Sur gracias al tenis. Ella se subía al colectivo y se iba, de esa manera llegó a Córdoba, a Paraná, a Santa Fe, a Chile, a Mendoza, Rosario, San Luis, San Juan, La Rioja, Perú, Uruguay, Brasil, representando a Veteranas del Litoral, grupo al que se incorporó luego de jubilarse y al que aún pertenece, desempeñándose tanto en singles como en dobles.

El partido más importante

Sin embargo, la vida le puso algunos obstáculos en el camino respecto a su salud cuando en dos oportunidades fue diagnosticada con Linfoma de No Hodgkin, un tipo de cáncer que afecta al sistema inmunológico. De la última, que ocurrió en el 2023, recibió el alta definitiva el pasado 3 de marzo. “Me hicieron quimio y dije ‘yo voy a salir de esta’. Estuve dos años viviendo en Paraná. ¿Sabés cuál era mi meta? volver a estar en una cancha de tenis. Yo sabía que me iba a curar e iba a estar corriendo en una cancha. El tenis me iba a salvar”, recordó.

A pesar de todas las circunstancias, actualmente asegura sentirse bien y tiene muchas ganas de seguir. Además, comentó que en los torneos de veteranas ahora se agregó una nueva categoría que es +80. Respecto a esto, con seguridad y un poco de chispa dijo: “esperame que yo hasta los 100 llego”.

Reinventarse

“Trabajé siempre, toda la vida me reinventé”, aseguró ella, que recorrió parte de la provincia dando clases de cerámica y artes del fuego en un Fiat 147 que su hijo le enseñó a manejar en ruta. “Cuando uno tiene hambre y tiene que alimentar tres cachorros, sacá fuerza. Para las madres no hay tiempo cuando hay hijos y la necesidad de salir adelante con la familia”. Siguiendo ese lema, siempre se la rebuscó, ya sea recorriendo construcciones en moto y ofreciendo diseñar los números de las casas, haciendo moldería de cocina y  baño con diseños, realizando exposiciones, vendiendo ropa.

El arte como lenguaje

Como se mencionó al comienzo, Marilyn no sólo se ha dedicado al deporte a lo largo de su vida, también es artista plástica y entre sus más significativas obras se encuentra el reconocido monumento a la mujer, que el 8 de diciembre de 2005, en la rotonda de avenidas Juan B. Justo (actual Gerardo Yoya) y Salto Uruguayo fue inaugurado representando tres etapas de la vida femenina: madurez, plenitud y juventud.

La historia detrás del monumento

“Una vez en vísperas de mi cumpleaños, me agarró como una melancolía y empecé a escribir lo que me pasaba en borrador. En ese momento me propuse como desafío hacer el monumento a la mujer. Para eso lo invité a Ladislao, que era mi compañero de trabajo y es artista plástico y a Teresita Blasco, que siempre iba a tomar mate y nos llevaba bizcochitos porque nosotros estábamos a full con el arte o preparando alguna muestra”, dijo.

A partir de allí se pusieron manos a la obra. Marilyn diseñó a la “mujer madre” que se encuentra de frente a Gerardo Yoya. “Tiene las lolas grandes, la cabeza es el útero que está como escondido y los bracitos chiquitos, todo como guardado, como nos han tratado a mi generación”, explicó. A su derecha se encuentra la “mujer entre los 30 y 40 años”, también diseñada por ella y trabajada por Tere y, por último, se halla la “mujer del futuro” diseñada por Ladislao, la cual Marilyn imaginaba con cirugías estéticas y “la panza chata”. Respecto a esta, aclaró: “yo apuesto al futuro, por eso la hice grande, porque el futuro son mis hijas, mis amigas”.

Una historia que habla por todas

A sus 74 años, Marilyn sigue mirando hacia adelante siempre con una sonrisa reluciente y con la misma energía con la que alguna vez corrió en una pista o entró por primera vez a una cancha de tenis. Su historia, atravesada por el arte, el deporte, la lucha por su familia y la capacidad de sortear obstáculos y volver a empezar, es también un reflejo de la fuerza y resiliencia de tantas mujeres. Una historia que, en el marco del Día Internacional de la Mujer, pone en valor la lucha cotidiana y la capacidad de reinventarse.