3200 Mundial
Los robos de la Copa del Mundo
La Jules Rimet fue robada dos veces. La segunda historia es menos conocida y con un argentino, implicado.
Es de las historias más intrigantes del mundo y tiene que ver con la primera Copa del Mundo, la Jules Rimet, una pieza que representaba a Niké, la diosa griega de la victoria, con alas estilizadas y los brazos levantados sosteniendo una copa que se entregó a los campeones del mundo entre 1930 y 1970.

Fue una obra del escultor francés Abel Lafleur, de aproximadamente 30 centímetros de altura hecha con 3,8 kilos de plata esterlina bañada en oro con una base de lapislázuli. En su inicio, fue bautizado como Victoria, pero con el paso del tiempo se lo empezó a llamar Copa del Mundo. Finalmente, en 1946, fue rebautizado en honor a Jules Rimet, el presidente de la FIFA que impulsó la creación del primer Mundial en Uruguay en 1930.

No fue robada una vez, sino dos
La primera fue en 1966. Las medidas estrictas de seguridad quedaron en ridículo cuando los periódicos confirmaron oficialmente: “Copa del Mundo robada”. Apenas un hombre de 70 años la había custodiado hasta ese momento.

«Los críticos decían que la mejor fuerza de policía del mundo había perdido la copa». Es que, en vísperas de la competencia, el codiciado trofeo había sido expuesto en el Central Hall Westminster, en el centro de Londres, para que la gente tuviera la oportunidad de verlo de cerca. Y desapareció.

«Siento decirles que, en este momento, no puedo darles ninguna declaración», le dijo a los periodistas el jefe de Seguridad al confirmar la desaparición.
Lo que siguió fue aún más increíble: Pickles salió a caminar en compañía de Corbett, su amo, hasta que se puso a olfatear el auto de un vecino. Finalmente, la curiosidad pudo más y ambos revisaron lo que había ahí hasta darse cuenta que era la Copa del Mundo. Desde entonces, Pickles fue el perro más famoso del mundo, el salvador de una copa que finalmente ganó Inglaterra.

La fama fue tal que incluso protagonizó una película, The Spy with a Cold Nose. David Corbett, su dueño recibió una recompensa de 6.000 libras y un año de comida gratis para su perro, como gentileza de una empresa de alimentos para mascotas.

El segundo robo es digno de una historia de Netflix. Todo comenzó cuando Brasil ganó la tercera Copa del Mundo en 1970, la última que conquistó Pelé. Desde entonces, la Jules Rimet quedó en su poder hasta que en 1983 ocurrió lo impensado: Sergio Pereyra Alves, José Luiz Vieira da Silva “Bigode” y Francisco José Rocha “Barbudo” la robaron de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol.

¿Y qué tiene que ver un argentino con esto? Juan Carlos Hernández, un joyero argentino radicado en Río de Janeiro se encargaría de fundir el trofeo y vender el oro obtenido. Eso dice la versión oficial que también precisa que por los lingotes cobraron 15.500 dólares y que el joyero fue detenido tras 1 año prófugo.

Sin embargo, la historia no quedó ahí ya que algunos medios como Guerín Sportivo de Italia afirma que el trofeo fue vendido a un coleccionista europeo y que nunca fue destruido.
En una entrevista que concedió a la BBC años más tarde Murillo Miguel, el investigador encargado de interrogar a Hernández, contó detalles del interrogatorio que duró horas: “Se notaba que era alguien muy astuto, muy hábil para este tipo de procedimientos. Fingía que no sabía nada. Entonces le dije que para los brasileños era una bofetada que un argentino hubiera convertido la Copa en lingotes de oro. Cuando le dije eso vi que en su rostro se dibujaba una sonrisa. Ese momento fue la prueba de que lo había hecho”.

Hernández fue condenado en 1984, aunque jamás se declaró culpable del delito. Murillo Miguel nunca creyó que un reducidor tan hábil como el argentino hubiera fundido y vendido por poco más quince mil dólares un objeto que, por su historia, valía mucho más. ¿Dónde estará entonces aquella primera copa del Mundo?










