Fútbol
Dos juveniles concordienses que crecen en el “Halcón”
Juan Bogado y Santino Giménez, formados en Concordia, cuentan su presente en las inferiores de Defensa y Justicia.
El fútbol tiene una forma particular de nacer porque no pide permiso, no entiende de edades y no mide distancias. Simplemente aparece. En una cancha de tierra, en un club de barrio o en una tarde cualquiera que termina siendo decisiva. Así comenzaron las historias de Juan Adolfo Bogado y Santino Giménez, dos juveniles concordienses que hoy forman parte de las inferiores de Defensa y Justicia, el “Halcón de Varela”, y que llevan consigo un sueño deportivo.
Ambos, en diálogo con 3200, el código del deporte, repasaron sus caminos desde los primeros pasos en el fútbol hasta su presente, un recorrido marcado por decisiones difíciles, cambios de vida y aprendizajes tempranos. Con sinceridad, hablaron del sacrificio que implica crecer lejos de casa, de la adaptación a nuevas rutinas, la distancia con sus familias y todo lo que conlleva sostener un objetivo que no se construye de un día para el otro, sino paso a paso, con esfuerzo, disciplina y la esperanza intacta de llegar algún día a Primera.
Juan Bogado, una historia de crecimiento
Juan tiene 15 años y juega en la Octava División del club. Su historia en el fútbol comenzó muy temprano, en un recorrido que lo llevó por varios clubes de Concordia antes de dar el salto a Buenos Aires. “Empecé jugando en Unión de Villa Jardín y en Constitución “sostuvo, recordando una infancia atravesada por la pasión por la redonda.


Luego continuó su formación en Estudiantes de Concordia y El Olimpo, hasta que una oportunidad lo acercó a un nivel mayor. “A los nueve años fui a probarme a Estudiantes de La Plata y quedé esa misma semana”, comentó, marcando un punto de quiebre en su crecimiento deportivo.

Tiempo después llegó el momento de Defensa y Justicia. “Fui a probarme y quedé el mismo día”, expresó, con la simpleza de quien todavía dimensiona lo que logró. Pero el salto no fue solo deportivo. También fue emocional y familiar. “Era muy chico, pero fue una emoción muy grande. Mi mamá decidió dejar todo y acompañarme”, recordó. Sin embargo, también reconoció el lado más duro del cambio: “Lo más triste fue dejar a mis amigos de la escuela y del fútbol”.

La llegada a su nueva vida coincidió con la pandemia, lo que profundizó aún más la adaptación. “Estuvimos todo el año encerrados, con clases online y entrenando por Zoom”, comentó. Hoy, su rutina combina entrenamientos, viajes desde City Bell y escuela, con poco tiempo libre. Aun así, el objetivo sigue firme. “Quiero debutar en Primera y decirle a mi mamá: mirá hasta dónde llegué. Porque si no fuera por ella, hoy no estaría acá”, sostuvo.

Santino Giménez: decisiones, familia y crecimiento
Santino tiene 14 años y también forma parte de la Octava División de Defensa y Justicia. Su historia comenzó en El Olimpo, donde dio sus primeros pasos a los cuatro años. “Mis primeros pasos fueron en Olimpo desde los 4 hasta los 9 años”, comentó. Más tarde pasó a Estudiantes de La Plata, donde continuó su formación durante varios años hasta que una decisión familiar marcó un nuevo rumbo.

“Por motivos personales, mis padres me preguntaro si queríamos seguir o irnos a Defensa y Justicia. Y la decisión fue pasar a un nuevo club”, sostuvo, destacando el acompañamiento en cada etapa. La distancia con Concordia fue uno de los puntos más difíciles del proceso. “No fue fácil, tenía familiares y amigos, pero mis padres me acompañaron en todo este trayecto”, expresó.

Hoy su vida transcurre entre entrenamientos, estudio y la pensión del club. “Me levanto a las 6, desayuno, entreno de 7:30 a 10:30, después voy al colegio y a la tarde estoy con mis compañeros”, comentó. También destacó el cambio en la exigencia deportiva. “El nivel de juego, la exigencia diaria y los predios deportivos son muy diferentes”, sustentó, marcando la diferencia entre el fútbol de su ciudad y el de un club de Primera División.

El fútbol como escuela y refugio
Aunque sus recorridos son distintos, hay un punto en común que atraviesa ambas historias: la familia como sostén y el fútbol como horizonte. Juan lo expresó con claridad al afirmar que “no tuve un referente masculino, pero sí a mi mamá, que siempre estuvo y está”. Santino, en la misma línea, sostuvo que “mi familia siempre me acompaña y me ayuda en cada momento de mi vida”.
En ambos casos, el sueño final se parece. Juan busca llegar a Primera para devolvérselo a su madre. Santino quiere lograrlo para ayudar a su familia. Dos motivaciones distintas que se encuentran en la misma dirección: seguir creciendo.
Lo invisible detrás del sueño
La entrevista realizada por 3200, el código del deporte, deja en evidencia que detrás de cada juvenil hay una historia que no siempre se ve. No solo hay entrenamientos y competencia, sino también despedidas, cambios de vida, madurez temprana y una construcción constante lejos del hogar.
Juan Bogado y Santino Giménez representan a tantos chicos del interior que se animan a perseguir un sueño grande desde muy temprano. Y en ese camino, entre la exigencia y la nostalgia, siguen escribiendo una historia que apenas empieza.









