Ironman
Ironman 70.3: calor, resistencia y boleto al mundial
La exigente prueba en San Juan reunió a 1.200 atletas y dejó a Concordia como protagonista, entre el desgaste extremo y la ilusión mundialista.
El amanecer en Dique Punta Negra tuvo algo de épico. La quietud previa, el reflejo del sol naciente sobre el agua y 1.200 cuerpos tensos marcaron el inicio del Ironman 70.3 San Juan, una de las pruebas más exigentes del triatlón internacional.

Desde allí comenzó una travesía de resistencia pura: 1,9 kilómetros de natación en aguas abiertas, 90 kilómetros de ciclismo por rutas que atraviesan diques y montañas, y una media maratón final de 21,1 kilómetros en pleno corazón de la ciudad. Todo, bajo un calor que convirtió cada paso en una batalla.
Un escenario imponente y una carrera sin tregua
La competencia, organizada por la World Triathlon Company con apoyo del Gobierno de San Juan, tuvo su punto de partida en el dique y su llegada en la Plaza del Bicentenario. El circuito combinó naturaleza y ciudad, desde el silencio del agua hasta el pulso urbano, pasando por rutas exigentes como el paso por Ullúm y el descenso del dique.

En ese contexto, Pablo Bien dominó la general masculina con un tiempo de 3:51:01, liderando de principio a fin. En la rama femenina, Clara Debiassi sorprendió al imponerse en su debut en la distancia con 4:39:09, confirmando su proyección.
Pero detrás de los nombres que encabezan los resultados, hubo otras historias que también merecen ser contadas. Historias de esfuerzo, de grupo, de calor y de metas personales cumplidas.

Concordia, presente en el desafío
Desde Concordia, un grupo de atletas llevó su preparación al límite. Representantes del gimnasio Nikaia como Mateo Orlandini, Marcelo Márquez, Álvaro Castro, Claudio Acuña Patiño y Constanza Ricagno fueron parte de una delegación que no solo compitió, sino que dejó su huella.
El caso de Orlandini fue uno de los más destacados ya que obtuvo un tercer puesto en la categoría 55-59 y clasificación al Mundial de Niza, Francia. Una actuación construida con experiencia, estrategia y, sobre todo, con un fuerte componente humano.

“Para mí fue muy gratificante compartir en familia, ya que Coty también corrió y los chicos estuvieron presentes acompañándonos. Y como profesor, después de tantos años en la actividad, poder llevar a los alumnos a una prueba tan exigente y ver que cumplen sus objetivos es algo muy satisfactorio”, sostuvo en la entrevista con 3200, el código del deporte.

Sobre su rendimiento, explicó: “Hice una natación controlada, sin gastar de más. En la bicicleta di todo lo que tenía, y en la parte a pie el calor se hizo sentir, no pude sostener los ritmos habituales. Pero son carreras: a veces el clima acompaña y otras no. Me volví muy conforme con mi performance”.
En medio del esfuerzo, el espíritu de equipo también jugó su papel: “Nos cruzamos con varios del grupo y siempre hay una palabra de aliento. Eso te levanta y te da fuerzas para seguir, para no aflojar”. A su vez, dijo que “el tramo final fue el más exigente ya que la parte a pie fue la más dura, sobre todo por el calor y el desgaste que ya traía de la bicicleta”.

Aun así, el balance fue claro: “Todos llegaron, todos cumplieron sus objetivos y se trajeron su medalla. Siempre se quiere mejorar, pero esta vez se logró lo que se fue a buscar”. Y dejó una enseñanza que atraviesa lo deportivo: “Entrenar en grupo hace todo más llevadero. Cuando uno está mal, el otro empuja. Se genera una unión que va más allá del deporte y termina en amistad”.
El calor como rival invisible
Otro de los concordienses que participó fue Alejandro Ricagno y su experiencia estuvo atravesada por el impacto del clima. “Fue hermosa, mi primera vez en San Juan, con un nivel muy alto de competidores. El calor hizo todo más duro, pero también se disfrutó mucho el entorno, el dique y el recorrido hacia la ciudad”, comentó.

En cuanto a su rendimiento, fue autocrítico: “La natación fue buena y la bicicleta venía bien hasta el kilómetro 60, pero después el calor y el cansancio se hicieron sentir. El trote no fue el que esperaba, pero el cuerpo no siempre responde igual. Lo bueno es que el deporte siempre da revancha”.
El momento más difícil llegó en el cierre: “El final de la bici y toda la parte de pedestrismo fueron muy duros. Ya con muchas horas de esfuerzo y temperaturas altas, el cuerpo empieza a pasar factura, incluso alimentándose bien como fue mi caso”.

A pesar de todo, rescató lo positivo: “Hace tres años que no corría esta distancia y hoy tengo menos tiempo para entrenar, así que estoy conforme”. Y dejó una lección clara: “San Juan me enseñó que con calor hay que bajar los ritmos. Si no lo hacés, el cuerpo te lo cobra y puede llevarte al abandono, como pasó en varios casos”. A Alejandro también lo llamaron para participar en el mundial pero optó por no tomar la plaza ya que tiene otros objetivos deportivos al igual que su hermana Constanza.

Resistir también es aprender
Por su parte, Pablo Cuesta, integrante del grupo DR Cycling, completó la prueba con un tiempo de 5:28:43, cumpliendo su objetivo de mantenerse por debajo de las 5 horas y media. “Siempre es muy lindo cuando en la llegada dicen tu nombre y la ciudad de donde venís. Representar a Concordia tiene un valor especial”, expresó.

Sobre la carrera, explicó: “Las sensaciones fueron buenas, regulando la bicicleta para poder correr después. Sabíamos que la temperatura iba a ser muy alta, así que la estrategia fue clave. Ya estar en la largada es un privilegio”.
El desgaste se sintió con fuerza en el tramo final: “La parte a pie fue la más dura, no es mi disciplina más fuerte y el calor obligaba a parar en cada puesto para refrescarse”. Aun así, el balance fue positivo: “Cada carrera deja algo. El circuito tiene sus particularidades y el clima te obliga a adaptarte”.

Y pensando en lo que viene, remarcó: “Lo importante es respetar la planificación. En mi caso, gestionar bien el ciclismo me permitió no caminar en ningún momento. Ahora el objetivo es seguir creciendo y pensar en nuevos desafíos”.

El Ironman 70.3 San Juan volvió a confirmar su esencia que no es solo una competencia, es una prueba de carácter. Bajo el sol intenso, cada atleta escribe su propia historia, hecha de esfuerzo, estrategia y emociones.

Para los concordienses, el saldo fue más que positivo. Hubo medallas, aprendizajes y, en algunos casos, un boleto al Mundial de Niza. Pero, sobre todo, hubo algo más difícil de medir que es la certeza de haber resistido. En San Juan, entre el calor y el silencio del desierto, no gana solo el más rápido. Gana el que sigue.










