Gimnasia Artística
Mayol, el bronce y lo que sigue
El gimnasta visitó 3200 Radio tras los Juegos Suramericanos y compartió la emoción del logro por equipos, su balance individual y el valor de seguir creciendo.
Santiago Mayol llevó su medalla a los estudios de Oíd Mortales, pero la conversación permitió descubrir mucho más que el bronce. Detrás de ese logro aparecieron la alegría de competir cerca de sus afectos, la confianza de un equipo que sigue construyéndose y la exigencia de un deportista que, aun después de subir al podio, vuelve sobre sus actuaciones para entender qué puede mejorar. Recién llegado a Concordia, el gimnasta visitó 3200 Radio y compartió un balance atravesado por esas emociones: el orgullo por lo conseguido y la inquietud por aquello que todavía quiere alcanzar.
Antes de comenzar la entrevista, el aire reunió dos historias de la ciudad. A través de una comunicación telefónica, Mayol intercambió unas palabras con Mía Yaya, ganadora de la medalla de bronce con el equipo argentino de golf. “Qué locura. Dos concordienses, la misma medalla”, expresó Santiago, sorprendido por la coincidencia. Ella lo felicitó y él le devolvió el saludo, en un encuentro breve que permitió reconocer la dimensión de lo que ambos habían logrado. Desde escenarios diferentes, los dos habían llevado a Concordia hasta un podio suramericano y ahora compartían esa alegría ante los micrófonos.
Un bronce construido en equipo
Argentina consiguió el tercer puesto en gimnasia artística masculina con 304,400 puntos, detrás de Brasil, que sumó 310,500, y Colombia, con 305,600. “Meme” compartió la conquista con Ivo Chiapponi, Daniel Villafañe, Luca Alfieri, Matías Coralizzi y Nahuel Pardo, en una formación que combinó experiencia internacional con gimnastas que comenzaban a compartir sus primeros grandes desafíos dentro del seleccionado mayor. Para el entrerriano, una parte importante del resultado se empezó a construir durante la concentración previa en Rosario, donde la convivencia les permitió conocerse mejor y fortalecer la confianza antes de salir a competir.
“Fue muy linda la química que hubo dentro del equipo”, destacó. Algunos ya habían coincidido en numerosos viajes; con otros, el vínculo dentro de la selección era más reciente. Sin embargo, encontró una conexión que hizo que el acompañamiento durante las pruebas surgiera con naturalidad. Esa experiencia lo dejó satisfecho por el presente y también por lo que puede venir que es la posibilidad de sostener un grupo unido mientras se incorporan nuevos integrantes y se renuevan los desafíos.
A esa alegría se sumó la posibilidad de competir en el país, con familiares y amigos en las tribunas. “Estoy muy contento por haber logrado la medalla por equipo, porque mi familia, mis familiares hayan ido a verme, mis amigos, que haya sido la competencia en Argentina, que estuvimos de local”, expresó. El acompañamiento del público quedó entre los recuerdos más intensos de su participación y contó que el aliento se sostuvo durante las pruebas y alcanzó también a los rivales. Después de haber recorrido numerosos torneos internacionales, ubicó el ambiente de estos Juegos entre los mejores que le tocó vivir. “Fue una sensación muy linda, la verdad que un torneo inolvidable, que lo voy a recordar siempre”, aseguró.
La exigencia detrás del resultado
En la competencia individual, Mayol terminó quinto en el All-Around, a solo 0,350 puntos del podio, y quinto en la final de caballete con arzones. Los resultados lo ubicaron entre los protagonistas del certamen, aunque su evaluación estuvo atravesada por las expectativas con las que había llegado. Quería estar más arriba en la clasificación general, alcanzar la final de suelo y disputar una medalla en arzones. Por eso, cuando le preguntaron qué sensaciones le habían dejado los Juegos, encontró una manera directa de describirlas: “Yo creo que es un 50 y 50”. La satisfacción por el logro colectivo convivía con el disgusto por no haber podido expresar todo lo que sentía que había preparado.
“Yo siento que la preparación fue muy buena, pero a la hora de ejecutar lo que tenía que hacer, fallé ahí, me puse nervioso, me pesó la presión de saber que tenía que hacer las cosas bien”, explicó. Su análisis se concentró en la propia actuación, especialmente en el momento de subir al caballete. Reconoció que saberse con posibilidades de pelear una medalla le agregó una presión que le costó manejar: “Mi cabeza estaba en mil cosas”. En una disciplina que exige precisión, ese instante de desconcentración tuvo un peso importante en su balance.
Mayol habló con la franqueza de quien necesita comprender lo ocurrido para seguir avanzando. Aclaró que su malestar era consigo mismo y asumió las dificultades que había tenido durante la ejecución. Desde afuera, dos quintos puestos y una medalla por equipos permiten reconocer un gran torneo; desde su mirada, también quedan movimientos por revisar y objetivos pendientes. En esa distancia entre el reconocimiento y la exigencia personal apareció una parte del deportista que el resultado no siempre muestra: alguien capaz de celebrar lo conseguido y, al mismo tiempo, preguntarse cómo dar un paso más.

Guillermo Avio, el valor de entenderse con una mirada
En ese recorrido estuvo nuevamente Guillermo Avio, el entrenador que acompaña a Santiago desde chico y con quien construyó una relación que atraviesa buena parte de su vida deportiva. Su presencia en los Juegos tuvo el valor de esa continuidad: compartir un nuevo escenario internacional con alguien que conoce sus tiempos, sus necesidades y su manera de afrontar la competencia.
“Sabe lo que yo necesito, yo sé lo que él necesita”, explicó Mayol al hablar del vínculo. Luego lo resumió con una frase que permite dimensionar tantos años de trabajo compartido: “Solamente con miradas ya sabemos cómo son las cosas”. Detrás de esa comprensión hay entrenamientos, viajes, correcciones y experiencias acumuladas. El aporte del entrenador también forma parte de lo que sostiene una actuación internacional: estar cerca, reconocer qué necesita el gimnasta y acompañarlo cuando llega el momento de trasladar a la competencia todo lo trabajado.
El regreso encontró a ambos retomando sus actividades. Santiago contó que Guillermo ya estaba poniéndose al día en el gimnasio después de las semanas de ausencia, con la responsabilidad de atender ese espacio mientras se aproxima otro viaje. Esa escena también habla de la tarea de Avio: acompañar a un deportista en la elite y volver a Concordia para continuar con el trabajo cotidiano. Allí se sostiene el recorrido que después se ve durante unos segundos sobre un aparato, cuando una rutina concentra años de preparación.
Los Juegos más allá de la competencia
La experiencia también dejó recuerdos vinculados con la organización y la vida dentro de la villa. Desde su vivencia, Mayol valoró los traslados, el cumplimiento de los horarios y las condiciones del departamento donde se alojó el equipo argentino. Señaló que contaban con gimnasio, sala de juegos, comedor y otros servicios que favorecieron la estadía. También relató que la organización debió resolver dificultades con la llegada de equipamiento y recurrir a aparatos utilizados en Asunción 2022. Aun con esos contratiempos, su evaluación fue positiva: “Para mí estuvo muy a la altura”.
Entre los aspectos que más disfrutó estuvieron los encuentros con otros deportistas. En los entrenamientos, en el comedor o a partir de un intercambio de pines, surgieron conversaciones con representantes de distintas disciplinas y países. “Eso es lo lindo de los Juegos, que hay mucha convivencia, conocés gente nueva que capaz que nunca conocerías, y es gente increíble”, expresó. Son vínculos que se construyen mientras el torneo avanza y que permanecen cuando las delegaciones regresan a sus lugares de origen; una parte de la experiencia que rara vez encuentra espacio en las transmisiones, pero que para sus protagonistas tiene un valor especial.

La charla también incluyó una reflexión sobre las condiciones en las que compiten los deportistas argentinos. Mayol señaló las diferencias de recursos y apoyo respecto de otras delegaciones de la región y manifestó su preocupación por la situación local. En ese contexto, recuperó las palabras de un compañero: “No competimos por la plata, sino que competimos por la pasión, por el amor que le tenemos al país”. Desde esa convicción explicó el compromiso de salir a dar lo mejor, incluso cuando la preparación y la participación se desarrollan en condiciones que podrían ser mejores.
La próxima estación, el Mundial
El descanso después de los Suramericanos fue breve. Durante su visita a 3200 Radio, Mayol contó que ya había vuelto al gimnasio y que tenía por delante unas cuatro semanas de preparación para el Mundial de Rotterdam, en los Países Bajos, donde anticipó que participaría en el All-Around. “El Mundial es un certamen que demanda mucho en lo físico y en lo mental. Siento que necesito prepararme bien”, afirmó. La cercanía de esa competencia convierte el balance de los Juegos en una herramienta inmediata: revisar lo sucedido, recuperar la concentración y seguir trabajando sobre aquello que quiere mejorar.

Según detalló, le tocará compartir subdivisión con Japón, Estados Unidos y Gran Bretaña, tres potencias de la gimnasia mundial. La posibilidad de coincidir con esos equipos en entrenamientos y competencia le despierta entusiasmo, aunque también reconoció los nervios que genera semejante nivel de exigencia. Viajará para competir de manera individual y formará parte de un grupo mixto junto a gimnastas de otros países. Será otra oportunidad para medirse, aprender y sumar experiencia en un escenario donde cada rutina exige su mejor versión.
Antes de despedirse, Santiago puso en perspectiva lo que significa aportar un medallista desde Concordia a una selección integrada mayoritariamente por deportistas de grandes centros urbanos. “Para lo que es la gimnasia es un logro muy, muy importante”, sostuvo. Su reflexión permitió volver sobre el lugar donde empieza todo: el gimnasio, el trabajo con Guillermo Avio y la perseverancia necesaria para sostener una trayectoria internacional desde la ciudad.










