Ironman
Un IRONMAN que se corrió en familia
Alejandro Barla completó el IRONMAN 70.3 Punta del Este en una experiencia inolvidable al compartir el desafío con su hija Laura.
Hay competencias que se recuerdan por el tiempo marcado en el reloj. Otras, en cambio, quedan grabadas por lo que sucede alrededor de la carrera. Para Alejandro Barla, el IRONMAN 70.3 de Punta del Este fue mucho más que un desafío deportivo. Él lo denominó que fue una experiencia cargada de emoción al poder vivirla junto a su hija Laura y lo contó en 3200, el código del deporte.
En la costa uruguaya, donde el viento suele convertirse en un rival más del circuito, padre e hija compartieron kilómetros, nervios y sueños. En ese escenario, el deporte dejó de ser solo una prueba física para transformarse en un momento familiar que difícilmente olviden.

El IRONMAN 70.3 combina tres disciplinas y suma un total de 70.3 millas (113 kilómetros) distribuidos entre natación, ciclismo y carrera a pie. La competencia comenzó con 1,9 kilómetros de natación en aguas abiertas desde la Parada 4 de Playa Mansa hasta el Muelle Mailhos.
Luego los atletas afrontaron 90 kilómetros de ciclismo, con un recorrido que incluyó sectores de Punta Ballena, una zona exigente por sus constantes ascensos. La etapa final consistió en una media maratón de 21 kilómetros a lo largo de la rambla de Punta del Este, con llegada frente al emblemático punto de la Calle 30, donde se instaló el arco de meta.
El verdadero desafío
Para Barla, el mayor reto de una competencia de este tipo no comienza cuando se da la largada, sino mucho antes, en el proceso de preparación que demanda disciplina y constancia. “Siempre lo más desafiante para mí es llegar a la carrera de la mejor forma posible, el tiempo previo de preparación. Inscribirse es un clic y llegar a la carrera es lo desafiante”, sostuvo.

El triatleta afrontó esta edición tras dos meses de entrenamiento, con un objetivo claro que iba más allá de la marca personal. “La preparación fue de dos meses y los objetivos estaban puestos en lograr cruzar la meta corriendo contra mi propio tiempo, disfrutando hacerlo con mi hija”, indicó.
Estrategia frente al viento
El circuito de Punta del Este es reconocido por sus condiciones cambiantes y, especialmente, por el viento que suele hacerse sentir durante la etapa de ciclismo. Por eso, administrar las energías se vuelve una clave central para poder completar el recorrido.

“Siempre hay mucho viento en Punta del Este; por eso había que regular la energía en la bicicleta para poder volcar después, en el pedestrismo, lo que quedara de fuerza, que finalmente es lo que termina definiendo la carrera”, comentó a al referirse a uno de los momentos estratégicos más determinantes de la competencia.
Compartir la experiencia
Más allá del esfuerzo físico, el gran diferencial de esta edición fue poder vivir el evento junto a su hija. Desde la previa hasta la largada, la experiencia estuvo atravesada por la emoción de compartir un desafío tan grande. “Fue un momento mágico, soñado y lleno de recuerdos, con muchos nervios y muy ansioso. Estar en la grilla de largada y hacerlo juntos fue lo mejor”, expresó.

Durante la competencia, los cruces en distintos puntos del circuito y el acompañamiento de familiares y amigos transformaron cada tramo en una experiencia emocional. “Obvio que todo es distinto cuando ella está siendo parte del mismo y buscando los mismos objetivos, que pasan por disfrutar la carrera y volcar todo lo preparado meses antes. Vernos cruzar en distintos tramos de la carrera es muy emocionante”, comentó.
El recuerdo más fuerte
Cuando finalmente llega el momento de cruzar la meta, las sensaciones suelen mezclarse entre el cansancio, la satisfacción y la emoción. En este caso, el instante más especial no estuvo en su propia llegada, sino en la de su hija. “Verla cruzar la meta fue un momento muy soñado y esperado. Poder colgarle yo mismo la medalla de finisher y darle un gran abrazo fue muy emotivo y quedará en el recuerdo siempre”, señaló al finalizar la entrevista.
Así, entre el mar, el viento y los kilómetros recorridos, el IRONMAN 70.3 de Punta del Este se convirtió para Alejandro Barla en algo más que una competencia. Fue una historia de esfuerzo compartido, de esas que demuestran que algunas metas se disfrutan mucho más cuando se alcanzan en familia.










