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Miércoles curioso

De la 17 a la 10: la historia de un amor eterno

Cada camiseta de Lionel Messi guarda una historia. Son pedazos de una vida que también se convirtió en parte de la nuestra.

Delfina Cabral

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Hay camisetas que se compran y otras que se regalan. Pero también están las que se convierten en historia. Las de Lionel Andrés Messi pertenecen a esa última categoría, porque detrás de cada número, de cada diseño y de cada franja celeste y blanca hay un momento que millones de argentinos recuerdan como propio. Una alegría, una tristeza, un grito, una lágrima, una final, un sueño cumplido.

Hoy, cuando la despedida de Messi de la Selección Argentina nos obliga a mirar hacia atrás, resulta imposible no hacerlo a través de esas camisetas que fueron acompañando su camino. Porque durante 21 años, Leo no solamente vistió la camiseta argentina, sino que también la hizo parte de su vida y de la nuestra.

El inicio de una historia llena de gloria

Todo comenzó el 29 de junio de 2004, en el estadio “Diego Armando Maradona” de La Paternal, Buenos Aires. Aquel día, casi desconocido para la mayoría de los argentinos, un chico de apenas 17 años debutó con la Selección Sub-20 frente a Paraguay. Entró en el segundo tiempo con la camiseta número 17, por Ezequiel Lavezzi.

Le alcanzaron unos minutos para hacer un gol y dos asistencias en una goleada 8-0. Esto era apenas el comienzo.

Seis meses después, en el Sudamericano Sub-20 de Colombia, apareció con la 18. Allí empezó a mostrar que aquel debut no había sido casualidad. Marcó cinco goles y ayudó a la Argentina a clasificarse al Mundial Sub-20.

Y fue justamente en aquel Mundial de Países Bajos donde esa camiseta número 18 se convirtió en una de las primeras grandes postales de lo que vendría. En julio de 2005, Messi llevó a la Argentina a conseguir el título y marcó dos goles en la final frente a Nigeria. Además, ganó el Balón de Oro y el Botín de Oro.

Tenía tan solo 18 años. Todavía no sabíamos todo lo que iba a significar para nosotros, pero si ya comenzaba a demostrar que el talento y la pasión que había dentro de él, lo iban a llevar a conseguir grandes cosas.

De la 17 a la 19

El 17 de agosto de 2005 llegó el debut en la Selección Mayor. Fue ante Hungría y duró apenas 45 segundos. Volvió a usar el dorsal 18. Una expulsión inesperada marcó el comienzo de una historia, la cual estaría llena de obstáculos antes de llegar a la gloria.

Un año después, en Alemania 2006, llegó la camiseta alternativa número 19. La primera camiseta mundialista de Messi.

El 16 de junio, ante Serbia y Montenegro, ingresó por Maxi Rodríguez. Tres minutos después asistió a Hernán Crespo, y poco más tarde convirtió el sexto gol de aquella goleada. Con la 19 azul oscura sobre el cuerpo, Leo disputaba su primer Mundial y marcaba su primer gol en una Copa del Mundo.

Esa camiseta quedó para siempre asociada al comienzo de la “Leyenda”. Además, aquella tarde del 16 de junio, acompañó su debut Diego Maradona desde la tribuna y Lionel Scaloni en el banco de suplentes.

También quedó otra imagen de aquel Mundial: la titular celeste y blanca que utilizó frente a México en los octavos de final. Fue el primer diseño de Adidas que llevó las dos estrellas sobre el escudo de AFA, por los títulos conseguidos en el 78 y el 86.

Messi ingresó en el segundo tiempo y, aunque no volvería a jugar en aquella Copa, empezaba a formar parte de esas imágenes que después aprenderíamos a mirar una y otra vez. Como la que aparece sentado en el banco, en el partido ante Alemania.

La 15, la 10 y el peso de una historia

En 2008, la camiseta volvió a tener otro número, esta vez fue el 15. Con ella, Messi disputó los Juegos Olímpicos de Pekín, donde el equipo buscó defender el oro de Atenas 2004. Marcó ante Costa de Marfil, convirtió frente a Países Bajos y fue protagonista de aquel inolvidable triunfo 3-0 ante Brasil. Después llegó la final ante Nigeria y la medalla dorada.

Otra camiseta, otro título, pero todavía faltaba una. El 28 de marzo de 2009, Diego Maradona decidió entregarle la 10 en el primer partido oficial de la Selección bajo su conducción, ante Venezuela. Messi respondió con un gol y una asistencia en el 4-0.

Los medios argentinos resaltaron su juego, así como también el interés que generaba la presencia simultánea de los dos «10» en el equipo. A partir de ahí, el número dejó de ser solamente un número.

En Sudáfrica 2010, Messi utilizó por primera vez la emblemática 10 en un Mundial. Era el heredero de Maradona. Era el jugador sobre el que estaban depositadas las esperanzas de todo un país.

El uniforme titular fueron las tradicionales rayas celestes y blancas, con un sol en la parte superior, y un borde azul en el escudo como el de la camiseta del 86, claramente, en referencia a Diego.

Fue también en ese Mundial que apareció otra camiseta que guarda un significado especial: la azul con números plateados que llevó ante Grecia. Ese día se puso por primera vez la cinta de capitán en su brazo izquierdo.

Sin saberlo, estaba comenzando otra historia: la del capitán que terminaría siendo el jugador argentino con más partidos disputados en Mundiales.

Las camisetas que guardan lágrimas argentinas

Después llegaron los años más difíciles, como Brasil 2014. La camiseta celeste y blanca que nos acompañó hasta aquella final del 13 de julio. El empate sin goles, el tiempo suplementario, el gol de Götze y la derrota.

Messi había sido elegido cuatro veces como mejor jugador del partido, había marcado cuatro goles y dado una asistencia. Terminó recibiendo el Balón de Oro del Mundial.

Nosotros recordábamos solamente el dolor, después vino otra final y otra.

La camiseta de la Copa América Centenario de 2016 quedó asociada a una de las frases que más nos dolieron escuchar:

“Para mí se terminó la selección. Ya lo intenté mucho, me duele no ser campeón con Argentina y me voy sin lograrlo. Hoy nos pasó otra vez y de nuevo los penales. La verdad que es una lástima, pero tiene que ser así. No se da, lo intentamos, lo buscamos y ya está”.

Leo había perdido otra final. La cuarta de su carrera. Y entonces ocurrió algo que, con los años, aprendimos a valorar mucho más: regresó.

Porque si algo hizo Messi durante todos estos años fue insistir. Volvió a ponerse la camiseta argentina, volvió a intentarlo, volvió a exponerse, volvió a cargar con nuestras ilusiones.

Sin embargo, el Mundial de Rusia 2018 no fue de las mejores actuaciones argentinas. Eso estuvo claro desde el debut en el torneo ante Islandia, que terminó en un empate por 1 a 1, con un penal errado por Leo.

Luego, con Lionel Scaloni como DT, llegó la Copa América 2019 y el 02 de julio ocurrió una caída polémica: en semifinales ante Brasil hubo varios fallos, que terminaron con una victoria brasileña por 2-0. Messi criticó el arbitraje durante el partido, y aseguró que la competición estaba «preparada» para que ganara Brasil.

Capitán América

Hasta que llegó la camiseta que cambió todo. El 10 de julio de 2021, en el Maracaná, la celeste y blanca dejó de ser una camiseta de derrotas.

Argentina le ganó 1-0 a Brasil y Messi consiguió su primer título con la Selección Mayor. Después de 28 años, después de 18 torneos, después de cinco finales perdidas.

La camiseta de aquella Copa América se convirtió en una de las más importantes, porque fue la que le permitió, finalmente, levantar un trofeo con Argentina.

Messi participó directamente en 9 de los 12 goles marcados por la Albiceleste, anotando cuatro y asistiendo cinco. Además, fue nombrado el mejor jugador del torneo por sus actuaciones y máximo goleador del torneo, empatado con el colombiano Luis Díaz, aunque el Botín de Oro fue para el argentino por tener más asistencias.

Esa noche se terminaron las postales tristes, las fotos de masticar bronca. Esa noche, tras arrastrar una mochila gigante, Leo se convirtió en eterno para subirse al pedestal de la gloria con la Selección, una cuenta pendiente que tenía.

Obviamente no fue un Mundial, eso llegaría más tarde, pero ganarle una final a uno de los mayores rivales sudamericanos en su casa. Tras 28 años de sequía, Argentina volvió a ganar un título entre las selecciones mayores.

Por eso, esta camiseta tiene un lugar de privilegio en nuestros corazones y, sobre todo, en el de nuestro capitán. Su emoción y la de todo el país eran tapa de diarios, revistas y páginas web. La Copa América era nuestra, y luego de años de transpirar muchas camisetas, finalmente valió la pena.

Después apareció otra, aún más especial: la camiseta de festejo de “Campeones de América 2021. Nos unieron estos colores”. En el frente tenía la estrella con el número 15, en alusión a las Copas Américas obtenidas hasta entonces por la Selección, y en la espalda los apellidos de todo el plantel abarcando la geografía del continente.

Esa camiseta significaba mucho más que un campeonato. Era el final de una historia y el comienzo de otra.

¡Campeonísimos!

En 2022 llegó la Finalissima, disputada en Wembley ante Italia. Otro título para la Argentina tras la victoria por 3 a 0.

Pero todavía faltaba el más grande: Qatar. La camiseta alternativa violeta apareció en el triunfo ante Polonia que nos llevó a los octavos de final. Leo había errado un penal, pero volvió a demostrar que podía levantarse incluso cuando algo no salía como esperaba.

Y entonces llegó el 18 de diciembre de 2022. La fecha que quedó tatuada en millones de argentinos. La camiseta número 10 de la final contra Francia.

La camiseta que transpiró 120 minutos de tensión, drama, sufrimiento, euforia y gloria. La camiseta con la que Messi disputó su quinta Copa del Mundo, su partido número 26 en Mundiales y marcó su decimotercer gol en la competición.

Pero, sobre todo, la camiseta con la que finalmente pudo tocar aquello que durante tantos años parecía imposible: la Copa del Mundo.

Ese trofeo de 36,8 centímetros y oro de 18 quilates, que había perseguido durante toda su carrera. Ese beso que habíamos imaginado tantas veces. Ese abrazo con la Copa que millones de argentinos necesitábamos ver.

Porque aquella camiseta ya no era solamente de Messi, era nuestra.

Sus últimas casacas

Después de Qatar llegó la Copa América 2024. Otra vez campeones. Argentina venció a Colombia 1-0 en la final y Messi levantó su cuarta gran copa con la Selección Mayor.

Aquella camiseta también fue testigo de la despedida de Ángel Di María, otro de los nombres que acompañaron a Leo durante buena parte de este recorrido.

Y llegamos a la última: la camiseta del Mundial 2026. La que 46 millones de argentinos nos pusimos, cada uno a su manera. La que une generaciones, la que toma elementos de las camisetas campeonas de 1978, 1986 y 2022 y los transforma en un mismo diseño. Tres tonos de celeste, tres generaciones, tres Mundiales, pero una misma pasión.

En la parte posterior del cuello, el “1893” recuerda el nacimiento de la Asociación del Fútbol Argentino. Porque esa camiseta no habla solamente del presente, sino también de todo lo que fuimos y de todo lo que somos cuando nos encontramos detrás de esos colores.

Y quizás ahí esté la verdadera dimensión de lo que significa Messi para nosotros. Durante 21 años vimos cambiar las camisetas, los diseños, los números, los compañeros, los entrenadores y los escenarios.

Lo vimos ser un chico con la 17, un goleador con la 18, una promesa con la 19, un campeón olímpico con la 15, un heredero con la 10.

Un capitán, un finalista, un hombre que quiso dejar la Selección, un hombre que volvió, un campeón de América, un campeón del mundo. Y finalmente, el hombre que se prepara para despedirse.

Por eso no despedimos solamente a un futbolista. Despedimos al chico que eligió a la Argentina cuando podía haber elegido otro camino, al que nos hizo llorar de tristeza y de felicidad, y al que convirtió una camiseta en un sentimiento.

Fueron 21 años, 208 partidos, 126 goles, 6 títulos y 8 Balones de Oro. Pero ninguna estadística puede medir los abrazos con desconocidos, los gritos que atravesaron barrios y generaciones, ni las lágrimas que nos regaló después de tantos años de espera.

Llegó el día en que Leo se quita la celeste y blanca, pero nosotros nunca vamos a quitarnos lo que vivimos con él. Probablemente nos cueste aceptar que una de las historias más hermosas que vivimos con nuestra Selección llegó a su final, pero va a quedar para siempre en un lugar mucho más difícil de alcanzar: en la memoria de todos los que tuvimos la suerte de verlo jugar para Argentina.

Gracias eternas, Leo.