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Miércoles curioso

Ocho veces la mejor del Mundo: talento, humildad y esencia de líder

Luciana Paula Aymar, la mejor jugadora del hockey sobre césped argentina y una gran persona.

Delfina Cabral

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Su fuerte carácter dentro de la cancha generaba roces con su marca y con las rivales en sí. Lo peculiar de ella cuando jugaba era la intensidad, la estrategia y el temperamento. Sin embargo, una vez que salía del partido, fuera cual fuera el resultado, era una chica muy introvertida, reservada, humilde y comprometida que no llamaba la atención.

Así fue como logró ser elegida Mejor Jugadora del Mundo en ocho ocasiones (2001, 2004, 2005, 2007, 2008, 2009, 2010 y 2013) y fue declarada Leyenda del Hockey en 2008 por la Federación Internacional de Hockey. Esto significó para la rosarina convertirse en la primera y la única en lograrlo cuatro años consecutivos, y logró superar a la leyenda del hockey australiano, Alyson Annan.

Además, obtuvo cuatro medallas en Juegos Olímpicos, cuatro podios en Mundiales, seis Champions Trophy y cuatro Juegos Panamericanos. Con la Albiceleste completó 376 partidos, convirtiendo 162 goles y fue capitana del equipo durante seis años.

El camino de su carrera deportiva

Nació el 10 de agosto de 1977 en Rosario, Santa Fe. Comenzó a jugar al hockey a los siete años en el Club Atlético Fisherton. Para luego en su adolescencia, a los trece años, pasar al Jockey Club de Rosario.

Además del hockey realizó tenis, pero llegó un momento donde tuvo que elegir y quedarse con uno solo, ¿por qué eligió el hockey? porque cree que lo que uno hace lo caracteriza como persona y ella la pasaba mejor en un deporte donde el trabajo era grupal.

Su carrera en Argentina fue en dos clubes. Del 2000 al 2007 estuvo en Quilmes Atlético Club, fue subcampeona en el Torneo Metropolitano 2006 junto a su equipo. Y del 2008 al 2014 formó parte de GEBA, con quienes logró el campeonato del Torneo Metropolitano y la Liga Nacional en 2008 y 2009.

Mientras que en el exterior fue parte de Rot Weiss Köln (Alemania, 1998), campeona de la Liga Alemana, y de Real Club de Polo (Barcelona, España, 2004), donde ganó la Copa de la Reina.

En paralelo a su carrera en los clubes se sumó en 1995 a la Selección Argentina de Hockey femenina, la que marcaría la historia de “Lucha” para siempre. En 1998 participó por primera vez de la nómina en la convocatoria a la Copa del Mundo de Utrecht.

Es parte de la generación que le otorgó el apodo de “Las Leonas” al equipo en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 y de obtener la primera medalla olímpica para el país en la historia de este deporte, una de plata en esta ocasión.

Otras medallas que consiguió fueron de plata en Londres 2012 y dos de bronce en Atenas 2004 y Pekín 2008. En Mundiales consiguió el tercer puesto en Madrid 2006 y La Haya, Países Bajos, 2014, pero también tuvo la oportunidad de festejar el campeonato en Perth, Alemania, 2002 y Rosario 2010.

Además de seis Champions Trophy, torneo entre selecciones nacionales que actualmente se disputa cada dos años: 2001, 2008, 2009, 2010, 2012, 2014. También, en Juegos Panamericanos ganó tres medallas de oro (Winnipeg – Canadá 1999, Santo Domingo – República Dominicana 2003 y Río de Janeiro – Brasil 2007) y una de plata (Guadalajara – México 2011).

El 7 de diciembre de 2014, a sus 37 años, y tras ganar su sexto Champions Trophy en Mendoza, decidió retirarse. En la final vencieron a Australia por penales 3 a 1. Fue todo un proceso personalmente, pero una charla con su mamá y la lesión que sufrió en el Mundial de 2014 fue una señal para poner fin a su carrera profesional.

La parte oculta de un retiro deportivo

No todos se lo toman de la misma manera a esta situación. Para Luciana, el retiro fue una carga más que un alivio. Pasó momentos difíciles de tristeza, pérdida de identidad por no tener una rutina y no saber qué hacer, pero gracias a la terapia logró salir de la situación. Aunque contaba con el apoyo de su entorno, ellos no entendían el vacío que sentía dentro de ella por dejar de sentir la adrenalina de vestir la camiseta argentina o de jugar un partido.

Actualmente vive en Chile con su pareja Fernando González, ex tenista, y sus dos hijos, Félix y Lupe. Y no se separó del mundo deportivo, compite en torneos de pádel.

Se siente orgullosa de lo que formó como mujer y como deportista. Tiene un libro “Corazón de Leona” de Luis Calvano y una película “Lucha, jugando con lo imposible”, un estadio que lleva su nombre “Estadio Mundialista de Hockey Luciana Aymar” y una escultura en Buenos Aires (costanera, Puerto Madero) y en Rosario (en el bar El Cairo).

Al recordar sus logros deportivos elige como los mejores salir campeona del mundo en 2010 en Rosario, por ser su ciudad natal y tener a sus familiares y conocidos cerca, pero también por el acompañamiento de la hinchada argentina. Además, la eligieron jugadora del Mundial.

También se queda con el Mundial de Perth porque fue el primero que ganaron con la camada. Y, por último, con Londres 2012 ya que fue su último Juego Olímpico y tuvo el honor de ser abanderada en la ceremonia de apertura del evento.

“Debe ser humilde, pero en la cancha se la tiene que creer”

No solo marcó una época en el deporte argentino, sino que también dejó un legado que trasciende el hockey: esfuerzo, pasión, liderazgo, pero sobre todo humildad. Jamás perdió su esencia como persona y eso es lo que hace a un deportista el mejor.

Luis Alberto Scola, exjugador de básquet argentino, una vez dijo: “Un atleta de alto rendimiento debe ser humilde, pero dentro de la cancha se la tiene que creer, tiene que jugar con un punto de arrogancia propio de los grandes”. Sin dudas, Luciana Aymar, exjugadora de la Selección Argentina de Hockey, adquirió esta característica.