Básquet
El valor de un equipo
Tras conquistar el Torneo Asociativo, Santiago Rodríguez y Agustín Pérez visitaron 3200 Radio para analizar el título.
En el básquet victorias que se celebran por el resultado y otras que emocionan por el camino recorrido. La del Centro Ex Alumnos Capuchinos pertenece a este último grupo. Días atrás, el conjunto concordiense se consagró campeón del Torneo Asociativo al derrotar a Ferrocarril de San Salvador por 76 a 71 en tiempo suplementario, luego de igualar 66 a 66 durante el tiempo reglamentario. La conquista significó la segunda estrella local para la institución en apenas un año y terminó de confirmar el gran presente de un proyecto deportivo que continúa creciendo.
En ese contexto, el entrenador Santiago Rodríguez y el jugador Agustín Pérez visitaron los estudios Oíd Mortales Radio para dialogar en 3200, el código del deporte sobre el logro donde, durante una entrevista radial, compartieron las sensaciones de la consagración y revelaron las claves que sostienen a un equipo que encontró en el compromiso su mayor fortaleza.

Una final que exigió todo
La serie decisiva frente a Ferrocarril estuvo a la altura de una final. Dentro de la cancha hubo intensidad, paridad y emoción; fuera de ella, dos parcialidades que acompañaron con pasión y le dieron un marco especial al espectáculo. Agustín Pérez comentó que, desde el lugar del jugador, la satisfacción fue enorme porque ambos equipos llegaron preparados para quedarse con el título. «Los dos lo buscaban», sostuvo, al recordar una definición en la que cada posesión parecía inclinar la balanza. El capitán también destacó el respaldo permanente del público de Capuchinos y aseguró que ese acompañamiento se convirtió en un impulso extra durante los momentos más exigentes del encuentro.
A su vez, Rodríguez coincidió con ese análisis y remarcó que Ferrocarril llegaba con jugadores acostumbrados a disputar este tipo de instancias decisivas, un detalle que obligó a Capuchinos a redoblar esfuerzos. Durante la entrevista radial explicó que, luego del primer partido de la serie, el cuerpo técnico comprendió que debía aumentar la intensidad física para competir de igual a igual frente a un rival con amplia experiencia. Según comentó, esa decisión terminó siendo determinante para cambiar el desarrollo de la final y llevar al equipo hacia la consagración.
Nada fue casualidad
Más allá del desenlace, tanto entrenador como jugador coincidieron en que el campeonato fue la consecuencia lógica de un proceso sostenido en el tiempo. Pérez comentó que el plantel llegó preparado porque la mayoría de sus integrantes compartía una base de trabajo desde hacía más de un año, con varias finales disputadas y un recorrido conjunto que fortaleció la identidad del grupo. En ese sentido, sostuvo que la intensidad demostrada durante la definición no apareció de manera espontánea, sino que fue el resultado de meses de entrenamiento y dedicación.

«Eso también se entrena», afirmó el capitán, al explicar que el compromiso demostrado durante una final es la continuidad del esfuerzo cotidiano. La preparación, la concentración y la entrega no nacen cuando comienza el partido, sino mucho antes, en esos entrenamientos donde nadie mira, cuando el reloj parece avanzar más lento y el sacrificio todavía no encuentra recompensa.
La derrota que enseñó el camino
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista radial llegó cuando Pérez recordó la derrota sufrida en el primer partido disputado en San Salvador. Lejos de transformarse en un golpe anímico, aquella caída terminó siendo el punto de inflexión de la serie. El jugador comentó que el equipo regresó con la sensación de no haber mostrado su verdadero nivel y que esa autocrítica permitió afrontar los encuentros siguientes con una actitud completamente distinta.

Según explicó, el grupo comprendió que el tercer partido sería parejo hasta el final y que la única manera de imponerse era sostener la concentración durante los cuarenta minutos. La derrota, lejos de sembrar dudas, fortaleció la convicción colectiva. A veces, el deporte enseña que los tropiezos no detienen el camino; simplemente obligan a elegir una mejor forma de recorrerlo.
Un grupo que aprendió a sostenerse
Más allá de los aspectos tácticos, ambos protagonistas coincidieron en que el verdadero diferencial de Capuchinos estuvo en la calidad humana del plantel. Pérez destacó el trabajo realizado por el cuerpo técnico para consolidar un grupo unido y recordó que la mayoría de los jugadores combina los entrenamientos con sus responsabilidades laborales y familiares. Él mismo trabaja en una ferretería y explicó que sostener la disciplina diaria requiere un esfuerzo que muchas veces permanece invisible para quienes solamente observan el partido de los fines de semana.

Por su parte, Rodríguez profundizó esa idea al señalar que una de las mayores fortalezas del equipo fue aprender a responder de manera colectiva frente a las adversidades. Durante la entrevista radial sostuvo que, cuando aparecen los errores, el grupo evita buscar culpables y concentra todas sus energías en encontrar soluciones. Comentó que esa fortaleza emocional también se entrena y que fue una de las bases del crecimiento deportivo alcanzado durante los últimos dieciocho meses.
Mucho más que un campeonato
Para el entrenador, la obtención del Torneo Asociativo representa mucho más que un trofeo. “El abuelo”, como le dicen al director técnico sostuvo, que el título corona un proyecto iniciado hace aproximadamente un año y medio junto a dirigentes y jugadores que apostaron por construir un equipo competitivo sin resignar valores. Según comentó, el verdadero objetivo siempre fue posicionar a Capuchinos como una institución capaz de competir al máximo nivel, entendiendo que ganar y perder forman parte del deporte, pero que el compromiso nunca puede negociarse.

El entrenador también dedicó palabras de reconocimiento a cada integrante del plantel y a los dirigentes que impulsaron el proyecto desde sus comienzos. Agradeció el esfuerzo cotidiano de jugadores que entrenan después de cumplir con sus trabajos, de quienes tienen familia y aun así encuentran tiempo para representar al club con responsabilidad. «Somos un proyecto de dieciocho meses», comentó, al remarcar que el éxito actual es el resultado de un proceso mucho más amplio que un solo torneo.
El sentido de pertenencia
Aunque no surgió de las divisiones inferiores de Capuchinos, Agustín Pérez aseguró sentirse plenamente identificado con la institución. Recordó que fue uno de los primeros jugadores convocados cuando comenzó a conformarse el plantel de Primera División y explicó que aceptó el desafío porque encontró dirigentes comprometidos y una idea de trabajo seria. El reconocimiento de los hinchas terminó fortaleciendo ese vínculo.
El jugador comentó que una de las mayores satisfacciones fue ver a la gente celebrar junto al equipo después de la consagración. Más allá de la medalla o del trofeo, aseguró que sentirse parte de una comunidad que valora el esfuerzo realizado representa una recompensa difícil de explicar.

El verdadero valor de un equipo
La charla en 3200 Radio concluyó con un profundo agradecimiento hacia quienes acompañaron durante toda la temporada. Tanto Rodríguez como Pérez coincidieron en destacar el respaldo de dirigentes, compañeros e hinchas, convencidos de que el campeonato pertenece a todos los que hicieron posible el proyecto.
En este marco, el tiempo irá desgastando los aplausos, las camisetas y hasta las redes de los aros. Sin embargo, seguirá intacta la historia de un grupo que decidió caminar unido cuando el camino todavía no prometía ninguna recompensa. Y quizás allí resida el verdadero valor de un equipo: comprender que las victorias más importantes no siempre se cuentan en el marcador, sino en la huella que dejan quienes aprendieron que el esfuerzo compartido también puede convertirse en una forma de poesía.










