Atletismo
Un camino de confianza y resiliencia
De la mano de su amigo y entrenador, María José, transforma cada kilómetro en un mensaje de superación.
Una pasión que encontró un freno inesperado
María José Calgaro tiene 42 años, es mamá, profesora de Física y Química, corredora por pasión y ejemplo de resiliencia. Comenzó a correr en 2021, cuando decidió empezar a hacer algún deporte y encontró en el running una actividad que la motivó. Con el tiempo fue sumando kilómetros, desafíos y confianza, hasta que a fines de 2023, por motivos de salud, tuvo que dejar.
Una enfermedad degenerativa progresiva fue reduciendo su campo visual con el paso del tiempo y, tras varias operaciones, en abril del año pasado llegó la última intervención. El resultado fue un cambio drástico: hoy su visión es apenas como mirar “por la rendija donde se pone la llave”, según sus propias palabras. “De noche, la oscuridad es total”, confesó.
“Pensé que no iba a volver a correr más”, expresó. El miedo a caerse, a no sentir dónde pisa, a depender completamente de otra persona la paralizaba.
Volver a empezar, de la mano de un amigo
Un encuentro con su amigo Jorge “Fito” Maffeis, profesor jubilado y apasionado del deporte, fue el punto de partida para volver a creer. Hoy es su entrenador y su guía. En cada entrenamiento, ambos se atan con un lazo en la muñeca y avanzan al mismo ritmo, sincronizando zancadas y braceos.

“La primera tarde fue rara, llena de preguntas. ¿Cómo nos íbamos a comunicar? ¿Cómo iba a hacer para guiarla bien? Había nervios e inquietud, pero las ganas de correr superaron todo. Cada zancada fue espectacular, conectamos muy bien”, expresó Fito.
Para María José, la clave es la confianza absoluta: “Dependo cien por ciento de él. Tenés que entregar esa confianza porque esa persona te está llevando”.
Luego de retomar los entrenamientos en enero de este año, decidieron participar el próximo domingo en una nueva edición de la Maratón de la Mujer sobre una distancia de 5 kilómetros. Para María José no será solo una carrera, sino la confirmación de que siempre se puede volver a empezar.
El vínculo entre ellos nació en la docencia, ámbito en el que compartieron años y valores. Con el tiempo, esa relación profesional se transformó en una amistad genuina, atravesada por el compromiso, la empatía y el amor por el deporte. Hoy los une algo todavía más fuerte: la confianza plena
Más que un desafío físico
Cada día es un reto. No todos son iguales. Hay jornadas en las que el ánimo pesa más que el cuerpo. Pero la energía y la positividad de Fito funcionan como un motor invisible: “Hace que la cabeza haga un chip, que conectemos y avancemos” sostuvo.

El desafío no es solo deportivo. También es social. “Hay que resignificar lo que es ser mujer en estas condiciones. Muchas veces a la discapacidad se la deja de lado. Cuando uno encuentra a alguien que te acompaña y respeta tus tiempos, eso es súper valioso. Debería haber más personas como Fito”, comentó.
Correr para inspirar
Fito no oculta la emoción: “Siento mucha felicidad al verla correr. Es un ejemplo para su hijo, para todos. No es fácil, pero no es imposible. Ella tiene disciplina, constancia y una voluntad enorme”.
Este domingo, cuando se largue la prueba, no solo estarán recorriendo 5 kilómetros. Estarán desafiando límites, prejuicios y miedos. Estarán demostrando que el deporte es mucho más que una competencia: es confianza, es compañía, es creer.
María José deja un mensaje claro: “Todo es posible. Es paso a paso, día a día. Hay que tener constancia y voluntad. Todo se puede”, concluyó.
Y ella, atada a ese lazo que simboliza amistad y esperanza, ya lo está demostrando en cada zancada.









