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Atletismo

El fruto del trabajo constante

Felipe Bond y Jonatan Pucheta visitaron los estudios de 3200 Radio tras su actuación en Panamá, acompañados por su entrenador Enrique Da Costa Leites.

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Días después de una actuación que ya formó parte de la historia del atletismo local, Felipe Bond y Jonatan Pucheta regresaron a Concordia y pasaron por los estudios de 3200 Radio. Allí, junto a su entrenador Enrique Da Costa Leites, pusieron en palabras una meta que todavía resultaba difícil de dimensionar.

El logro tuvo nombre propio. Bond se consagró campeón en los 800 metros llanos en los Juegos Sudamericanos de la Juventud disputados en Panamá, con un tiempo de 1:56.63, subiendo a lo más alto del podio. A su lado, en la misma prueba, Pucheta completó un quinto lugar que reafirmó el gran presente del atletismo concordiense en el plano internacional.

Mucho más que una carrera

Detrás del resultado hubo una historia que se construyó lejos de los flashes. Enrique Da Costa Leites lo explicó sin rodeos, con la claridad de quien conoció cada paso del proceso: dos atletas de una misma ciudad, entrenando en el mismo lugar, compitiendo juntos a nivel internacional, no fue una casualidad, fue una excepción.

El entrenador puso en palabras lo que los números no alcanzaron a explicar. Habló de contextos, de limitaciones, de horarios condicionados por el calor del verano o la seguridad de chicos que aún no eran adultos. También hizo mención a los entrenamientos que no siempre pudieron extenderse todo lo deseado, a los gimnasios que quedaron en segundo plano y a cuerpos que, aun sin condiciones ideales, respondieron. En ese relato apareció también la otra cara de la competencia: el esfuerzo silencioso, incluso cuando el cuerpo no acompañó, como en el caso de Pucheta, que compitió con molestias físicas que terminaron incidiendo en el tramo final de la carrera.

Correr sin margen

En la voz de los protagonistas, la experiencia tomó otra dimensión. Pucheta describió los 800 metros como un territorio sin pausas, donde no hubo tiempo para pensar, donde cada paso fue una decisión que ya no se pudo corregir. “Se me apagaron las luces”, resumió, como si en esa frase entrara todo el desgaste de una prueba que exigió hasta el último resto.

Bond, en cambio, habló desde la cima, pero con la mirada puesta en lo que vino después. Analizó, revisó y corrigió. Incluso en la victoria, encontró detalles por mejorar. Porque en ese nivel, ganar no fue un punto de llegada, sino una referencia para seguir avanzando.

Ambos coincidieron en algo que trascendió lo deportivo: el camino hasta Panamá empezó mucho antes. Cuatro años atrás, cuando el objetivo todavía era apenas una idea, una promesa lejana. Y sin embargo, se sostuvo en el tiempo, alimentado por la constancia, el sacrificio y una convicción que no siempre fue fácil de explicar.

Los primeros pasos

Las historias personales también hablaron de ese proceso. Pucheta llegó al atletismo casi por casualidad, en una competencia escolar que terminó siendo un punto de partida. Bond, en cambio, recordó haber corrido desde chico, como un impulso natural que con el tiempo encontró dirección.

En ambos casos apareció la figura de Enrique, no solo como entrenador, sino como guía. Como alguien que no solo planificó entrenamientos, sino que recorrió escuelas, habló con chicos e intentó sembrar una idea que muchas veces no se comprendió en el momento. Porque, como él mismo reconoció, no fue sencillo para un adolescente imaginar hasta dónde podía llegar.

Acompañar para llegar

El camino tampoco se transitó en soledad. La familia, la escuela, los profesores, todos formaron parte de una red que sostuvo. Los permisos para viajar, las despedidas, los gestos cotidianos que, sin hacer ruido, terminaron siendo fundamentales.

Representar al país, vestir la indumentaria argentina, subirse a una pista internacional, fueron imágenes que quedaron grabadas. No como un recuerdo estático, sino como una señal de lo que fue posible.

Lo que quedó después

De regreso en Concordia, la rutina continuó. Hubo que volver a la escuela, retomar los entrenamientos, pensar en lo que vino después. El próximo objetivo ya estuvo marcado en el calendario: el Sudamericano U18 en San Pablo.

Pero algo cambió. Porque más allá de los tiempos y las posiciones, lo que dejaron en Panamá fue una certeza: que incluso desde contextos limitados, con recursos ajustados y condiciones lejos de lo ideal, el talento acompañado, trabajado y sostenido, pudo llegar lejos. Y en esa mezcla de esfuerzo, calor, pista y sueños, Concordia encontró una manera de hacerse escuchar en el mapa del atletismo una vez más.