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jiu jitsu

La lucha empieza con uno mismo

Marcos Petit, director de Gracie Barra Concordia compartió su recorrido en el jiu jitsu, y el valor de aprender a superar las dificultades.

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El aprendizaje de un arte marcial puede comenzar con una técnica, un movimiento o una inquietud personal. Con el tiempo, también puede convertirse en una manera de afrontar las dificultades, construir vínculos y descubrir capacidades. Sobre esa experiencia habló Marcos Petit, director de la escuela Gracie Barra Concordia, durante su visita a los estudios de Oíd Mortales Radio.

Con 26 años de recorrido en los deportes de lucha, Petit encontró en el jiu jitsu una actividad que atraviesa su vida. Es abogado, profesor y practicante, y desde esos lugares sostiene una mirada en la que el entrenamiento está estrechamente relacionado con el desarrollo personal. Durante la charla, explicó cómo trabajan en la academia, qué encuentra una persona cuando se acerca por primera vez y por qué aprender a convivir con la frustración también forma parte de la enseñanza.

Antes de entrar en esos temas, agradeció el espacio para difundir la disciplina y destacó la importancia de acercar el deporte a la comunidad, especialmente a los jóvenes. Esa preocupación por compartir lo que la actividad puede aportar estuvo presente a lo largo de toda la conversación.

Un camino que comenzó mientras estudiaba

El vínculo con el jiu jitsu nació cuando se trasladó a Santa Fe para estudiar Derecho. Tenía 18 años y, mientras comenzaba su formación universitaria, conoció una práctica que despertó su interés y terminó acompañándolo durante las décadas siguientes.

“Empecé a entrenar porque me interesó, me gustó el arte marcial, el deporte, y de ahí no paré más”, recordó. Con el paso de los años, su experiencia se amplió hacia otras disciplinas: también compitió en judo y lucha olímpica, incorporando distintos aprendizajes dentro de los deportes de contacto.

Actualmente, su trabajo está concentrado en el jiu jitsu y en la escuela Gracie Barra Concordia, que integra un equipo internacional. Sin embargo, ese recorrido previo forma parte de la experiencia desde la que enseña y acompaña a sus alumnos.

Al explicar qué encontró en la actividad para sostenerla durante tanto tiempo, puso el foco en su transformación personal. “Me ha ayudado a desarrollarme como persona, a tener perseverancia y constancia en todos los aspectos de mi vida”, expresó. Lo que comenzó como una elección deportiva fue adquiriendo un sentido más amplio, con herramientas que pudo trasladar a su profesión y a su vida cotidiana.

Aprender cuando las cosas no salen

Una de las ideas centrales de la entrevista fue el lugar que ocupa la frustración en el aprendizaje. El concordiense explicó que el jiu jitsu propone una práctica en la que las personas se ponen a prueba de manera permanente. En el entrenamiento se lucha —o se “rola”, como se dice dentro de la disciplina— y no siempre se consigue resolver una situación como se esperaba.

“Es un arte marcial y un deporte donde no siempre se puede ganar, donde no siempre podés tener un buen día”, señaló. Para el profesor, atravesar esas experiencias ayuda a desarrollar resiliencia y a comprender que mejorar requiere tiempo.

Esa enseñanza adquiere especial importancia en el trabajo con los más jóvenes. “Es necesario que los chicos entiendan que la frustración es parte de la vida”, sostuvo. Frente a la expectativa de obtener resultados inmediatos, el entrenamiento propone un proceso: escuchar una explicación, intentar una técnica, equivocarse y volver a practicar.

En 3200 Radio, el luchador explicó que una primera dificultad puede llevar a pensar que una actividad no es para uno. Por eso, considera importante acompañar al alumno para que no interprete ese momento como un límite definitivo. Un movimiento que al principio no se comprende puede comenzar a salir en los intentos siguientes y consolidarse después de semanas o meses de práctica.

La posibilidad de reconocer esa evolución es, para él, uno de los grandes valores de la disciplina. Cuando una persona logra realizar un derribo o un control que antes creía imposible, también encuentra una referencia concreta de lo que pudo construir con esfuerzo y continuidad.

Ponerse a prueba también es competir

En esa mirada, la competencia tiene un significado que excede la participación en un torneo. Petit planteó que también existe un desafío cada vez que una persona entra al tatami, se encuentra con una situación nueva y busca resolver.

“Competir hablo no solamente de entrar a un torneo, sino de ir al tatami y ponerse a prueba, luchar, aprender algo nuevo”, explicó. El objetivo es que cada alumno pueda identificar sus avances y entender que las dificultades forman parte de ese recorrido.

Durante la charla con 3200, esa reflexión permitió abordar el aporte del deporte en momentos en los que una persona se siente estancada. Incorporar una actividad, asumir pequeños desafíos y encontrar un grupo puede ayudar a construir una dinámica diferente en la vida cotidiana.

El entrenador relacionó esa idea con uno de los valores de la academia: el desarrollo. “El desarrollo no es solamente deportivo o marcial, sino el desarrollo como persona”, afirmó. Desde su perspectiva, el trabajo dentro del tatami busca acompañar una mejora que también tenga sentido fuera de él.

 

Empezar a los 30, a los 40 o a los 50

La edad fue otro de los temas de la entrevista. Petit contó que en la escuela hay personas que se acercan por primera vez a los 30, 40 y 50 años. Algunas llegan con curiosidad, pero también con dudas sobre si podrán realizar los movimientos que ven durante una clase.

Esa incertidumbre aparece, por ejemplo, cuando alguien observa desde afuera y cree que una técnica está fuera de sus posibilidades. Para el profesor, el punto de partida es reconocer las capacidades de cada persona y acompañar su aprendizaje de manera progresiva.

“Dentro de las capacidades de cada uno, lo va a hacer más rápido, más lento, más técnico o no, pero lo podés hacer”, aseguró. La continuidad en la práctica permite construir una base y descubrir posibilidades que muchas veces no se conocían antes de comenzar.

En ese proceso, destacó la importancia de asistir con regularidad, integrarse y sentirse parte del equipo. El aprendizaje se sostiene tanto en el trabajo individual como en el vínculo con los compañeros y profesores.

Además, vinculó ese acompañamiento con la hermandad que buscan promover dentro de Gracie Barra. La intención, explicó, es estar cerca del alumno desde el primer día y ayudarlo a mejorar durante todo su recorrido en la actividad.

Una escuela que integra una comunidad internacional

Al hablar de la identidad de la academia, explicó que el jiu jitsu se organiza en equipos con presencia en diferentes ciudades y países. Gracie Barra forma parte de esa estructura y cuenta con una historia que conecta a sus distintas escuelas.

Según relató, la primera academia se fundó en 1986 en Barra da Tijuca, en Río de Janeiro. El nombre reúne el apellido Gracie y la referencia al lugar donde comenzó el proyecto. Durante la entrevista, señaló que el equipo se había extendido hasta superar las 1.200 academias en el mundo.

La escuela de Concordia integra esa comunidad, dentro de la cual Petit también mantiene su propio vínculo de formación. La pertenencia a un equipo aparece así en dos dimensiones: en el grupo que comparte diariamente el entrenamiento y en una red más amplia de profesores y practicantes.

En el plano local, describió un espacio en el que conviven personas de distintas edades y niveles de experiencia. Esa diversidad permite que quienes recién comienzan compartan la actividad con alumnos que llevan años de práctica y continúan avanzando en su formación.

Qué encuentra quien llega por primera vez

Para quienes tienen interés en conocer la disciplina, Petit recomendó comunicarse previamente con la academia a través de sus redes sociales. Coordinar la visita permite elegir una clase adecuada y disponer de un momento antes del entrenamiento para explicar cómo se desarrolla la actividad.

La escuela cuenta con clases para principiantes y avanzados. Para dar los primeros pasos, trabaja con un programa de fundamentos que, según explicó, se desarrolla durante unos seis a ocho meses y permite incorporar las bases del jiu jitsu.

La recepción inicial busca que la persona comprenda qué va a practicar. “Les explicamos en qué consiste la actividad, les explicamos a qué estamos jugando”, comentó. Esa presentación ayuda a conocer la lógica de la disciplina antes de comenzar a realizar sus técnicas.

“Nuestro deporte no tiene golpes, es un deporte de lucha donde se centra en el dominio y el control de la otra persona”, precisó. En su explicación, describió acciones como derribar, controlar en el piso y, dentro de la lucha deportiva, buscar una finalización a partir de ese control.

También diferenció esa práctica de los contenidos de defensa personal incluidos en la enseñanza. En ese caso, señaló que el enfoque tiene como principio la protección de la persona y la posibilidad de salir de una situación de riesgo.

La enseñanza y el lugar de alumno

En el tramo final de la entrevista, Petit habló del disfrute que encuentra en transmitir conocimientos. Lleva más de 15 años dando clases y reconoce en la enseñanza una parte importante de su relación con el jiu jitsu.

Al definir ese vínculo, eligió una frase que sintetiza la intensidad con la que vive la actividad: “Yo soy luchador de profesión”. Aunque también expresó su gusto por el ejercicio de la abogacía, dejó en claro el lugar central que los deportes de lucha ocupan en su identidad.

Además, señaló que la enseñanza del jiu jitsu constituye un medio de vida para profesores que se dedican a dar clases. De ese modo, la actividad también abre un recorrido laboral para quienes profundizan su formación y asumen la tarea de acompañar a otros.

En su caso, ser profesor no significó dejar de aprender. “Soy un alumno, sigo teniendo mi profesor, el mismo profesor hace 20 años”, expresó. Esa continuidad permite comprender su manera de entender la disciplina: incluso después de décadas de práctica, la formación sigue abierta.

Su paso por 3200, el código del deporte, dejó una mirada del jiu jitsu construida desde la experiencia y la enseñanza. En el tatami se aprenden técnicas, pero también se atraviesan dificultades, se reconocen avances y se construyen vínculos. Para Petit, acompañar ese proceso es una de las principales razones para seguir enseñando.