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Nadie es campeón en la primera fecha

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La frase del título es casi tan obvia como la siguiente: los campeonatos se construyen, desde los detalles, de la primera a la última jornada de cada competencia. Y por ende, estimados lectores argentinos o simpatizantes de la selección argentina, lo mismo puede decirse a la inversa: nadie queda eliminado en la primera fecha.

Nos cansamos de ver mundiales con actuaciones contundentes en la primera fecha de seleccionados que apenas pasaron la fase de grupo o, al revés, de combinados que perdieron en el inicio y llegaron hasta el séptimo partido (Argentina en el ‘90 o España en 2010, por nombrar algunos).

Calma.

No hay que buscar comparaciones como aquel largo invicto de la primera gestión de Basile que de poco y nada nos sirvió porque casi quedamos fuera del Mundial (goleada 0-5 con Colombia incluida), ni tampoco con el demoledor ciclo Bielsa que se estrelló contra una fase de grupos que no pudo pasar o el hecho de que aquello sucedió en el mismo continente donde ahora se juega el Mundial.

Y si las quisieran hacer, comparemos este partido con los 36 partidos anteriores donde el seleccionado conducido por Lionel Scaloni no conoció la derrota y cosechó 2 títulos internacionales. O sea, 1 sólo partido con derrota ante 36 con empates y victorias no debiera hacer mella en la confianza.

Lo dijo el propio as de espadas de Argentina: “Que la gente confíe, que este grupo no los va a dejar tirados”, pidió Lionel Messi tras la impensada derrota contra Arabia Saudita. Y en sus 167 partidos, 92 goles, 5 mundiales, 1 Mundial juvenil, 1 Juego Olímpico, 1 Copa América y 1 Finalísima sobre sus espaldas.

Pero no se trata sólo de palabras, sino también de juego. Argentina mostró efectividad, solidez, juego asociado en 3 cuartos de cancha rival, simpleza para crear situaciones y escasa dependencia en el 10 para ganar la mayoría de los partidos que ganó en la previa a Qatar 2022.

Mostró personalidad futbolera, entendimiento entre compañeros y lo que pocas veces se observa en un seleccionado: juego de equipo, más emparentado al que alcanza un club que entrena todas las semanas que el que puede lograr un representativo nacional que se reúne esporádicamente.

En el tablero de fútbol ecuménico, todo puede pasar. Lo padecimos en carne propia este martes olvidable ¿Queda espacio para disfrutar del día tras una derrota? ¿Cómo se sigue?

Las respuestas habrá que encontrarlas en la convicción de que un punto de inflexión, un quiebre en esa racha positiva, exige sacar lo mejor y peor del grupo. En la crisis, en esa tormenta de ideas, análisis, cuestionamientos y elogios, deberá florecer la fortaleza de puñado de hombres que visten de celeste y blanco en el torneo que todos quieren estar.

Recuperar la alegría, disfrutar el privilegio de estar ahí, reiniciar la máquina y ponerla en el punto más aproximado a donde funcionó desde la Copa América para adelante y seguir alentando a la distancia es lo que hay que hacer. Messi y compañía darán todo, confiamos.

¡Que llegue el sábado por favor!

Nací, crecí, vivo y amo en Concordia. Con Luciana tenemos 3 hijos, tan apasionados del deporte como su padre. A veces, me disculpo por eso. Es demasiado. Hay clubes y escuelas que me marcaron, soy una parte de cada uno de ellos pero especialmente de Jorge y Susana, mis padres. Alejandro es mi hermano menor. Suelen confundirnos en la calle. Estamos acostumbrados y saludamos por igual. Casi no tengo recuerdos de años en los que no estuve en una institución educativa. Desde los 3 fui a jugar, estudiar y finalmente a trabajar en alguna de ellas. Escribir es la mejor e imperfecta forma que tengo para expresarme. Unir esto último con las escuelas es el desafío de esta columna.

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