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Fútbol

En La Bianca, Matías Cabral cumple el sueño de dirigir en Primera

Asumió como DT con una idea clara: “competir sin dejar de disfrutar”.

Delfina Cabral

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En La Bianca no se trata solo de fútbol. Se trata de barrio, de pertenencia, de ese murmullo que empieza temprano y se vuelve grito cuando la pelota rueda. En la “ciudad satélite” de Concordia, donde cada partido es un ritual compartido, un nuevo entrenador llegó con una idea clara: “Antes que ganar, hay que sentir. A todos nos gusta ser campeón, pero también es importante que disfruten el día a día”.

Un nuevo camino Tricolor

“Acá en Concordia estuve en Salto Grande, en Libertad, en Olimpo y Club Sombra. No estuve en otro lugar”, cuenta Matías Cabral. La Bianca, hasta hace poco, era un rival más. Un nombre conocido, sí, pero visto desde afuera. “Uno lo conoce porque lo ha enfrentado, pero nunca lo viví internamente”.

Y vivirlo cambia todo por completo. El desafío lo encontró casi sin buscarlo. Llegó como preparador físico para acompañar a Silvio Naser, pero semanas después la oportunidad golpeó la puerta: hacerse cargo de la primera división.

No dudó demasiado porque, aunque el camino lo había preparado desde abajo en la formación de inferiores y el aprendizaje constante, había un deseo latente que era dirigir en Primera.

“Me gusta leer sobre todo lo que rodea al fútbol y al jugador, capacitarme, poder entender y conocer el juego y al deportista propiamente dicho. Si me das a elegir prefiero ser el entrenador”, dice con seguridad Matías. Una frase donde se encuentra más vocación que ambición.

En tiempos donde el resultado parece ser lo principal, su mirada va en otra dirección. No desconoce la presión de “hoy todos quieren ganar”, pero intenta correrse a un lado para construir algo más profundo. “Trato de ser yo quien tenga esa presión y que los chicos jueguen, porque esto es un juego que si no lo disfrutas, cuesta el doble”, explicó el actual entrenador del “Tricolor”.

Sabe que el fútbol es exigente, que hay contextos que aprietan, que el entorno muchas veces empuja, pero también entiende que el disfrute puede ser una forma de resistencia, una manera de sostenerse cuando los resultados no acompañan.

La Bianca, acostumbrada a pelear arriba como lo hizo en el torneo del año pasado cuando disputó hasta el final con Nébel, convive con esa expectativa permanente y él lo asume como parte del desafío. Aclaró que sabe dónde está parado y lo toma como algo personal y profesional a la vez, “algo lindo para crecer”.

El “libro” de cada entrenador

Algo que sin dudas lo define es el vínculo que genera con los demás. La forma de llegar al jugador, de entender que no todos son iguales y buscar el trato adecuado, o “personalizado”, para cada uno.

“A uno tenés que hablarle fuerte, a otro abrazarlo, a otro mimarlo. Cada uno necesita algo distinto”, en esa lectura del grupo aparece su identidad: la de formador. Para Cabral, el fútbol no se determina sólo en lo táctico, en lo técnico o en lo físico, “va todo asociado a la parte humana y hay valores que deben que estar presentes si o si”.

Quizás por eso, cuando habla de logros no menciona títulos ni estadísticas, sino que habla de personas. Recuerda a aquellos chicos que llegaron al fútbol profesional como Eric Ramírez, Leo Godoy, Germán Guiffrey, Lucas Robertone o Marcos Senesi, pero se detiene especialmente en los demás, en los que no llegaron a la élite, los que hoy estudian o trabajan y lo saludan en la calle, lo invitan a tomar un mate y aún lo llaman “profe”. “Ese es el gran premio”, asegura.

También recuerda a quien encendió su “llama”. La pasión por el fútbol es algo de hace años, desde que era un niño, pero en el camino se encontró con personas que hicieron crecer ese sentimiento. Una de ellas fue Víctor Bernay, actual director técnico de Nacional de Paraguay, quien en su momento estuvo en el Club Salto Grande junto a Rubén Cortiana.

“Sentía el gusto por la actividad que hacía, pero al tener ese tipo de personas también me despertó mucho la curiosidad, verlos a ellos trabajar, ver cómo son como personas. Esa es la llama que hoy tengo y lo que por ahí me da fuerza para tratar de mejorar”.

Compartieron muchas charlas, vestuarios y clásicos. “Es algo que no te lo da cualquier persona”, cree firmemente el entrevistado.

Además, mencionó que en su paso por Atlético de Rafaela, en ciertas ocasiones, lograron encontrarse con Víctor, quien era parte del plantel de Tigre en ese momento. Intercambiaron ideas, charlas de fútbol, mates y risas.

El cariño que va más allá de la rivalidad

Al día siguiente de su paso por los estudios de Oíd Mortales Radio, es decir, el 12 de abril, dirigió un partido especial. Con el “Tricolor” enfrentó a Salto Grande, el club donde se formó, jugó y creció como entrenador. “Es mi segunda casa”, admite.

Pero el presente manda, hoy se encuentra en La Bianca y quiere lo mejor para los colores que le toca defender. Un sólido empate 0 a 0 culminó la siesta de ese domingo, todavía con cosas por mejorar como institución, pero satisfecho por cómo se dieron.

Abraza, respeta y agradece al club que formó su historia. Sin embargo, entiende que el fútbol, como la vida misma, es un movimiento constante. Esa misma lógica aplica a sus objetivos, nada de promesas que lo sentencien ni de campeonatos anticipados, cree que “es un torneo muy parejo” y “vamos a ir partido a partido”.

La otra cara de la moneda

En paralelo, su vida sigue como la de cualquier otra persona. Es profesor, secretario, padre y tiene su propia escuelita de fútbol (en Nébel Fútbol 5, de avenida Castro 269). Suelen ser días largos, en los que pasa poco tiempo en casa, pero cuenta con un sostén firme, su familia. Matías Cabral dice que “es un logro fundamental” con la misma convicción con la que habla de fútbol.

Cuando todo parece girar en torno a una pelota, aparece algo más, algo que explica por qué sigue, por qué insiste y por qué elige este camino: “Me gusta ayudar, estar al servicio y devolver lo que a uno le dieron”.

Un sueño por cumplir: “es poder trabajar en el nivel más alto que uno pueda llegar. Hoy es La Bianca, pero si mañana surge la oportunidad de trabajar en un club fuera de mi ciudad, poder estar preparado para ese nivel”.

En La Bianca hay alguien que cree en el juego, en las personas, en los procesos, y en un fútbol que, incluso en medio de la presión por ganar, todavía puede ser un lugar para disfrutar.