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Atletismo

Una marca para seguir creciendo

Dylan Van Der Hock fue el mejor argentino y sudamericano en Chicago, mejoró su marca personal con 2:17:43 y compartió su balance con 3200.

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En un maratón, el reloj cuenta una parte de la historia. La otra transcurre entre la preparación, las decisiones y los imprevistos que aparecen a lo largo de los 42,195 kilómetros. Dylan Van Der Hock terminó su participación en Chicago con una marca personal y con la convicción de que todavía tiene margen para crecer. En diálogo con 3200, el código del deporte, repasó su actuación, explicó las dificultades que debió resolver y compartió sus objetivos para los próximos años.

El nacido en Concordia finalizó en el puesto 48° con un tiempo de 2 horas, 17 minutos y 43 segundos, en la competencia disputada el domingo 11 de octubre. El registro mejoró en 3 minutos y 16 segundos las 2:20:59 que había conseguido en su debut en la distancia, en Nueva York, en noviembre de 2025. La victoria en Chicago quedó en manos del keniano Amos Kipruto, con 2:01:09.

“Estoy contento. Hay cosas para corregir, obviamente, pero estoy contento”, expresó Dylan. Esa satisfacción atraviesa su balance, incluso cuando vuelve sobre los detalles que le impidieron acercarse al tiempo que había imaginado.

Una marca en un escenario histórico

Chicago ocupa un lugar destacado en la historia del atletismo de fondo. Su etapa moderna comenzó en 1977, con unos 4.200 participantes, y su recorrido plano se convirtió en escenario de grandes actuaciones. Allí, Kelvin Kiptum estableció en 2023 un récord mundial de 2:00:35, una de las páginas más importantes de la competencia.

Integrante del circuito World Marathon Majors, la prueba combina la presencia de corredores de élite con miles de aficionados. Para Van Der Hock, competir en ese entorno representó una oportunidad de medir su evolución y reunir experiencia en una distancia que sigue aprendiendo a correr.

“La verdad que fui el mejor argentino y el mejor sudamericano en la prueba. Más allá de que me hubiese gustado correr más rápido, estoy muy bien, muy contento. Esto me da más ganas de seguir preparando el maratón”, afirmó.

El calor y una zapatilla que complicó la carrera

En su relato, el calor aparece como uno de los factores que condicionaron el esfuerzo. Dylan explicó que recurrió al agua de manera constante para refrescarse y que, con el paso de los kilómetros, sus zapatillas terminaron empapadas. A esa situación se sumó un inconveniente inesperado.

“Se me pegó una pegatina debajo de la zapatilla y me resbalaba, casi me caigo. Tuve que frenarme muy de golpe. Como me iba tirando agua todo el tiempo para refrescarme, se me había llenado la zapatilla de agua. En ese momento, cuando me freno para sacarme la pegatina, la plantilla se me va para adelante y queda toda doblada debajo y arriba de los dedos. Sentía que tenía dos talles menos de zapatillas”, contó.

El problema alteró las sensaciones de una carrera en la que, según explicó, se había sentido cómodo. “El recorrido era bastante plano, había mucha gente alentando. La verdad que corrí muy cómodo toda la carrera, solo que esos percances me hicieron cargar más los músculos”, señaló.

También observó las dificultades de otros participantes para sostener sus objetivos: “Hizo mucho calor. Muchas personas que salieron para buscar un récord terminaron corriendo mucho más lento de lo que pensaban o abandonaron. Muchos abandonaron”.

La preparación y los detalles por corregir

El entrerriano organiza actualmente sus propios entrenamientos. La respuesta física en Chicago lo dejó conforme con ese trabajo, aunque distinguió entre la preparación y la manera de resolver los días previos y la competencia.

“Creo que la preparación fue muy completa por las sensaciones que tuve durante el maratón. Iba muy cómodo. Hasta el kilómetro 20 o 25 iba a ritmo de 2 horas 15, que era lo que me hubiese gustado correr, y después rematar, salir a correr más fuerte. Me entreno solo, estoy haciendo mis propios entrenamientos y creo que todo iba al pie de la letra”, explicó.

La distancia, sin embargo, exige adaptarse cuando el plan empieza a encontrar obstáculos. “Son cosas que se aprenden en carreras tan largas. No podés jugar con factores como el calor, porque cuando te pega, te pega. La última hora del maratón se pone difícil y, si hace calor, mucho más”, sostuvo.

La hidratación también le demandó una detención. Había coordinado encuentros con su novia para recibir las botellas, pero uno de esos puntos no salió como esperaban. “Le dije que, si no encontraba la botella o no la encontraba a ella, la iba a buscar, que no había problema. Y pasó eso: en un momento no la encontré, tuve que irme al costado del recorrido, paré, busqué la botella y volví. Después tuve que acelerar un poco más para volver al grupo en el que estaba”, relató.

Aun con esos contratiempos, su evaluación del proceso fue positiva: “Preparé muy bien la comida, el entrenamiento y los fondos largos. Repetiría la misma preparación; cambiaría cómo ejecutar los días anteriores y el día de la carrera. Después hay cosas que a veces no se pueden controlar, como que la zapatilla no tuviera bien pegada la plantilla y se fuera para adelante”.

Entre las actividades previas también mencionó un desafío de un kilómetro en cinta, realizado dos días antes, en el que registró 2 minutos y 19 segundos. “No estoy seguro, pero creo que es cerca del récord nacional en pista, aunque obviamente fue en la cinta”, comentó. Se trató de un test y no de una marca oficial en pista. “Fue un fin de semana divertido. Volveré más adelante a buscar otro maratón e intentar correr más rápido, pero también hay cosas para corregir”, resumió.

Un tiempo que abre nuevas posibilidades

Las 2:17:43 tienen, para Dylan, un valor que supera la mejora personal. Considera que ese antecedente puede facilitarle el acceso a otras competencias y permitirle contar con mejores condiciones de largada.

“Ahora no pude largar con los élite, que salieron cinco minutos antes, ni con los subélite, que salieron tres minutos antes. Aun así, pude pasar a mucha gente de esos grupos durante el recorrido. Gracias a este tiempo me puedo empezar a ubicar y buscar maratones en los que la logística de largada sea más fácil”, explicó.

En esa proyección también aparece la posibilidad de recibir invitaciones: “Esta marca ya me deja ubicado en una posición en la que me pueden invitar a más carreras. Hay maratones difíciles que se ganan con estos tiempos”.

Cada experiencia forma parte de un proceso que piensa a mediano plazo. “Vale aclarar que todas estas carreras y preparaciones están basadas en el próximo año o los próximos dos, para pegar un gran salto en el maratón. Estoy muy contento con la carrera”, remarcó.

Representar al país, el próximo objetivo

La actuación en Chicago renovó su ilusión de vestir la camiseta argentina. Al hablar del equipo para el Sudamericano de maratón, comparó su registro con los tiempos de los atletas convocados, aunque aclaró que la selección se había definido antes de su participación.

“Para el Sudamericano llevan a chicos de 2 horas 18 y yo corrí 2 horas 17. Eso me da más ganas de seguir preparando la prueba. Eligieron el equipo dos días antes de que yo corriera, así que no hay quejas por eso, porque las cosas son como son. Sabía que, si quizás corría otro maratón antes en el año, iba a representar a Argentina”, manifestó.

Su aspiración va más allá de una convocatoria puntual: “La idea es ser un corredor de menos de 2 horas 10 en un par de años. El año que viene quiero intentar la clasificación a campeonatos internacionales y, para eso, apunto por lo menos a bajar las 2 horas 12. Estamos en camino, todo va encaminado para eso”.

Recuperarse para volver a intentarlo

Antes de elegir la próxima carrera, Van Der Hock evaluará cómo responde su cuerpo después de Chicago. La recuperación será el primer paso para ordenar un calendario que también estará condicionado por el invierno en Wyoming, donde realiza su preparación.

“La planificación va a depender de la recuperación de este maratón y de cómo pueda entrenar la semana que viene. Ahí voy a empezar a armar el calendario y ver qué corro. Se viene el invierno y, con el frío en Wyoming, será más difícil entrenar. Seguramente habrá que ajustar la manera de hacerlo, con menos kilómetros y cuidando la intensidad”, anticipó.

Si las sensaciones lo acompañan, le gustaría volver a competir en la distancia entre diciembre y enero. “Si termino muy bien la recuperación, buscaría otro maratón para demostrarme a mí mismo que puedo bajar esta marca. Buscar un ritmo más fuerte en una carrera mejor preparada en esas cosas que se pueden prever y que no tienen que ver con lo físico”, explicó.

Chicago le dejó un tiempo para celebrar y una lista de detalles para revisar. Entre ambos aparece el valor de esta experiencia que fue confirmar que el trabajo da resultados y reconocer dónde puede mejorar. Dylan corrió más rápido que nunca en un maratón. Ahora quiere que esa llegada sea el comienzo del próximo salto.