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Miércoles curioso

Marcos Senesi: las curiosidades detrás del defensor entrerriano

El recorrido del concordiense hasta vestir la camiseta argentina y debutar en un Mundial.

Delfina Cabral

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Para sus compañeros de equipo en el Club Salto Grande era «Zurdo», «Zurdiño» o simplemente «Diño». Para su abuela siempre será «Toto». En Países Bajos lo bautizaron como «El Guerrero» (hasta la hicieron un documental que aún es posible ver en Youtube) durante su paso por Feyenoord, mientras que su mamá eligió un apodo que resume cómo lo veía desde chico: «Mariscal de campo».

Detrás del actual defensor de la Selección Argentina hay una historia repleta de anécdotas, costumbres familiares y pequeños detalles que explican cómo un chico de Concordia llegó a cumplir el sueño de jugar un Mundial.

Su papá suele contar una imagen que resume el espíritu inquieto de la infancia de Marcos: «Pelota en la mano y apoyado en el lomo de una perra rottweiler». Así, asegura, comenzó prácticamente a caminar.

En la escuela, cuando le preguntaban cómo era, aparecían siempre las mismas palabras: «dulce, responsable, introvertido, buen compañero y con una calidez especial». Un perfil que, quienes compartieron el fútbol con él, aún reconocen.

Aunque el fútbol ocupaba gran parte de su vida, nunca fue su única actividad. También practicó rugby y tenis. Siempre encontró tiempo para complementar la pelota con otros deportes.

Su excompañero de categorías infantiles y amigo hoy en día, Maximiliano Olivie, recuerda que llamaba la atención por la tranquilidad que transmitía. «Era muy sereno, le daba confianza al compañero. Era buena persona dentro de la cancha y técnicamente distinto», resume.

Una descripción similar hace Matías Cabral, uno de sus formadores en el Club Salto Grande. «No se destacaba, no sobresalía ni parecía distinto al resto. Lo que sí tenía era pasión por entrenar, por estar en el club y compartir con sus compañeros. Siempre fue sencillo y humilde, y hasta hoy sigue siendo igual. Eso era lo que realmente lo diferenciaba.»

El abuelo que marcó su vida

Si hay una persona fundamental en la historia de Senesi es su abuelo Luis Ángel Barón, conocido por todos como «Pancho». Tanto significó para él que lleva ese apodo tatuado en uno de sus brazos.

Su abuela recuerda que, desde muy chico, Marcos repetía una frase: «Quiero ser como mi abuelo».

Y no era casual. Pancho había sido boxeador y lo llevaba al gimnasio para verlo entrenar, a guantear, a pescar y a compartir largas jornadas juntos. «Me encantaba pasar tiempo con él», contó alguna vez el propio Senesi.

La admiración también se traslada a la cocina. Sus familiares coinciden en una cosa : uno de los grandes talentos ocultos del defensor está frente al fuego. El cordero a la estaca es su especialidad.

Las pruebas que casi cambian su historia

El camino hacia el profesionalismo también estuvo lleno de obstáculos. La primera prueba importante fue en Boca Juniors. Viajó acompañado por su abuelo, pero olvidaron llevar el certificado médico obligatorio, entonces no pudo realizarla. Le ofrecieron regresar otro día, pero nunca volvió.

Después llegó una oportunidad en Argentinos Juniors. Allí recibió un golpe que marcaría su adolescencia: «Marcos no es más de lo que ya tengo, no se queda», fue la respuesta que recibió su familia.

Aquella decisión le dolió tanto que, durante un tiempo, perdió la ilusión de seguir buscando un lugar en un club de Buenos Aires.

Eligió esperar a la Selección Argentina

Mucho antes de consolidarse con la camiseta albiceleste, Senesi integró las selecciones juveniles junto a varios futbolistas que hoy representan al país en el Mundial 2026: Lisandro Martínez, Julián Álvarez, Lautaro Martínez, Cristian «Cuti» Romero, Gonzalo Montiel, Alexis Mac Allister y Nicolás González, entre otros. En ese grupo también compartió plantel con Lucas Robertone, otro futbolista surgido del Club Salto Grande.

Su buen presente despertó el interés de Italia. Roberto Mancini lo llamó personalmente para convencerlo de representar a la selección italiana en Qatar 2022, para que forme parte del proyecto que pretendía plantear.

Sin embargo, Senesi nunca dudó. «Lo de Italia fue real. Hablé con Mancini y me contó su proyecto. También hablé con el cuerpo técnico de Argentina y les manifesté mis ganas de jugar para mi país. La decisión ya estaba más que clara», explicó en una entrevista con Olé.

La espera terminó con la convocatoria a la Selección Argentina y el sueño de disputar la Copa del Mundo.

Una lista de sueños escrita en papel

Lejos de las supersticiones, Senesi tiene un método muy personal para perseguir objetivos.

En una charla realizada en 2020 con chicos de la Escuelita de Fútbol El Olimpo, dirigida por Matías Cabral, reveló que acostumbra escribir sus metas en una hoja.

Cuando llega la fecha que había fijado, vuelve a leer esa lista para comprobar cuáles cumplió y cuáles todavía quedan pendientes, y estas últimas son su próximo desafío.

El apellido que estuvo mal escrito durante años

Otra curiosidad poco conocida tiene que ver con su identidad.

Durante gran parte de su infancia firmaba y aparecía en redes sociales como «Sinesi». Incluso él mismo creía que ese era su apellido.

Sin embargo, entre los 14 y los 15 años, mientras realizaba los trámites para obtener la ciudadanía italiana por la posibilidad de un futuro futbolístico en Europa, la familia descubrió un error histórico en la documentación.

El apellido original era Senesi. Desde entonces comenzó a utilizar la escritura correcta, con la que hoy es reconocido en el fútbol internacional.

Un orgullo para Entre Ríos

En 2021, cuando apenas tenía 24 años, la Cámara de Senadores de Entre Ríos lo declaró Personalidad Destacada del Deporte por su trayectoria internacional.

El reconocimiento reflejó un recorrido que comenzó en las canchas del Club Salto Grande de Concordia y que lo llevó a competir en la élite del fútbol europeo, vestir la camiseta de la Selección Argentina y convertirse en uno de los futbolistas entrerrianos con mayor proyección internacional.

Quizás por eso quienes lo conocen desde chico coinciden en una idea. Cambiaron los estadios, los clubes, los países y la fama. Pero el «Toto» de Concordia, el nieto de Pancho, sigue siendo el mismo joven humilde que prefería entrenar, compartir con sus amigos y no dejar nunca de perseguir los objetivos que primero escribía en una hoja.