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Básquet

Enamorado del Verde

Eduardo “Tucu” Gamboa, ex jugador de Estudiantes de Concordia, reflexiona sobre su carrera, su retiro y sus proyectos como entrenador.

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Hay entrevistas que informan. Otras que emocionan. Y luego están aquellas que se convierten en documento, memoria viva de una historia que no puede olvidarse. La que sigue pertenece a esa última categoría.

Eduardo Gamboa no hablaba desde su retiro. Eligió el silencio, la vida familiar, el mate en la vereda de Bragado, los desayunos con sus hijos. Pero en esta charla con 3200, el código del deporte se abrió por completo. Lo que apareció no fue solo el relato de un jugador; fue la historia de un hombre que dejó una huella en el “Verde” en sus tres temporadas vistiendo la camiseta, y en toda una generación simpatizantes. Un lindo amor.

Cuando se le pregunta por los recuerdos de su etapa en Estudiantes, no duda. No empieza por los títulos ni por los partidos decisivos; empieza por su hijo Gael que nació en Concordia el mismo año en que el club ascendió al TNA. La vida y el básquet se alinearon: la paternidad y la gloria deportiva coincidieron en un mismo calendario. “Fue un antes y un después”, dijo al comenzar la entrevista.

Ese ascenso no fue solo un logro deportivo, sino que fue identitario, tanto para el club como para él. Al año siguiente debutó en la Liga Nacional, compitiendo frente a jugadores que solo había visto por televisión, como Paolo Quinteros, Leonardo Gutiérrez y Facundo Campazzo. Ahí, comenzó una nueva era.

Gamboa jugó en clubes como La Unión de Formosa, Boca Juniors, Atenas de Córdoba, San Lorenzo de Almagro y Estudiantes de Concordia. También, visitó las camisetas de los equipos argentinos como: Deportivo Madryn, Ciudad de Bragado, Oberá Tenis Club, Tucumán BB, Alberdi de Tucumán, Atlético Pilar y Belgrano de Tucumán.  Además, jugó en Uruguay para Miramar, Capitol y Urunday Universitario y en Bolivia para La Salle de Tarija y Pichincha.

Goleador histórico

Ser goleador histórico de Estudiantes es solo una parte del legado de Gamboa. Su verdadero impacto se mide en la conexión que logró con la gente, en la manera en que representó la camiseta y en cómo convirtió a Concordia en su hogar. Su hija Morena aún recuerda escenas de aquellos años, y la familia entera construyó recuerdos que hoy son intocables. “Vamos a volver”, afirmó, no como promesa, sino como deseo íntimo. Para el “Tucu”, Estudiantes fue más que un club: fue un espacio donde creció, maduró y entendió que competir no significa solo ganar, sino también construir carácter.

Más allá de los números y los títulos, Gamboa aprendió lecciones que van mucho más allá de la cancha. “El básquet te enseña a caerte y levantarte, a convivir con la presión, a confiar en otros”, mencionó. Además, recordó los vestuarios, los viajes, las charlas que quedan grabadas en la memoria para siempre. A los 41 años, entiende que perder es solo una consecuencia y que lo importante es el camino, la disciplina y la humildad que se construyen durante años de esfuerzo constante.

El retiro elegido

Su retiro no fue por lesiones ni por falta de ofertas, sino que fue una decisión familiar. Durante sus últimos años como jugador, viajaba solo mientras su familia estaba en Bragado. Morena y Gael crecían y él sentía que se estaba perdiendo momentos irremplazables. Tomó la decisión consciente de dejar de jugar para estar presente, devolver el tiempo que su familia había sacrificado por su carrera. Hoy disfruta desayunos con sus hijos, charlas sin relojes ni prisas, paseos tranquilos. Extraña la adrenalina del partido, pero no se arrepiente.

Un nuevo camino: entrenador en formación

El básquet, sin embargo, no se fue de su vida. Solo cambió de lugar. En Bragado, comenzó su camino como entrenador en formación, trabajando con las categorías U11 y U13, estudiando, leyendo, preguntando, observando. Su objetivo es claro y es el de dirigir profesionalmente, pero entendiendo que hay que empezar desde abajo. Ha aprendido que el rol de entrenador es distinto al de jugador: requiere paciencia, escucha, conocimiento táctico y, sobre todo, acompañamiento humano. Hoy se concentra en transmitir tranquilidad, confianza y herramientas no solo técnicas, sino también emocionales a los chicos que entrena.

A los jóvenes que empiezan en el básquet, Gamboa les deja un mensaje simple pero profundo: soñar todos los días, trabajar incluso cuando no hay ganas, ser constantes en los momentos difíciles y tener paciencia en una época que parece no tenerla. Él comenzó desde categorías menores, subió escalón por escalón: Liga C, Liga B (hoy Federal), TNA, Liga Nacional. Todo se construyó con esfuerzo, paso a paso. “Todos los sueños se cumplen. Es cuestión de trabajo”, afirmó. No lo dice como frase motivacional, lo dice desde la experiencia.

El legado que queda

Hoy, el ruido de la competencia quedó atrás. Las estadísticas ya no se mueven. Pero el legado de Eduardo “Tucu” Gamboa en Estudiantes de Concordia permanece intacto. No solo por ser el máximo anotador histórico, sino por ser parte de una etapa que redefinió al club y lo instaló en la elite del básquet argentino.

Ahora el Tucu vive en Bragado, más tranquilo, más presente. El goleador cerró su historia; el entrenador recién empieza la suya. Y Concordia, esa ciudad que lo vio ascender y convertirse en símbolo, sabe que algunas camisetas no se guardan en un cajón: se quedan para siempre en la memoria.