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Oi, gente!

Un nadador concordiense en Garopaba

Agustín Martínez me recibió en su escuela de natación Pinguirito para contarnos sus comienzos deportivos y cómo eso lo trajo hasta acá.

Celi Strassera

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Me gusta decir que en cualquier lugar del mundo si levantás una piedra aparece un concordiense. Y sino, alguien que conoce a un concordiense. Encontrarme con un coterráneo dentro del agua —y estando lejos de nuestra tierra natal— me pareció simbólico. Fue en la pileta de natación que hoy gestiona Agustín donde, hace dos años, volvimos a charlar y a recordar nuestro tiempo en Concordia.

El inicio

Agustín se declara nadador de toda la vida y es una actividad que lo hace hoy pensar en Garopaba como un lugar donde vivir a largo plazo. Se crió en Concordia y empezó a nadar con cuatro años de edad en el Club Hípico. Después, fue pasando por distintos profesores y escuelas, siempre con el deporte como norte.

Luego de terminar el secundario, Agustín se fue a Buenos Aires a estudiar medicina. En esos años se recibió de salvavidas y comenzó a trabajar en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), hoy devengada en Secretaría. Allí conoció el mundo de la discapacidad y la rehabilitación. Una cosa llevó a la otra y un día, ante la falta de un profesor, terminó dando clases y finalmente como entrenador del equipo de rugby en silla de ruedas. Esto lo trajo por primera vez en su vida profesional a Brasil, más específicamente a Curitiba, para participar de un torneo Sudamericano. Sin querer descubrió un mundo que le encantó y volvió a la Argentina con la idea de instalarse en Brasil.

La llegada

Agustín tenía una prima que vivía en Ferrugem —una de las playas de Garopaba— a quien le consultó sobre los papeles necesarios para venirse, cómo era el tema laboral y de vivienda acá. Una vez que tomaron la decisión junto a su pareja Lili —actual esposa y madre de su hijo Pedro— se embarcaron en la aventura de instalarse en Brasil.

Ese verano, hace doce años atrás, Agus hizo el curso de salvavidas y trabajó en las playas garopabenses. Una vez terminada la temporada repartió curriculums por todos lados y comenzó a trabajar en la fábrica de Mormaii, una empresa nacida y creada en Garopaba. Agus confeccionaba trajes de neoprene y, en los tiempos libres, seguía tratando de abrirse camino en el mundo del deporte.

El camino

Un día pasó por la entonces denominada Academía Pinguirito (gimnasio y natatorio) y vio que buscaban profesor de musculación. Agus todavía no estaba recibido de profesor de educación física, pero su mujer, Lili, sí. Fue así que ella comenzó a trabajar ese mismo lunes en Pinguirito y Agus, con el tiempo y en los tiempos libres que le dejaba la fábrica Mormaii, fue dando alguna que otra clase.

También se presentó en otra pileta de Garopaba, pero como no tenía el título de profesor el dueño dudaba en contratarlo, hasta que lo vio en acción. Entonces, mientras daba clases, cursó y se recibió en la Facultad de Educación Física en Brasil.

Pinguirito

Pinguirito abrió sus puertas en los 2000 y me animo a decir que, por causa de la pandemia, cerró en el 2020. Tres años después, Agustín se acercó junto a un amigo a charlar con Briguitte Wiedemeyer —bodysurfer y dueña del lugar— para reabrir la escuela de natación.

Briguitte embelleció cada uno de los rincones y paredes de esa escuela con el arte del mosaiquismo y volcó memorias de viajes en lugares inesperados. Desde que uno ingresa al lugar se puede percibir el amor de Briguitte por la escuela. Durante la pandemia, tuvo que cerrar sus puertas y varios compradores se acercaron a ella para comprar el predio. Cuando le mostraban el proyecto y veía que iban a reformar todo el espacio, tirar abajo la recepción o borrar por completo las memorias que esas paredes guardaban, Briguitte desistía de la venta.

Entonces aparecieron Agustín y su amigo con una propuesta más tentadora, gerenciar el lugar sin comprarlo ni darle otra entidad. Esto permitió que Pinguirito siguiera existiendo, embelleciendo la experiencia de quienes iban a nadar. Todo ese arte y amor en cada rincón se ve reflejado también en Agustín, en su cuidado del espacio, en los profesores que conforman su equipo y en cómo dan las clases. Siempre nos han recibido con una sonrisa, con las piletas limpias, el espacio cuidado, con profesores que enseñan —con respeto y límites— a nadar a través del juego y luego refuerzan ese compromiso en las clases más avanzadas.

El deporte en su vida

Agustín nos cuenta en su entrevista para @3200Deportes que, actualmente, nada dos veces por semana, aunque deja entrever que es algo que le gustaría hacer más. Dice que el deporte es una herramienta de sociabilización, un medio para salir de situaciones difíciles que atravesamos en la vida y que practicar deportes es fundamental para tener una mejor calidad de vida. Además, Agus recalca que el deporte es educación y que no solo implica enseñar a nadar, sino también aprender a respetar al compañero, al profesor, al turno. Involucra superar frustraciones, seguir intentando, ser constante y persistente, dedicarse y poner empeño en lo que uno hace.

Gracias por llegar hasta acá. Te invito a seguir leyendo, viendo y escuchando sobre estos y otros temas que me (nos) interpelan en @oidmortalesradio, @3200Deportes y @celinastra.