3200 Radio
La vida como prueba combinada
Entre el deporte, la escuela y la familia, Constanza Ricagno construye una vida donde moverse es también una forma de estar.
En 3200 decimos que hay entrevistas que avanzan como una conversación y hay otras que, casi sin darnos cuenta, se parecen más a una carrera de fondo. Empiezan con una palabra y terminan revelando un recorrido entero. Así fue el paso de Coty Ricagno en el estudio de Oíd Mortales Radio, la primera invitada en piso en la vuelta de 3200 Radio.
La entrevista comenzó con una palabra simple, casi inevitable en el mundo deportivo: la presión. Pero lo que siguió fue mucho más que una respuesta. Fue una manera de entender el deporte, el paso del tiempo, el trabajo cotidiano en la escuela y ese equilibrio, siempre inestable, entre lo que se quiere y lo que se puede.

La presión como punto de partida
Lejos de esquivar la pregunta, Ricagno se detuvo en la presión como un elemento propio, íntimo. No aparece como una carga externa, sino como una construcción personal que acompaña cada objetivo.
“Mirá, en realidad uno siempre se pone metas. Vas a una carrera pensando en hacer esto o lo otro, entonces a veces uno mismo se presiona. Pero la verdad es que mi entorno no me presiona para nada, nadie. Hago lo que puedo, digamos, pero sí, uno siempre se pone un poquito de presión. Año tras año uno quiere mejorar o va viendo lo que fue haciendo durante su etapa deportiva”, narró. En esa definición hay una clave: la presión no paraliza, empuja.

Entre el amateurismo y la exigencia
La charla avanzó y apareció una tensión conocida: la distancia entre lo profesional y lo amateur. Pero en el caso de Ricagno, esa frontera no funciona como límite, sino como marco. “Sí, en realidad es así. De lo profesional estoy muy lejos, obviamente, no existe. Pero en lo amateur trato siempre de dar lo mejor. No es solo el deporte, sino que se suman todas las demás actividades que hago. Entonces siempre intento dar lo mejor. A veces sale y a veces no”, mencionó.
La frase no busca épica, sino honestidad. En su rutina, el deporte convive con muchas otras responsabilidades, lo que también condiciona su desempeño. “Ahora también me estoy tratando de ubicar un poco más en la edad, que pesa. A veces uno no quiere darse cuenta, o piensa que siempre puede ir por más, pero los años se sienten. Además, todo lo demás que hago también influye. No es que me dedique solo al deporte”, comentó.

Sin dramatizar, introdujo otro eje: el paso del tiempo, los cambios en el cuerpo y la necesidad de reacomodar expectativas. Incluso proyecta un futuro cercano: “Estoy pensando que me queda poco para terminar la escuela, para jubilarme. Unos tres años. Entonces ya imagino tener la mañana libre para poder hacer mis actividades sin tantos horarios. Es un poco y un poco, pero de lo profesional, muy lejos”, agregó.
La escuela: escuchar, contener, insistir
Si el deporte estructura una parte de su vida, la escuela define otra igual de profunda. Allí, su rol la ubica en un lugar de cercanía constante con los estudiantes. “Yo en la escuela tengo un cargo de preceptora. Me encanta ser preceptora. Estás muy en contacto con los chicos, pasás mucho tiempo con ellos y te cuentan muchas cosas. A veces decís ‘preferiría no saberlo’, porque te terminás involucrando, pero bueno… también ayudás porque el otro se libera”, explicó.
En esa dinámica cotidiana aparece algo más que lo pedagógico: aparece el vínculo. “A veces los chicos no tienen con quién hablar y generan mucha confianza con uno, dependiendo de cómo seas con ellos. Entonces te cuentan cosas muy personales”, contó.
Y es ahí donde el deporte vuelve a aparecer, no como competencia, sino como herramienta. “Siempre les digo lo importante que es el deporte. En la escuela donde estoy, no muchos hacen actividad física fuera de la educación física escolar, por distintos motivos: distancia, cuestiones económicas. Entonces yo siempre trato de inculcarles eso”, destacó.
Cuando la infraestructura también educa
En ese mismo universo escolar, hay un punto que cambia todo: el espacio físico. La llegada del gimnasio en la escuela Comercio 1 no es solo una obra, es una transformación concreta en la experiencia educativa.
“La verdad que tiene muchísima importancia. Nosotros tenemos muchos cursos en la escuela. Yo, además de ser preceptora, soy profesora de Educación Física, tengo 6 horas. Con tantos cursos, tenemos que organizarnos con los colegas para no superponer horarios y que todos podamos tener un espacio”, mencionó.
Antes, el clima condicionaba todo. Hoy, ya no. “El gimnasio nos cambió muchísimo. Antes, cuando llovía, no podíamos hacer Educación Física o teníamos que ir al aula, algo que a los chicos no les gusta tanto. Y muchas veces, cuando llovía, directamente no iban a la escuela, es una realidad. Ahora eso cambió completamente. Además, podemos hacer torneos internos entre los cursos. A la tarde también se usa: se alquila a un club, y con ese dinero se pueden hacer muchas cosas que antes no eran posibles. La verdad que está espectacular”, subrayó.
El deporte como puente familiar
La conversación se corrió de lo institucional y entró en lo íntimo. Allí aparece otra dimensión del deporte: la compartida entre madre e hijo. “Totalmente, la verdad que es un placer. Jeronimo (su hijo) jugaba al básquet, así que antes compartíamos cuando íbamos a ver sus partidos. Y ahora compartimos entrenamientos y carreras”, expresó.
Lo cotidiano se vuelve significativo en los detalles: “Nos ayudamos mutuamente. Por ejemplo, el domingo pasado habíamos tenido un cumpleaños el sábado. Yo trato de entrenar a la mañana, pero nos acostamos tarde y el domingo tenía que correr 65 minutos. Le dije: ‘Jero, me parece que no voy a poder’. Y me respondió: ‘Mami, yo te acompaño’”, relató.

No hay metáfora más clara que esa escena: “La verdad que es un placer, porque a él también le tocaba trotar. Entonces no cuesta tanto y lo compartimos. Siempre aviso en el grupo por si alguien quiere salir, y vamos charlando de todo. Incluso surgen temas muy interesantes, fuera de lo cotidiano de la familia. Está muy bueno poder compartir eso con él”, comentó.
Entre el corsódromo y la pista
La vida de Ricagno no se divide: se superpone. Mientras un hijo la acompaña corriendo, su hija la lleva a otro escenario completamente distinto. “Inés es más del lado artístico, le gusta la danza. En verano participa en una comparsa, así que tenemos seis noches de carnaval que hay que compatibilizar con el deporte y su actividad nocturna”, mencionó.
Y, una vez más, aparece la presencia: “Obviamente, en esas seis noches estoy presente. Además, participo como coordinadora en la comparsa. Me gusta estar, ayudar, acompañar a sus compañeras, compartir con las otras mamás”, agregó.
El tiempo, otra vez, marca la historia compartida: “Así que vivimos eso juntas desde que ella tenía cuatro años. Hoy tiene 15, así que ya son muchos años compartiendo lo que le gusta. Durante seis sábados estoy ahí, en el corsódromo”, explicó.
Lo que viene: seguir en movimiento
El cierre de la entrevista no es un final, sino una proyección. El calendario deportivo sigue marcando el ritmo. “Me anoté en San Juan, el 29 de marzo, en el medio Ironman. Es un desafío bastante importante, largo, para el que me estuve preparando”, destacó.

Después, llegará el descanso. O algo parecido. “Luego de esa carrera, voy a tomarme un descanso. Necesito bajar un poco la exigencia de entrenar dos veces por día, porque con todas las otras actividades se hace bastante pesado”, interpretó.
Siempre hay un próximo objetivo: “También estoy pensando en hacer un ‘51.50’ en mayo, pero eso depende de si sigo nadando o no, porque a veces tengo que entrenar de noche y no siempre llego, ni por tiempo ni por energía. La idea es seguir moviéndome, como siempre”, anunció.
Incluso cuando intenta cambiar, elige volver: “Además, había pensado en volver a patinar, que me encanta. Ana Paula Vila siempre me insiste: ‘Coty, ¿cuándo vas a venir?’. Entonces, digo, por ahí para cambiar un poco y salir de las tres disciplinas… pero siempre termino volviendo a lo mismo, porque el grupo que tenemos es buenísimo. Salgo con la idea de hacer otra cosa, pero termino corriendo o pedaleando con ellos”.
Después de una extensa entrevista y muy enriquecedora por cierto es momento de cerrar el artículo. Cabe señalar que en tiempos donde todo parece medirse en resultados, Constanza Ricagno construye otra lógica. Una donde correr no es solo llegar, sino sostener. Sostener el cuerpo, los vínculos, el trabajo, los tiempos. Y en ese equilibrio, a veces precario, siempre en movimiento encuentra su verdadera forma de avanzar.










