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Básquet

Magnano: “Si jugábamos como entrenamos y entrenamos como jugábamos yo era un hombre feliz”

Tras “colgar los botines”, el entrenador habló con 3200. “No me estoy apartando del básquetbol”, aclaró.

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Fue la excepción que confirma la regla. Lo infrecuente que prueba la existencia de algo más que lo meramente ordinario.

“¿Qué problema hay? Sólo hay que poner un día y un horario y lo hacemos”, dijo Rubén Magnano cuando “3200, el código del deporte” le propuso realizar una entrevista a horas de haberse conocido públicamente su decisión de retirarse como entrenador de básquetbol.

El entrenador principal de la selección argentina subcampeona en el Mundial de Indianápolis 2002 (con el logro agregado de ser la primera en vencer a un seleccionado estadounidense integrado por jugadores NBA) y campeón-a olímpica (triunfo épico ante Serbia y Montenegro y consagratoria segunda victoria ante USA) fue entrevistado por Guillermo Acosta y Jonathan Leiva.

Magnano en Atenas 2004.

Lo que “cambió mucho”

¿Cambió algo para él desde que pasó a retiro su rol de entrenador? La respuesta llegó con una dosis de picardía y otra de modestia: “Cambió. Hace 3 días que no paro de atender periodistas”, dijo entre risas y agregó: “cambió mucho. Es un calendario periodístico el que tengo agendado, para poder atender a todos, poder cumplir con todos, no importa el nombre propio del medio que me lo pide, intentar estar con todo el mundo”.

“Es lo que cambió. Lo otro no porque no tengo redes: no tengo Twitter, Facebook, Instagram, o sea que es muy calmo como ha sido todo en mi vida”, amplió durante el diálogo que se transmitió en vivo en nuestro canal de Youtube y por FM 88.7 Oid Mortales Radio.

Indicó: “no me llega tanta información, sólo lo que me llega por los medios (diarios que leo algo, no mucho más) Y la gente, el cotidiano de la gente. Fui el otro día a ver a Atenas jugar y de pronto en esas situaciones públicas es que recibo mucho afecto, mucha gratitud. Esto de la gratitud de la gente, realmente es conmovedora y me obliga, me desafía”.

“No me estoy apartando del básquetbol”

Luego, aprovechó la ocasión para clarificar los alcances de su decisión: “si bien es cierto que, como digo, he decidido no dirigir más y utilicé un término muy futbolero que el periodista muy inteligentemente tomó y estalló la bomba, el de colgar los botines. Podría haber dicho que dejo el buzo, pero colgué los botines. País futbolero”, afirmó y aclaró: “yo sigo ligado al básquet, creo que todo individuo no puede liberarse así porque sí de una pasión. La única manera es que esa pasión te golpeé duro, muy duro, sino no te la sacás indudablemente”.

Desde su provincia natal, en contacto con Concordia, Entre Ríos, explicó: “sigo consumiendo mucho básquetbol y, paralelamente, tengo una actividad de básquetbol que me ha hecho volver, reflexionar, a mi naturaleza, al profesor de Educación Física, al profesor de minibásquetbol de categorías inferiores y me refiero a las actividades del Campus que hacemos con mi hijo Francisco”.

“Realmente a mí me insufla muchísima energía, me nutre mucho, me hace feliz estar en este contexto”, destacó y agregó: “Me nutro de básquetbol, veo básquetbol y justamente antes de conectarme estaba viendo Estados Unidos ante Puerto Rico del sub 18 y todos los días estamos viendo básquetbol. O sea, no me estoy apartando del básquetbol”.

¿Cómo fue, en la intimidad, el tomar la decisión de hacerlo público?, fue la pregunta a la que respondió así: “Esto es unipersonal. Indudablemente que lo familiar es una de las variables que pesó, pero en cuanto a la decisión ha sido casi unipersonal. Empezó a madurar esta idea después de que Uruguay no pudiese clasificar al Mundial. Ahí empezó a madurar en mi cabeza la posibilidad de dejar de dirigir. Es cierto que, en un período de meses, utilicé el término que no tenía las persianas totalmente bajas, como dejando una pequeña luz, alguna posibilidad, pero con el correr de los meses lo había decidido”.

Magnano en Indianápolis 2002.

Esta nota, que se hizo el día jueves pasado con el término que les mencioné, un poco hizo eclosión y me tengo que hacer cargo de las circunstancias. Entonces, tranquilo, ya estaba madurado, entendiendo por qué tomaba la decisión. Creo que, a veces, uno tiene que tener acciones inteligentes, incluso aquellas de decir que no por muchos motivos, no solamente profesionales, sino un peso familiar, amistadas, hechos, cosas, lugares, viajes que a mí durante muchísimos años se me fueron negando, por estar ausente, cosas que no se recuperan más pero sabíamos que era el precio. Es como decía un entrenador: sabés la profundidad de la pileta en dónde te metés. Así transcurrió mi vida y ahora muy tranquilo, con respecto a la decisión.

Lo que cambió tras romper la historia

En la biografía “Ruben Magnano” de Gabriel Ronsenbaun, en su primer capítulo narrativo se hace mención a los momentos posteriores al “día que se rompió la historia”. El 4 de septiembre de 2002 sucedió lo que nunca antes: perdió Estados Unidos y el verdugo fue el seleccionado conducido por Magnano.

Biografía escrita por Gabriel Rosenbaum.

Allí se recuerda que, tras el 87 a 80 en el Conseco Fieldhouse de Indianápolis, “los jugadores parecen estudiantes en viaje de fin de curso, bien lejos de las poses de tipos bravos que dejaron dentro de la cancha”.

Cuenta también que el entrenador volvió caminando al Embassy Suites, en el que se alojan todas las delegaciones, excepto el Dream Team. En ese lugar, todas las habitaciones dan a unos balcones y esos balcones aparecen enfrentados en torres intercomunicadas bajo un techo de acrílico. Al entrar, los jugadores argentinos reciben una ovación que les eriza la piel. Desde los balcones, asomados con gestos casi reverenciales, los demás equipos ofrecen una bienvenida espontánea y antológica.

“Un poco me absorbieron los colegas de ustedes y me fue imposible regresar con el equipo, aparte teníamos norma que se sale a tal momento y se sale, esté quién esté y, en ese momento, yo no estaba y el micro partió”, marcó para “3200, el código del deporte”.

El día que Argentina se convirtió en la primera selección en vencer a USA con jugadores NBA.

Agregó detalles de aquella anécdota: “Yo me fui caminando sí, creo que con un periodista charlando, hasta el hotel mismo. No tuve la posibilidad de vivenciar y disfrutar ese momento que no creo, por lo menos en la historia del básquetbol que yo recuerde, que toda una cantidad de equipos, exceptuando a Estados Unidos, reciban a otro país, a otra selección, aplaudiéndolo en el hotel”, definió.

Consultado por los cambios y el aprovechamiento que se hizo en Argentina de aquella primera victoria ante una selección conformada por jugadores de la NBA, dijo: “Creo que en algunos aspectos positivos se cambió y esto tiene que ver, un poco, con mis manifestaciones a lo largo de los años, no solamente de ese momento. Sino, con antelación también para ser coherente”.

“Siempre digo que nuestras selecciones tenían que luchar, y hablo de todas las categorías y no solamente de la única, por estar presente en los mundiales y la adulta en los Juegos Olímpicos (siempre las llamo competencias madres porque ofician de agente multiplicador en toda la estructura de nuestro básquetbol)”, reflexionó.

Campeones olímpicos en Atenas 2004.

Luego, profundizó: “Nos mejoras muchísimo como sucedió con la llegada de cantidad de niños y de jóvenes a practicar básquetbol. Es, más o menos, la sintomatología que pasó ahora con el Mundial de fútbol. Se abarrotaron todas las escuelitas de fútbol, todos los chicos querían jugar fútbol. Ese agente multiplicador tiene un precio sumamente importante”.

“Algo que me fastidiaba mucho”

“En cuanto a la selección adulta, quiero empezar por algo que me fastidiaba mucho que era la incómoda, la ingrata comparación con la Generación Dorada”, planteó sobre los seleccionados que se sucedieron al de Atenas 2004. “Yo me puse muy contento cuando juega la final del mundo porque creo que ahí se libra de la mochila de esa, siempre comparando con la Generación Dorada y el oro olímpico y nos hemos transformado en consumidores de básquetbol con un paladar negro”.

“A la postre, entrar entre los 8 (hoy sigo sosteniendo que es una posición brillante) creíamos que todo era podio y no es así. Esa generación que vino después de 2004 respondió con creces a todo lo que vino, logrando cosas importantísimas”, elogió y marcó que “para evaluar una situación de movimiento, de gestión, de comportamientos tenés que estar adentro para emitir juicio, de frente de la vereda no soy capaz, ni me animo a emitir un pequeño juicio. Hay que estar adentro de la cocina”.  

“Yo era un hombre sumamente feliz”

Qué es lo que disfrutaba de esa cocina, por ejemplo de la selección argentina que dirigió (también condujo a los seleccionados de Brasil y Uruguay), fue lo que se le planteó y mencionó: “estuve 8 años como primer asistente técnico de la selección, eso consciente o inconscientemente me desarrolló muchísimo la percepción de las actitudes de las personas y eso me ayudó muchísimo a la hora de tomar decisiones y me permitió, incluso, entender cuál eran un poco las herramientas que había que tomar para intentar ir en búsqueda de algo importante, no sé hasta dónde, pero importante”.

“Poder establecer las normas, las reglas, las formas y el día lunes cuando empezás a entrenar, y el martes cuando seguís entrenando y el miércoles y pa, pa, pa esa constante preparación es para mí el gran éxito y la gran satisfacción”, afirmó y siguió: “yo cuando volvía a mi casa, en caso de un club, o al hotel, en el caso de la selección, extenuado a ciencia cierta sabiendo que habíamos logrado que se dé todo, que nos preparamos como corresponde, que si jugábamos como entrenamos y entrenamos como jugamos, si esa ecuación se iba a gestando es indudable que yo era un hombre sumamente feliz”.

Ese estado de felicidad se correspondía a lo que explicó así: “estábamos dejando todo y obligábamos a dejar todo. Entonces, las chances de lograr algo o de ganar un juego, por ejemplo, estaban dadas. Después, nadie tiene comprado el resultado, nadie te va a obligar a los resultados. Nadie. Pero, te van a obligar a comprometerte en ir en búsqueda de los resultados. Esa es la llave. Es el desafío para poder crear”.

La “preparación histórica” en Colón

Argentina permaneció en Colón desde el 23 de julio al 1 de agosto, para luego concluir la preparación en Córdoba y emprender viaje a Norteamérica para jugar ese Mundial del inolvidable subcampeonato.

-¿Qué recordás de eso, una pincelada de la estadía entrerriana de ese plantel?

– Me río porque vos le mencionás Colón a los jugadores y le van a pasar a 150 kilómetros, no van a querer llegar a Colón. Sudaron sangre en Colón. Fue una estadía placentera desde el punto de vista porque nos brindaron todo. Delasoi, presidente de La Unión de Colón, nos abrieron las puertas, el famoso Quirinale que también nos atendieron muy bien, una localidad como a mí me gusta no infectada de ningún tipo de cosa que nos daba la libertad incluso de caminar tranquilamente, sin problemas, todo al alcance de la mano, nada tiempo extra, todo consumible y una preparación que fue realmente histórica por la calidad. No es porque yo sea el entrenador.

Magnano, Tolcachier y sus jugadores durante su estadía en Colón.

Más adelante, siguió recordando lo vivenciado por el plantel integrado por Gabriel Fernández, Juan Espil, Alejandro “Puma” Montecchia, Hugo Sconochini, Juan “Pepe” Sánchez, Rubén “Colo” Wolkowisky (los dos ya con experiencia en la NBA), Andrés Nocioni, Lucas Victoriano, Leonardo Gutiérrez, Luis Scola, Daniel Farabello, oriundo de Colón, y Leandro “Torito” Palladino, de Concepción del Uruguay, Emanuel Ginóbili (días después de ser presentado como refuerzo de San Antonio Spurs) y Fabricio Oberto.

Manu festejando sus 25 años con la selección en Colón, Entre Ríos.

“Convengamos que hay un gran elemento, fundamental, que es la aceptación de los jugadores de lo que vos proponés. Si no lo aceptan, no hay entrenador que valga”, marcó el coach y completó: “predisponerse a esa calidad de trabajo, o sea una convivencia muy interesante, muy trajinada, muy luchada, muy competitiva y donde a la postre terminan 12 muchachos que van a representar al país. Ha quedado muy referenciada la ciudad de Colón, un poco por eso. A cualquier jugador que le preguntes, si alguna vez tenés la posibilidad, de Colón lo que menos te van a decir es que es una localidad turística”.

“Agradecer al club por lo que hace día a día”

Poco antes de finalizar, se le habló de Estudiantes Concordia que ha jugado varias temporadas en Liga Nacional y sobre el que puede verse un repaso a su historia en un nuevo capítulo de #ADN3200 en el canal de Youtube: @3200derportes. “No es que me acuerde mucho de Estudiantes Concordia, sí lo tengo presente claro, pero también atiendan que estuve mucho tiempo afuera”, planteó.

“Sí tengo claro un poco lo que se hizo, una lástima porque sé que es una zona de mucho básquetbol y se necesita, a pesar de que Estudiantes sigue haciendo básquetbol claro. Se necesita imperiosamente este tipo de instituciones”, afirmó y enseñó: yo remarco, cada vez que tengo la posibilidad, incluso de agradecer al club por todo lo que hace en el día a día por nuestro básquetbol. Sin esa célula, creo que todo lo que se logró no se hubiese logrado”.

“Afortunadamente tenemos esas unidades dispersas a lo largo y lo ancho del país. Capaz con más de 1500 clubes me animo a decir, fácil, que juegan básquetbol y nos permiten tener siempre latente el sueño de indudablemente a que nuestra selección pueda hacer cosas importantes, ahora estamos viendo los chicos de la sub 18. Cosas positivas. Nuestra estructura basada en un 90% en esa unidad club que son vitales”.

“Ser corajudo es, muchas veces, decir no sé”

“Soy muy poco de nombres propios”, se autodefinió y marcó que “generalmente digo el pecado y no el pecador. Si me decís cuál es el mejor jugador que dirigí, sin ninguna duda es Ginóbili, no hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta, pero hay una cantidad de aspectos que tienen que ver con la convivencia del día a día que te hacen poner en la balanza”.

Ginóbili, con el oro olímpico, el mejor jugador que dirigió, afirmó el coach.

Después, igualmente, soltó un par de nombres: “Michael Jordan hubiera sido imposible haberlo dirigido, pero bueno me hubiese encantado. Indudable que sí. A Bodiroga también me hubiese encantado, por ejemplo. No me quedo con un nombre propio igual”.

Para el cierre, se le propuso que dejase un mensaje a los entrenadores jóvenes que están empezando en la profesión.  “Una vez entré a una cancha, curiosamente se me vino eso a la cabeza mientras me preguntabas, estaba con la selección nacional y la cancha tenía un eslogan muy grande pintado en una de las paredes: donde hay alguien que quiere aprender, debe haber alguien que sepa enseñar”.

“Eso se los digo porque el aprender – aprender, el transitar el camino, el no abandonar el camino del aprendiz en la preparación constante para poder nutrir de herramientas, no importa la categoría, a las personas que tenemos la obligación de acompañar, de mejorar, de enseñar, de entender el éxito mismo que puede llegar a tener es un momento. El tema es la construcción de ese éxito, es todo un camino para llegar a ese momento. Se edifica en el día a día, pero recuerden que siempre les digo a nuestros jóvenes que vienen a nuestros Campus que no es lo mismo estar listo que estar preparado. Eso se tiene que interpretar bien”.

Aportó, entonces, que “ser corajudo es, muchas veces, decir no sé. No te puedo dar la respuesta hoy, voy a buscar, estudiar y te la voy a dar. A veces queremos tapar nuestra ineficiencia con mucha verborragia y eso lo único que hace es atrasar el aprendizaje, aturde, nubla, perdés credibilidad, empiezan a perder confianza ante tus dirigidos”, indicó.

Y concluyó: “logren una autoridad reconocida, no impuesta, a través de lo que hacen todos los días. Los chicos te aceptan por lo que sos, cómo sos y lo que le brindás. Ese coraje diario de afrontarlo de esa manera”.