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Ironman

Mateo ante la exigencia de Niza

El concordiense Mateo Orlandini completó el Ironman 70.3 en Francia con un tiempo de 6:13:14 y compartió una experiencia marcada por la dureza del ciclismo y el calor.

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Mateo Orlandini llegó a Niza con meses de preparación, pero encontró una carrera que lo exigió más de lo que había imaginado. Las largas subidas, los descensos que obligaban a extremar los cuidados y el desgaste acumulado bajo el sol hicieron de su participación un desafío que fue mucho más allá de completar una distancia. Para el entrerriano, que compitió en la categoría de 55 a 59 años, cruzar la meta tuvo un valor especial.

“Fue una experiencia extrema. Nunca me imaginé que sería tan dura”, contó en diálogo con 3200, el código del deporte. Su balance reúne la satisfacción de haber terminado y una mirada crítica sobre las dificultades de afrontar un circuito cuyas condiciones resultan difíciles de reproducir en sus entrenamientos habituales.

Del Mediterráneo a la montaña

Ubicada en la Costa Azul francesa, Niza ofrece un escenario singular para el triatlón: la competencia une la natación en el mar Mediterráneo con un recorrido de ciclismo hacia el interior montañoso y una media maratón junto a la costa, sobre la Promenade des Anglais. El ascenso al Col de Vence es uno de los puntos que explican la exigencia de su trazado.

La modalidad 70.3 debe su nombre a la distancia total expresada en millas: alrededor de 113 kilómetros entre natación, ciclismo y carrera a pie. Sin embargo, en el relato de Orlandini, las características del terreno tuvieron tanto peso como los kilómetros.

El comienzo en el Mediterráneo le permitió sostener un ritmo parejo durante los 1,9 kilómetros de natación, que realizó sin traje de neopreno. La mayor dificultad apareció al subir a la bicicleta: los ascensos prolongados consumieron sus reservas, mientras que las bajadas requirieron una atención constante para evitar caídas.

“Ahora sé lo que es un puerto en las vueltas de ciclismo: muy duro tanto para subir como para bajar”, describió. Incluso encontró espacio para el humor al recordar cuánto debió utilizar los frenos: “Seguro que tengo que cambiar las pastillas”.

El desgaste hasta la meta

La etapa de ciclismo condicionó el resto de su carrera. Orlandini explicó que allí gastó buena parte de lo que tenía para dar y que los descensos estuvieron entre los momentos que peor atravesó. La necesidad de bajar con precaución agregó tensión a un esfuerzo físico que ya era considerable.

Después llegaron los 21,1 kilómetros de pedestrismo. El recorrido llano junto al mar no significó alivio suficiente: el calor y el sol fuerte lo castigaron durante el tramo final. Con ese desgaste acumulado, completar la prueba se convirtió en lo más importante de la jornada.

Su evaluación también puso en palabras una búsqueda que acompaña su vínculo con el deporte. “Con los años uno busca carreras que las pueda sufrir y disfrutar al mismo tiempo, aunque parezca loco. Pero esta se sufrió mucho, mucho”, expresó.

Lo que dejó la experiencia

Niza le dejó una reflexión concreta sobre la elección de sus próximos desafíos. Para Orlandini, afrontar terrenos que no tiene dónde entrenar implica dificultades y riesgos que deben considerarse al momento de definir una competencia. Haber llegado no le impidió reconocer que la experiencia estuvo lejos de ese equilibrio entre esfuerzo y disfrute que busca en el triatlón.

Esa conclusión tampoco le quitó las ganas de continuar. Con la mirada puesta en un verano con varias carreras, Mateo regresó con nuevos aprendizajes para decidir dónde volver a ponerse a prueba. “Las ganas están intactas para seguir por nuevos objetivos”, aseguró.