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Un Scaloni más

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Se subió a la fase de octavos de final, jugándolo precisamente como el segundo componente de esa instancia. Sí, Argentina volvió a jugar su FINAL anticipada, su partido a modo de definición. Tuvo paciencia, convicción para aplicar un plan y tozudez para romper la muralla que, a fuerza de atajadas, había construido el bueno de Szczęsny.

¿Qué digo bueno? Es buenísimo el arquero polaco, el bastión de un seleccionado olvidable. Se empecinó en atajar cuanto pudo, especialmente tuvo su duelo personal con Messi. Y le ganó, no sólo en el penal. Será la historia que el de Juventus le contará a sus nietos, si es que tiene o a quién quiera, después de todo.

Pero el protagonista fue otro, si me permiten. Es Lionel, como en la publicidad de la casa de electrodomésticos. Sí, el menos nombrado de los dos. No quedará su paso por Qatar 2022, sólo por el detalle estadístico de ser el DT más joven, sino por sus aciertos que no son azarosos, sino demostraciones reiteradas de la buena lectura previa, del trabajo del equipo detrás del equipo.

Scaloni construyó un equipo. No es Argentina una suma de voluntades disociadas entre sí, autónomas o simples individualidades. Es un equipo que juega a nivel de selecciones. Se nota cuando entra uno y lo hace mejor que el que estaba y así en continuado. Se nota en la repentización para ir y volver a ir, sin apuro y sin pausa. Se nota, por último, que los nuevos llegan y refuerzan, potencian, lo que ya estaba (que eran campeones de América y de la Finalísima).

Y Scaloni volvió a mostrar credenciales de entrenador total. Movió piezas, siempre dando piernas frescas, rápidas y llenas de plenitud. De atrás para adelante: “Cuti” volvió para ganar de arriba cuando lo necesitó, pese a que Lisandro le daba más juego y había cumplido con México. Claro, delante entró Enzo y entonces la salida que no había dado el entrerriano sí la daba Fernández.

El autor del segundo gol ante el “Tri” pagó la confianza con intentar siempre (disparo de afuera incluido en el primer tiempo), pese a algunas pérdidas, y hasta sumar una asistencia. Además, volvió a poner a Molina, que tuvo un correctísimo partido, con asistencia incluida. Mc Allister ratificó su titularidad, ganada en el segundo encuentro, y lo pagó con el gol del alivio inicial.

Por último, lo de Julián Álvarez fue ambicioso, pujante e incansable. Marcó cuando se lo necesitó, la buscó cuando sus compañeros la tenían, intentó y tuvo su premio con un golazo. Lautaro no había desentonado, pero tampoco estaba preciso, y Scaloni puso al que empujaba desde el banco. El resultado fue inmediato.

En síntesis, Messi jugó como siempre, Di María también pero no fueron los que determinaron el resultado. Otro mérito enorme del cuerpo técnico. Hay plan de juego, con piezas intercambiables que ofrecen soluciones según el contexto y sin dependencia plena de sus astros.

El camino es largo, no se jugaron ni la mitad de los partidos si la pretensión es llegar a 7. A seguir apoyando, confiando como pidió el capitán tras la derrota inicial. La “Ilusión Argentina de Fútbol”, parafraseando a De Paoli, es competitiva, positiva y eso se disfruta.

Nací, crecí, vivo y amo en Concordia. Con Luciana tenemos 3 hijos, tan apasionados del deporte como su padre. A veces, me disculpo por eso. Es demasiado. Hay clubes y escuelas que me marcaron, soy una parte de cada uno de ellos pero especialmente de Jorge y Susana, mis padres. Alejandro es mi hermano menor. Suelen confundirnos en la calle. Estamos acostumbrados y saludamos por igual. Casi no tengo recuerdos de años en los que no estuve en una institución educativa. Desde los 3 fui a jugar, estudiar y finalmente a trabajar en alguna de ellas. Escribir es la mejor e imperfecta forma que tengo para expresarme. Unir esto último con las escuelas es el desafío de esta columna.

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