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Por siempre serán héroes

Guillermo Pérez relató sus experiencias durante y después de Malvinas. El deporte, las escuelas y el legado, en 3200.

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“Yo me entero que íbamos a Malvinas el primero de abril. Yo estaba en ese momento en el destructor ARA Santísima Trinidad, un buque que recién se incorporaba a la flota de mar”, dijo a modo de introducción directa de cómo participó en aquel conflicto bélico de 1982.

El desembarco

“Estábamos muy cerca de las islas, de hecho a las 10 de la mañana nos dijeron eso que se ve al sur son las Malvinas, allá vamos nosotros”, relató sobre el inicio mismo de lo que fue el desembarco argentino para recuperar el mando de las islas que estaban en manos británicas desde 1833.

Guillermo Pérez en Malvinas.

Guillermo Pérez es electricista naval de Concordia y formó parte de la tripulación del ARA Santísima Trinidad durante la Guerra. El buque comandó la denominada “Operación Rosario”, que desembarcó en las islas el 2 de abril de aquel año. Eso hizo que él no viviese desde cerca la euforia de la despedida de los soldados; pero sí vivió en carne propia la falta de reconocimiento y el trato recibido al final del conflicto.

El fútbol, “un reparo ante tanta angustia”

Durante la Guerra, encontró en el fútbol un reparo ante tanta angustia, dolor e incertidumbre de no saber si había un mañana. “Nosotros, al tener un buque de primera línea que tenía capacidad para tomar red satelital o redes de frecuencia que no eran de combate, o sea, podíamos captar la señal de televisión o algunas radios cuando se nos permitía”, contextualizó.

Y entonces, contó que “cuando estábamos cerca de la costa y alejados un poquito de la zona de conflicto, poníamos la televisión y ahí nos enterábamos de qué pasaba y, por supuesto, los canales que se preferían eran los del deporte y ahí nosotros decíamos: «bueno, estamos combatiendo, estamos jugando al fútbol”. En ese momento, nos olvidamos un poco de lo qué pasaba en la guerra”, admitió.

Aclaró, en la entrevista concedida al programa radial 179 de “3200, el código del deporte”, que “no dejamos nuestro puesto de combate, pero aquellos que estábamos libres podíamos disfrutar de ese momentito. Era muy importante para salir de las conversaciones comunes que eran estrictamente militares y ponerse a hablar de lo que era fútbol, lo que era la Argentina. Eso nos favorecía mucho y nos levantaba mucho el espíritu”, cerró sobre lo que ocurrió en España donde desafortunadamente Argentina no pudo defender el título conquistado 4 años antes.

No obstante, otra vez habló de la selección argentina cuando 4 años después sintió un alivio especial. Ya había pasado el enfrentamiento armado, pero aún las heridas estaban abiertas y el dolor estaba latente en millones de argentinos que encontraron en el fútbol una oportunidad para medirse nuevamente frente a los británicos.

La “caricia al alma” de Maradona en el 86

La primera vez había sido en 1984 cuando Independiente venció 1 a 0 a Liverpool por la Copa Intercontinental, pero el duelo del 22 de junio de 1986 tuvo otro cariz: la bandera argentina volvió a flamear en un mismo sitio donde estaba la británica. Lo que vivo después, durante los 90 minutos de juego, fue épico y uno de los encuentros más recordado en la historia de los mundiales.

¿Cómo vivió aquello Guillermo Pérez? “Para nosotros fue como un desahogo que teníamos a través del camuflaje de cómo hizo él ese gol. Ese gol estaba bien camuflado, bien trabajado. Si nosotros también hubiésemos utilizado, allá en Malvinas, más camuflaje, otro hubiese sido nuestro destino”, respondió y completó: “sí, era una situación distinta, era como una caricia que nos daba Maradona para aquellos que volvimos”.

El compañerismo

Pérez lleva décadas pregonando un mensaje lleno de reivindicación de los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas, paz y mucho valor. Lo hace por muchas razones, pero entre otras seguramente porque encontró en sus pares un compañerismo que trascendió épocas, políticas y contextos más o menos propicios para ellos. Siempre están.

Aquel vínculo, paradójicamente, nació en el medio de una guerra. Por eso, no dudó en responder con esperanza cuando se le preguntó qué fue lo positivo que le quedó de aquellos 74 días que duró la Guerra: “esa situación te invita mucho al amor. Te invita al compañerismo, a saber quién es el prójimo. Ahí te das cuenta que el prójimo sos vos. ¿Por qué? Porque el que está al lado es el prójimo de él y, entre los dos, nos tenemos que ayudar”, explicó el excombatiente.

Reconocimiento y legado

-En vísperas del 2 de abril hay una preocupación especial por poner en cuidado los espacios destinados a homenajear a los héroes y caídos en Malvinas. Después, se invisibiliza un poco.

-Es lo que nosotros siempre estamos bregando, que Malvina son los 365 días al año, todo el año es Malvina y no nos saturen en una semana de querer hacer lo que se puede hacer en 12 meses.

-Recientemente, hubo un cambio en el ámbito legislativo provincial respecto al tratamiento de Malvinas en las escuelas entrerrianas.

-Nosotros contantemente estamos yendo a los colegios por la causa Malvina, Pero el 2 de abril a nosotros nos entristecía que únicamente veíamos papeles, cartelería y nada más, pero ahora se aprobó una norma por lo que Malvinas pasó a Forma 1 (denominación que tienen los actos patrios más importantes en el calendario escolar). En el día del veterano de guerra y los caídos de la guerra de Malvinas, ahora en una escuela será con un acto con la misma jerarquía que el del 25 de Mayo o del Día de la Independencia, la misma importancia en cuanto a su organización y al desarrollo.

La recuperación, desde las aulas

Por último, consultado por el mensaje para las nuevas generaciones, respondió: “nosotros lo que más decimos es que las armas son destructivas, para el que gana destruye, para el que para el que pierde destruye”, marcó y afirmó: “ellos, los alumnos, las nuevas generaciones, aquellos que están creciendo, tienen un arma que es muy poderosa y es la capacidad de prepararse, la capacidad de estudiar”, destacó.

“Las armas de ellos están en sus mochilas, en sus libros, porque esta guerra se va a ganar, pero en forma intelectual, en forma política, en forma diplomática. Eso es lo que queremos”, sentenció.

Dijo, para terminar, que “eso no se puede lograr si no logramos la bandera argentina flamee en los mástiles, ¿no? Que cuando se va a izar la bandera tomemos conciencia que esa bandera que va hacia la punta de flecha, hacia la media luna, va buscando alzar a la patria. Tomemos conciencia de eso y que los chicos no se peleen por no izarla, que se peleen por izarla”, cerró.