Boxeo
Un round más
El boxeo y la música local se cruzaron en el Gigante Verde en una noche donde la ciudad también peleó su propia historia.
El pasado viernes, el Gigante Verde volvió a ser escenario de una noche de boxeo profesional con sello concordiense. Santiago “Piedrita” Bazán se impuso por puntos, en fallo unánime, ante el bonaerense radicado en Córdoba Alan Randazzo Cos, en una pelea pactada a seis rounds que exigió intensidad, lectura y paciencia de principio a fin.

El combate tuvo momentos de estudio y otros de fricción constante, donde el rival nunca dejó de avanzar y obligó a Bazán a resolver con distancia, movilidad y precisión. El triunfo se fue construyendo round a round, sin apuro, como esas victorias que se cocinan más en la cabeza que en los puños.
El boxeador describió un combate intenso, exigente desde el primer round y marcado por la presión constante del rival. “Fue una pelea dura, un rival durísimo, muy fuerte. Era un poco más bajo que yo, y eso me permitió trabajar por momentos a distancia, de izquierda para mantener el control. Eso me ayudó en algunos pasajes, pero fue un rival que siempre venía encima, tirando manos fuertes y sosteniendo la presión durante toda la pelea”, analizó tras el combate en 3200, el código del deporte.

Bazán destacó además la importancia de haber podido sostener la estrategia y cerrar la victoria a su favor. “Pudimos sacar adelante la pelea a la distancia, que era lo que buscábamos. Estoy muy contento, ganamos por puntos en fallo unánime. Y feliz de volver a pelear acá en Concordia, ante toda la gente. La verdad que el público acompañó muchísimo, había mucha gente anoche en el Club Estudiantes. Es muy lindo sentir el apoyo de toda Concordia”, expresó.

Finalmente, valoró el momento personal que atraviesa luego del triunfo: “Ahora a descansar, a disfrutar de mi familia y de la gente que me acompaña en todo el proceso. Gracias a ustedes por estar siempre, un abrazo grande y nos vemos pronto”.
Una entrada que también fue un mensaje
Pero la noche no comenzó con el primer golpe. Comenzó antes, en el instante en que Bazán caminó hacia el ring. Allí, en ese momento cargado de tensión y expectativa, apareció otra historia paralela que le dio a la velada un matiz distinto: el ingreso del boxeador con “El Campeón”, tema de Pichón de Bardo, proyecto musical de Maximiliano “El Negro” Giménez.

La elección no fue decorativa ni casual. Fue un gesto, una decisión cargada de identidad, que unió deporte y música local en una misma escena. Mientras el público terminaba de acomodarse y el combate todavía era promesa, la canción ya instalaba un clima: el de alguien que entra sabiendo que algo importante está por pasar.
“Un round más, el del campeón… y en tres minutos voy a cambiarlo todo”, dice la letra. Y en el contexto del boxeo, la frase deja de ser metáfora para convertirse en declaración. Cada pelea es eso: la posibilidad de cambiarlo todo en un puñado de minutos.
La historia detrás de un cruce inesperado
El día después de la pelea, el propio Giménez pasó por los estudios de 3200 Cultura en Oíd Mortales Radio, donde no solo presentó el tema —que tuvo allí su primera reproducción en un medio de comunicación— sino que también reconstruyó el origen de un vínculo que nació de manera inesperada entre el ring y el estudio de grabación.
“Me comentan que le había gustado el tema, que, si lo quería mostrar al hermano, que boxeaba. Listo, me escribe al otro día, le contesto y le paso una maqueta del tema que teníamos… Se la pasamos y nos contesta que se lo mostró a Santi y que le había encantado y que quería entrar con el tema de la pelea”, recordó.
El músico relató también la urgencia y la intensidad con la que se terminó de cerrar el círculo entre canción y combate: “En ese momento le dije al productor, Cristian Villagra, si lo podíamos tener terminado para el viernes. Era todo muy justo. Así que nos fuimos todos a verlo a la pelea. Fue una experiencia tremenda escuchar la canción en ese contexto, en ese momento”, dijo.

Lo que comenzó como una maqueta terminó convirtiéndose en parte de una noche deportiva real, con un boxeador entrando al ring acompañado por una canción que todavía estaba naciendo públicamente. Un cruce que no se planifica, sino que sucede.
Pichón de Bardo, el despegue y una identidad en construcción
En esa misma visita a 3200 Cultura, Giménez también habló del presente de Pichón de Bardo, un proyecto que viene creciendo desde la autogestión y la búsqueda de una identidad propia dentro de la escena local. El grupo atraviesa un momento de expansión con la grabación de su primer disco, dividido en dos partes.
“Empezamos a darle forma, y hoy en día, después de no tanto tiempo, poder ver esto, poder estar grabando, que las canciones empiecen a escucharse… creo que ahora sí los vi volar”, expresó.

Y anticipó que se viene un material discográfico. “El disco va a salir en dos partes. La primera se llama ‘El despegue’, y es desde dónde nace ese pichón y qué es lo primero que busca cuando intenta volar. En todo ese caos nos fuimos encontrando como banda, y empezamos a sentirnos Pichón de Bardo. Es un proceso, no algo inmediato, es algo que se construye”, explicó.
La presentación del tema en el programa radial y su posterior llegada al ring marcaron dos instantes distintos de un mismo recorrido: uno en el plano cultural, otro en el deportivo, pero ambos atravesados por la misma ciudad. Concordia no solo como escenario, sino como punto de encuentro entre lenguajes que a veces parecen separados, pero que conviven en los mismos espacios, en las mismas personas, en las mismas historias.

Dos historias, una misma noche
Lo ocurrido en el Gigante Verde no se limita a una victoria en los papeles ni a una canción en una entrada al ring. Lo que quedó fue una escena más amplia, casi simbólica, donde el deporte y la música dejaron de ser mundos paralelos para tocarse en un punto concreto.

Un boxeador entrando con una canción local que habla de cambiarlo todo en tres minutos. Una banda que atraviesa su propio proceso de despegue mientras suena por primera vez en un medio. Una ciudad que acompaña ambas cosas sin necesidad de explicarlas demasiado.

Porque en el fondo, tanto arriba del ring como arriba de un escenario o dentro de un estudio, la lógica parece ser la misma: resistir, insistir, y volver a intentarlo. “Un round más”, dice la canción. Y esa noche, en Concordia, no fue solo una frase. Fue una forma de estar en el mundo.









