Seguinos en nuestras redes

Fútbol

La pelota siempre rueda

La Liga Concordiense de Fútbol inició su temporada con orden, trabajo y una pasión que resiste incluso en los contextos más difíciles.

Publicado

el

Hay algo en el fútbol de Concordia que no se interrumpe, aunque el clima amenace o la economía apriete. Es una persistencia casi invisible, una forma de resistencia cotidiana que se expresa en cada cancha, en cada camiseta y en cada hincha que decide estar.

Cuando la pelota vuelve a rodar, no solo comienza un partido, sino que se reactiva un ritual que atraviesa generaciones. En ese contexto, la Liga Concordiense de Fútbol, presidida por Julio Larocca, puso en marcha una nueva temporada, y desde el programa 3200, el código del deporte, el secretario administrativo Tomás Salarí ofreció una mirada integral sobre el presente, ese que combina lo visible del fin de semana con el trabajo silencioso de toda la semana.

Un inicio acompañado

El inicio del torneo en las divisionales A y B dejó algo más profundo que resultados. Después de semanas de preparación, la vuelta a la competencia oficial recuperó ese pulso que solo aparece cuando los puntos valen y la tribuna se hace sentir. La respuesta fue positiva tanto dentro como fuera de la cancha, con clubes que volvieron a decir presente y con un público que, aun en medio de las dificultades, eligió acompañar y sostener el ritual del fútbol.

“Arrancamos con la primera fecha y por ahora todo bien. La verdad es que salieron unas buenas jornadas de fútbol y la gente acompañó”, sostuvo Salarí, marcando el tono de un comienzo que también tuvo un valor simbólico especial con el regreso de instituciones como Las Heras y Almirante Brown de Osvaldo Magnasco en la B. En un contexto social complejo, donde cada gasto se mide y cada decisión pesa, el fútbol sigue ocupando un lugar propio, casi necesario, en la vida cotidiana de la ciudad.

“Todos sabemos que la situación está complicada, pero el fútbol y la gente se guarda su manguito para poder acompañar a su equipo y distraerse un poco”, dijo, sintetizando en una frase ese vínculo profundo entre la pelota y los simpatizantes, ese lazo invisible que explica por qué, pase lo que pase, siempre hay alguien dispuesto a estar.

Acceso y pertenencia

La decisión de mantener una entrada accesible no es un dato menor, sino una declaración de principios. En tiempos donde el acceso muchas veces se vuelve una barrera, la Liga optó por sostener una política que permita que más personas puedan estar en la cancha, entendiendo que el fútbol también cumple una función social.

“La entrada sale 6 mil pesos y pueden ver los tres partidos correspondientes a su club… es una entrada muy accesible”, indicó Salarí, explicando un formato que no solo facilita la asistencia, sino que también potencia el sentido de pertenencia.

En una misma jornada conviven la ilusión de la sub 17, el crecimiento de la reserva y la exigencia de la primera, generando un recorrido completo por la vida deportiva de cada institución. “Es un combo que está bueno… sirve para acompañar también a los que van llegando de las divisiones inferiores”, agregó, dejando en claro que el espectáculo no empieza ni termina en la primera división.

La estructura invisible

Detrás de cada fin de semana de fútbol hay una estructura compleja que pocas veces se ve, pero que resulta indispensable para que todo funcione. La organización de la Liga implica mucho más que armar un fixture: requiere coordinación, planificación y una red de responsabilidades que se activa en múltiples niveles.

“La verdad que son muchas cosas. Organizarlo lleva mucho tiempo, mucha dedicación”, explicó Salarí, al describir un trabajo que incluye desde la programación de partidos hasta la gestión de ambulancias, seguros para los jugadores, designaciones arbitrales y operativos de seguridad. Todo eso se articula con distintos actores, desde el colegio de árbitros hasta las fuerzas de seguridad, pasando por el personal médico y administrativo.

“No es solamente la programación… es la parte de salud, los traslados, el arbitraje, la seguridad… un montón de cosas”, enumeró, poniendo en palabras ese entramado que sostiene la competencia. A su vez, la incorporación de herramientas digitales permite ordenar y transparentar los procesos, generando un sistema más dinámico y confiable. “El sistema COMET permite que haya mucha transparencia dentro de la competición… cada club tiene su usuario, cada árbitro también”, sustentó, marcando un avance clave en la gestión.

Crecimiento y proyección

El presente de la Liga también se explica a partir de su capacidad de proyectarse hacia el futuro, con un crecimiento sostenido en las divisiones formativas y en el fútbol femenino, dos áreas que han ganado protagonismo en los últimos años. La planificación ya contempla el inicio de las categorías infantiles y el desarrollo del calendario femenino, en una agenda que no se detiene.

“La idea es arrancar con el fútbol infantil en los próximos días y el femenino seguramente una semana después”, indicó Salarí, enmarcando un proceso que también encuentra respaldo en el rendimiento de los clubes a nivel regional y nacional. El caso de Santa María de Oro es un ejemplo concreto de ese avance que estuvo entre los 4 mejores equipos del país.

El desafío de sostener una identidad

En Concordia, el fútbol tiene una identidad marcada que es la intención de jugar bien, de proponer, de respetar una tradición que forma parte de su historia. Sin embargo, ese objetivo convive con limitaciones estructurales que muchas veces condicionan el desarrollo del juego.

“Una de las circunstancias a veces son los campos de juego… no es lo mismo una cancha de hace veinte o treinta años que hoy”, explicó Salarí, señalando uno de los principales desafíos. Aun así, los clubes continúan trabajando para mejorar sus condiciones, invirtiendo en infraestructura y apostando a proyectos que, aunque requieren tiempo y recursos, apuntan a elevar la calidad del fútbol local. En ese esfuerzo colectivo, también se construye el futuro del fútbol concordiense.

Un centenario en marcha

El 2026 no será un año más para la Liga Concordiense de Fútbol, que se prepara para celebrar sus cien años de historia. Un siglo que condensa generaciones, historias de barrio, jugadores que pasaron y otros que recién empiezan, pero que comparten una misma raíz. “Van a haber actividades durante todo el año y en septiembre, cuando la liga cumpla los cien años, habrá una serie de eventos”, anticipó Salarí, abriendo la puerta a una celebración que buscará involucrar a toda la comunidad.

En ese sentido, la construcción de la memoria también será colectiva, con una convocatoria abierta a quienes puedan aportar material que ayude a reconstruir el camino recorrido. “Invitamos a todos a colaborar acercando material fotográfico, audiovisual… para lo que estamos preparando”, expresó, entendiendo que la historia del fútbol también se escribe con recuerdos.

El fútbol de Concordia no se explica solo desde lo deportivo, sino desde lo humano. Es esfuerzo, es organización, es identidad, pero sobre todo es una forma de encuentro que se mantiene incluso en los contextos más difíciles. Cada partido es apenas la superficie de un trabajo profundo que involucra a dirigentes, jugadores, familias y a toda una comunidad que sigue apostando por el juego. Porque en Concordia, como en tantos rincones del país, la pelota no se detiene: siempre rueda.