Fútbol
Cruzando el puente
Entre dos orillas y un mismo pulso, el viaje de Tomás Kolln transforma cada cruce del puente en fútbol vivo.
Cada día, el trayecto se repite. Desde Concordia hacia Salto, el camino obliga a cruzar el Puente Represa Hidroeléctrica Salto Grande. No es solo un paso geográfico, sino que es una transición. De un país a otro, de una rutina a otra, de una etapa a la siguiente. En ese cruce cotidiano, Tomás Kolln va dejando algo atrás y tomando impulso hacia lo que viene. Su llegada al Club Atlético Universitario de Salto no se explica solo en una decisión deportiva, sino en una suma de señales que terminaron por alinearse.

La recomendación de Nahuel Benítez (presidente de Real Concordia), el interés inmediato del técnico Alejandro Irigoyen fue la oportunidad concreta. Pero también —y, sobre todo— un momento personal que pedía movimiento. Así empezó este nuevo capítulo, con la naturalidad de lo que encuentra su lugar.

El peso de la orilla elegida
Universitario lo recibió con una exigencia clara: competir para ganar. Un equipo campeón, armado, con una identidad ya establecida. “Me encontré con un grupo muy competitivo, con una línea de trabajo marcada y la obligación constante de ganar”, reconoce el futbolista en el inicio de la nota con 3200, el código del deporte.

Después de aportar su granito de arena en el Club Defensores del barrio Nebel, donde disputó varios torneos tras su regreso al fútbol, hoy decide emprender este nuevo desafío. Sobre ese momento de su carrera, afirma: “Se alinearon varias cosas. Es una edad ideal y un momento de vida tranquilo, con más experiencia”, dejando entrever que el cambio no lo tomó desprevenido, sino preparado.

Pero antes de su paso por Nebel, hubo una pausa real: Tomás había dejado el fútbol. Un parate que marcó un antes y un después en su recorrido. “Lo más difícil fue el reacondicionamiento físico, volver a tomar ritmo”, admitió. No hubo un punto exacto de quiebre, ninguna escena definitiva. “El fútbol siempre estuvo ahí. Cuando lo sentí, tomé la decisión de volver”, explicó, como si el retorno hubiera sido menos un acto y más una certeza.
Ese proceso dejó marcas que hoy se transforman en aprendizaje. “Aprendí a disfrutar más el día a día, a valorar el vestuario, a entender que el fútbol y la vida son momentos”, expresó. Y en esa idea aparece una forma distinta de habitar el juego: menos ansiedad, más conciencia.
Ordenar la vida, sostener el juego
Fuera de la cancha, la vida también impone su propio ritmo. La empresa familiar aparece como otro frente que exige orden. “Se trata de organización y responsabilidad, de entender los tiempos de cada cosa”, manifiesto. No hay choque entre mundos, sino convivencia. Como si todo se ordenara alrededor de una misma lógica: la de no perder el eje. A través de ese objetivo, va.

Cruzar el puente ya no es solo una rutina. Es una imagen que resume todo: el movimiento, la decisión, el tránsito constante entre lo que fue y lo que está siendo. En cada ida y vuelta hay algo más que kilómetros: hay una historia que se sigue escribiendo.

Los objetivos están claros, aunque no necesiten estridencias. Competir, disfrutar, terminar el año con la tranquilidad de haber dado todo. Y, si el camino lo permite, sumar otra estrella con Universitario. Pero más allá de los resultados, hay algo que ya está en marcha. Kolln no solo cambió de club, sino que cruzó el puente en serio. Y del otro lado, más que un destino, encontró una forma distinta de habitar el fútbol.









