Miércoles curioso
Cuando Concordia llega lejos
Hay momentos en los que una ciudad
se siente un poco más grande.
No porque cambien sus calles,
ni porque aparecen más luces,
sino porque alguien que nació acá
se anima a llegar un poco más lejos.
Y eso es lo que siento
cuando veo a nuestros deportistas
y a nuestros periodistas
siendo parte de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.
Siento orgullo.
Un orgullo de esos que cuesta explicar,
porque detrás de cada medalla,
detrás de cada transmisión,
detrás de cada hora de trabajo,
hay una historia que conocemos de cerca.
Está Santiago Mayol,
con su medalla de bronce en gimnasia artística por equipos.
Y uno mira ese podio
y piensa en todo lo que no se ve:
los entrenamientos, el cansancio,
las veces que tuvo que volver a empezar,
los sueños sostenidos durante años.
Está Mía Yaya,
quien con la precisión de cada golpe,
con paciencia, talento y dedicación
se hizo también de un bronce,
llevando el nombre de Concordia
a lo más alto del golf sudamericano.
Está Pula Pedrozo,
capitana de Las Yaguaretés,
levantando una medalla dorada
con esa mezcla de fuerza, carácter y pasión
que también nos representa.
Y con una historia que se escribe
en cada tacle, en cada esfuerzo y en cada victoria.
Están también quienes, desde otro lugar,
hacen que todo lo que ocurre en estos Juegos
llegue a quienes estamos del otro lado.
Con la misma pasión
con la que un deportista persigue una medalla.
Como Paula Maffeis,
integrante del equipo de 3200 Deportes,
contando, acompañando y poniendo voz
a tantas historias que se están viviendo en Santa Fe.
Y qué lindo también encontrarnos
con Daniela Etcheverry frente a las cámaras de TyC Sports,
cubriendo estos Juegos y siendo otra de esas caras conocidas
que nos hacen sentir que, de alguna manera,
también estamos ahí.
Porque cuando uno ve a alguien de su ciudad
en una pantalla, en una cancha,
en un podio o detrás de un micrófono,
hay una emoción que se despierta.
Es ese orgullo de decir:
“Mirá… es de Concordia”.
Y entonces uno piensa en nuestra ciudad.
Que muchas veces tiene que pelearla.
Que tiene clubes que hacen muchísimo
con muy poco.
Que tiene familias haciendo esfuerzos,
entrenadores que dejan el alma,
periodistas que trabajan con pasión
y chicos que siguen soñando
aunque el camino no sea sencillo.
Por eso me emociona tanto.
Porque cuando aparece una bandera,
una camiseta,
una medalla
o una voz conocida en Santa Fe,
no vemos solamente a un deportista
o a un periodista.
Vemos a Concordia.
Vemos a nuestra gente.
Que alegría me genera
saber que, aun siendo una ciudad chica,
con recursos que muchas veces no alcanzan,
tenemos personas enormes.
Personas capaces de representar al país.
Capaces de ser medallistas sudamericanos.
Capaces de ponerse una camiseta
y dejarlo todo.
Capaces de estar detrás de un micrófono,
frente a una cámara
y contar una historia
para que todo el mundo pueda conocerla.
Por eso hoy siento que las medallas
no son solamente de ellos.
Son de sus familias,
de sus entrenadores,
de sus clubes,
de quienes los acompañaron
y de quienes estuvieron en los días buenos,
pero sobre todo, en los días difíciles.
Y también siento que cada historia contada
son parte de ese orgullo.
Porque cuando alguien de Concordia llega lejos,
Concordia llega con él.
Y por un instante,
toda la ciudad sube al podio con ellos.
Qué lindo saber
que, aunque nuestra ciudad pueda parecer pequeña
en el mapa,
hay sueños nacidos acá
que ya aprendieron a ocupar un lugar enorme.
Gracias, Santiago.
Gracias, Mía.
Gracias, Pula.
Gracias, Paula.
Y gracias también, Daniela.
Por estar ahí.
Por representar, competir, trabajar y contar.
Por llevar, cada uno desde su lugar,
un pedacito de nuestra ciudad.
Quizás eso sea lo que más me conmueve:
ver que una ciudad chica pueda tener sueños enormes,
que cada vez que uno de los nuestros llega un poco más lejos representandonos,
nos recuerda que el tamaño de un lugar
no se mide en kilómetros,
ni en cantidad de habitantes,
ni en los recursos que tiene.
Se mide en los sueños que es capaz de sembrar.
Y Concordia sembró muchos.
Algunos llevan medallas,
otros llevan micrófonos,
otros llevan la camiseta argentina.
Pero hay algo en lo que todos coinciden:
el nombre de Concordia en el corazón.
A veces alcanza solo con eso,
con nacer acá,
en Concordia,
tener un sueño,
y no dejar de creer.










