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Fútbol

Del barrio Gerardo Yoya a Unión de Santa Fe

El concordiense Francisco Laffitte llegó a AFA de Unión de Santa Fe después de un camino marcado por esfuerzo y perseverancia.

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Francisco Laffitte tenía apenas cuatro años cuando empezó a jugar al fútbol en el Club Unión, en el barrio Gerardo Yoya de Concordia. Era chico, pero ya tenía una certeza que con el tiempo se convertiría en el motor de su vida ya que quería ser futbolista. La pelota apareció temprano y, detrás de ella, también llegaron los primeros aprendizajes. En aquel club de barrio no solamente comenzó a formarse como jugador, sino que incorporó valores que todavía hoy considera fundamentales: el compañerismo, el respeto y el compromiso con una camiseta.

“Desde muy chico soy un amante del fútbol y siempre tuve muy claro qué era lo que quería. Empecé a jugar a los cuatro años en el Club Unión, el club de mi barrio, donde aprendí mis primeros valores como jugador: el compañerismo, el respeto y, sobre todo, a defender los colores de una camiseta dejando todo dentro de la cancha”, recuerda Francisco en la entrevista con 3200, el código del deporte.

Durante su etapa en inferiores tuvo como entrenador a Julio Tallone, quien junto a su familia acompañó al grupo de chicos en distintas experiencias y viajes por la provincia. Para Francisco, esos años fueron mucho más que entrenamientos y partidos. Fueron una etapa de formación en la que comenzó a entender que el fútbol también implicaba esfuerzo, disciplina, convivencia y aprendizaje fuera de la cancha.

Entre pruebas y oportunidades

La primera gran prueba llegó cuando tenía apenas 5 años. El joven tuvo la posibilidad de probarse en Boca Juniors, una oportunidad enorme para cualquier niño que soñaba con ser futbolista. Sin embargo, aquella experiencia terminó con un rechazo ya que no quedó seleccionado porque todavía era demasiado chico.

Lejos de abandonar, continuó entrenando y buscando nuevas oportunidades. A los 8 años fue seleccionado en Huracán y dos años más tarde tuvo su revancha con Boca. Esta vez la historia fue diferente. Con 10 años logró superar todas las pruebas realizadas en Ezeiza y quedó seleccionado.

Durante aquella etapa tuvo la posibilidad de aprender y compartir experiencias relacionadas con figuras como Norberto Madurga y Antonio Barijho. También conoció a Nahuel Benítez, ex jugador profesional y actual presidente de Real Concordia que tuvo un papel importante en su formación y lo ayudó a crecer especialmente en los aspectos tácticos y futbolísticos. Otro nombre que Francisco destaca en su recorrido es el de Gabriel Milera, uno de los entrenadores y profesores que más huella dejó en su formación.

“Tuve la suerte de conocer a uno de los mejores técnicos y profesores que me acompañaron en este camino, Gabriel Milera. Él me enseñó que todo se consigue con disciplina, perseverancia y trabajo. Son cosas que fui aprendiendo a lo largo de los años y que hoy trato de aplicar en cada oportunidad que tengo”, sostiene.

A los 11 años apareció una nueva oportunidad. Fue seleccionado por Argentinos Juniors, aunque finalmente terminó incorporándose a AFA de Estudiantes de La Plata. Allí permaneció durante tres años, en una etapa que recuerda como una de las más exigentes de su formación.

Estar lejos de Concordia, adaptarse a una nueva estructura y sostener el ritmo de un club profesional implicaba mucho más que jugar al fútbol. Había que asumir responsabilidades, competir por un lugar y aprender a convivir con la exigencia. Francisco define ese período como una etapa “muy dura, con muchos sacrificios, pero al mismo tiempo hermosa”.

Volver a empezar

A los 15 años regresó a Concordia y continuó su formación en Real Concordia. Allí tuvo la posibilidad de jugar en Primera División bajo la conducción de Gabriel Milera. El regreso a su ciudad no significó abandonar su objetivo. Por el contrario, continuó entrenando y compitiendo mientras esperaba una nueva oportunidad.

Foto: El Deportivo

Y esa oportunidad llegó nuevamente desde Buenos Aires. Esta vez fue San Lorenzo de Almagro. Francisco llegó a firmar en AFA, pero por razones familiares tuvo que regresar una vez más a Concordia. Otra vez tuvo que empezar de nuevo. Volvió a jugar en Primera en Real Concordia y siguió trabajando para no alejarse de su sueño. Cada regreso podía parecer el final de una etapa, pero para él nunca significó abandonar el objetivo.

“Siempre digo que la vida me prepara y que Dios me va bendiciendo con nuevas oportunidades. Hubo momentos en los que tuve que volver a Concordia y empezar otra vez, pero nunca pensé en abandonar. Siempre traté de seguir trabajando, de seguir entrenando y de esperar la próxima oportunidad”, contó.

Una nueva oportunidad en Santa Fe

Después de su regreso a Real Concordia, apareció una nueva posibilidad. Esta vez fue Unión de Santa Fe. El camino hacia el club santafesino volvió a estar acompañado por personas importantes para él: Nahuel Benítez y Ulises Ruiz Díaz.

Ruiz Díaz, además, se convirtió en su representante y en una persona fundamental durante este nuevo proceso. Francisco reconoce especialmente su acompañamiento y el de todos aquellos que, a lo largo de los años, estuvieron cerca cuando las cosas no resultaron como esperaba.

“Tuve la posibilidad de probarme en Unión de Santa Fe. A este club me llevaron nuevamente Nahuel y Ulises, quien hoy es mi representante y una persona que siempre está para ayudarme. Sin él, seguramente no estaría hoy acá. Hay muchas personas que fueron apareciendo durante mi camino y que me dieron una mano para poder seguir adelante”, destacó.

Hoy, aquel chico que comenzó a jugar al fútbol a los cuatro años en el club de su barrio es jugador de AFA de Unión de Santa Fe, una institución que Francisco define como “un gran club y, sobre todo, una gran familia”.

Su recorrido estuvo marcado por pruebas, rechazos, sacrificios y regresos. Tuvo que dejar lugares, volver a Concordia y empezar otra vez. Sin embargo, nunca dejó de trabajar ni de creer que podía encontrar una nueva oportunidad.

“Todo este camino tuvo momentos difíciles, rechazos, sacrificios y muchas veces tuve que volver a empezar. Pero nunca dejé de creer en mi sueño. Si algo aprendí durante todos estos años es que, con disciplina, perseverancia, trabajo y nunca dejando de creer, las oportunidades llegan”, afirmó en la entrevista.

Desde aquel primer entrenamiento en Unión de Concordia hasta su presente en Unión de Santa Fe, Francisco sigue construyendo su historia. El sueño es el mismo que tenía de niño que era llegar cada vez más lejos en el fútbol. La diferencia es que ahora lo persigue con años de experiencia, aprendizajes y una certeza que lo acompañó desde el principio: nunca dejar de intentarlo.