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Miércoles curioso

Rézola y Cairó, los abanderados de una Argentina que vuelve a competir en casa

Portarán la bandera nacional en la ceremonia inaugural de los XIII Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.

Delfina Cabral

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Hay reconocimientos que llegan después de años de esfuerzo, y otros que aparecen en el momento exacto en que una carrera deportiva parece alcanzar una de sus cimas. Para Rubén Rézola y Sofía Cairó, ser elegidos como abanderados de la delegación argentina reúne ambas cosas.

El palista santafesino y la jugadora de Las Leonas fueron designados por el Comité Olímpico Argentino para llevar la bandera nacional durante la ceremonia inaugural de los Juegos Suramericanos, que se realizará el 12 de septiembre en el Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario.

Argentina llegará a la competencia con una de las delegaciones más numerosas: 658 atletas, 346 varones y 312 mujeres, participarán en 59 disciplinas. Los Juegos se desarrollarán entre el 12 y el 26 de septiembre en Rosario, Santa Fe y Rafaela, con más de 4.000 deportistas provenientes de 15 países.

La experiencia de Rubén Rézola

Para Rubén Rézola, la elección tiene un significado especial. Nacido en Santa Fe capital, el palista construyó durante más de una década una carrera marcada por la perseverancia, los Juegos Olímpicos y las grandes competencias internacionales.

Participó en Londres 2012, Río 2016 y Tokio 2020. En sus primeros Juegos Olímpicos, consiguió un diploma olímpico al finalizar quinto en la prueba K2 200 metros junto a Miguel Correa. También consiguió tres medallas panamericanas: plata en Guadalajara 2011, oro en Toronto 2015 y bronce en Lima 2019.

Pero detrás de esos resultados hay una historia que comenzó mucho antes de los podios. De chico practicaba natación hasta que, a los diez años, vio una competencia de canotaje por televisión. Aquella imagen terminó marcando el camino de un deportista que comenzó a entrenarse en el club El Quillá.

Sin embargo, el comienzo estuvo lejos de ser perfecto. En su primer entrenamiento se dio vuelta en la piragua y cayó al agua antes de cumplir 20 minutos. En su primera competencia le ocurrió algo similar y terminó frustrado. Con el tiempo llegaron los campeonatos provinciales, la convocatoria al seleccionado nacional a los 14 años y la decisión de dejar la escuela para dedicarse de lleno al entrenamiento.

A los 18 años participó en los Juegos Odesur de 2010 y consiguió cinco medallas. Un año después llegó su primera medalla panamericana. Desde entonces, su carrera quedó ligada al ciclo olímpico y a una exigencia que todavía mantiene.

Rézola entrena entre seis y ocho horas por día, todos los días. El frío, el calor y la lluvia no modifican una rutina que hace años sostiene, porque aún su mayor sueño continúa intacto: conseguir una medalla olímpica.

La bandera argentina que llevará en Rosario será, entonces, otro reconocimiento a una carrera construida entre sacrificios, frustraciones y perseverancia.

El presente de Sofía Cairó

Del otro lado estará Sofía Cairó, una de las figuras de Las Leonas y una de las grandes protagonistas del hockey argentino en 2026.

A sus 23 años, Cairó llega a los Juegos Suramericanos después de un año inolvidable. Fue campeona del mundo con la Selección Argentina y tuvo un papel importante en la final ante Países Bajos, donde convirtió el penal definitivo que le dio a Las Leonas un nuevo título mundial.

Pero su historia tampoco comenzó en los grandes escenarios. Cairó empezó a jugar al hockey a los seis años en el Club Mariano Moreno, una institución del conurbano bonaerense a la que todavía representa. Allí debutó en Primera División con apenas 16 años, cuando el club competía en Primera D.

Ese vínculo se mantiene incluso después de haber llegado a la elite internacional. Una semana después de consagrarse campeona del mundo, tras días de entrevistas y homenajes, volvió a ponerse la camiseta de Mariano Moreno y disputó un partido con el club. Incluso marcó uno de los goles en la victoria frente a Hindú.

Su relación con la institución también es familiar. Su abuelo fue presidente del club, sus tíos jugaron y fueron entrenadores, su madre fue capitana del equipo de hockey durante 25 años y su padre jugó al rugby. Para Cairó, Mariano Moreno es mucho más que el lugar donde empezó a jugar, es parte de su identidad.

El recorrido hasta Las Leonas comenzó en 2019, cuando Fernando Ferrara la observó durante una final del torneo nacional Sub-18 y decidió convocarla a la selección juvenil. Desde entonces, su crecimiento fue sostenido: Mundial juvenil, selección mayor, Juegos Panamericanos de Santiago 2023, Juegos Olímpicos de París 2024 y, finalmente, el título mundial de 2026.

En París fue protagonista de otro momento decisivo: convirtió el penal que permitió a Las Leonas vencer a Bélgica y quedarse con la medalla de bronce. Dos años después, volvió a aparecer en el momento determinante para darle a la Argentina un nuevo título mundial.

Dos caminos, una misma bandera

La elección de Rézola y Cairó no fue casual. Las federaciones deportivas nacionales postularon a sus candidatos y la Comisión de Atletas del COA evaluó sus antecedentes, méritos y trayectorias antes de elevar la propuesta a la Mesa Directiva, que finalmente aprobó la designación. Desde el Comité destacaron que ambos representan “excelencia deportiva, compromiso y sentido de pertenencia”.

En ellos también conviven dos formas de entender el deporte argentino.

Rézola representa la experiencia de quien lleva años persiguiendo una meta olímpica y aprendiendo de cada competencia. Cairó encarna el presente de una generación que llegó a la cima sin desprenderse de sus raíces.

Uno nació deportivamente a orillas del agua, en Santa Fe. La otra creció en una cancha de arena de un club del oeste bonaerense. Ambos llegaron a vestir la camiseta argentina en los escenarios más importantes del mundo y ahora les tocará caminar juntos, detrás de una misma bandera.

El 12 de septiembre, en el Monumento Nacional a la Bandera, Rézola y Cairó serán quienes encabecen a los 658 atletas argentinos que buscarán dejar su huella en los Juegos Suramericanos. Para ellos, llevar la bandera no será solamente abrir una ceremonia: será representar todas las horas de entrenamiento, los clubes que los formaron, las derrotas que los hicieron crecer y las personas que estuvieron detrás de cada triunfo.

Una bandera para dos historias. Y dos historias que, de alguna manera, cuentan también la trayectoria del deporte argentino.