Taekwondo
Lito, un maestro para la vida
Miguel Ángel Paccot compartió una charla sobre su historia en el taekwondo, la familia del Instituto Yoo-Sin y la responsabilidad de formar personas.
Miguel Ángel “Lito” Paccot, referente del Instituto Yoo-Sin, visitó este sábado los estudios de Oíd Mortales Radio y participó de una entrevista en 3200 Radio. Durante la charla, repasó sus comienzos en el taekwondo, los viajes para formarse y su trayectoria como instructor. También se refirió a su graduación como noveno dan y a la importancia de la formación humana en las artes marciales, en una conversación acompañada por mensajes de sus hijos, alumnos y familias de la institución.
“Me entusiasmo con lo que hago, siento que tengo algo para dar, para brindar, y no solamente la parte deportiva, sino la parte humana, que es lo que a mí me interesa”, expresó. Esa mirada atravesó toda la entrevista desde los viajes a Buenos Aires para entrenar hasta la satisfacción de recibir hoy a los hijos de quienes alguna vez fueron sus alumnos.

Un camino que exigió perseverancia
Mucho antes de convertirse en el alma de Yoo-Sin, Lito fue un aprendiz dispuesto a viajar con pocos recursos para seguir formándose. En la radio recordó aquellos recorridos hacia Buenos Aires con un bolso, algo de comida y la voluntad de llegar, incluso cuando las inundaciones obligaban a cruzar en bote por la zona de Zárate. Entrenar implicaba trasladarse, dormir en gimnasios y aprovechar cada oportunidad de rendir un examen.
“A mí me llevó más de trece, catorce años ser primer Dan, yendo a entrenar a Buenos Aires”, relató. Tampoco existía la facilidad actual para consultar una técnica o repasar un movimiento: “Tenía que llamar por teléfono a mi instructor si me olvidaba algo, porque no había bibliografía, no había nada”.

Su recorrido en las artes marciales comenzó con el karate en 1973 y continuó con el taekwondo al año siguiente. En 1984 fundó el Instituto Yoo-Sin, al que dio un nombre asociado a la unión, una idea que sigue presente en su manera de entender la enseñanza y los vínculos.
Al comparar aquellas experiencias con el presente, también reconoció los cambios en los métodos de enseñanza. Recordó la dureza de sus primeros entrenamientos y señaló cuánto se transformaron las condiciones para aprender, acceder a información y acompañar a quienes se inician.
La credibilidad se construye todos los días
Durante la entrevista, Paccot contó que a fines del año pasado recibió la graduación de noveno dan, que describió como la máxima categoría del taekwondo. Al explicar lo que representa ese reconocimiento, puso el acento en la conducta que debe acompañar el recorrido de un maestro.
“Eso lleva, a través del tiempo, a mantener una línea de conducta. El ser creíble, les digo a mis instructores”, sostuvo. Para Lito, esa credibilidad se juega en la relación cotidiana con los alumnos, en la coherencia entre lo que se enseña y lo que se hace, y en la responsabilidad de sostener las propias palabras.

“Nunca quise ser ejemplo porque es muy complicado”, reconoció. Sin embargo, contó que algunos alumnos, ante una dificultad, se preguntan qué haría él en esa situación. Esa confianza permite dimensionar un vínculo que excede las clases y que también lo compromete a revisar sus propios pasos.
El aprendizaje, aclaró, circula en ambas direcciones. “Estás aprendiendo todos los días. No sabés lo que te enseñan los chicos”, afirmó. Por eso, su tarea también requiere escuchar y comprender a las nuevas generaciones, además de conversar con los padres cuando las expectativas de los adultos terminan convirtiéndose en una exigencia para sus hijos.
Lo que queda después de las medallas
Al hablar de su práctica, remarcó la importancia de comprender el taekwondo como un arte marcial, con una dimensión competitiva, pero también con una formación que continúa fuera del tatami. “Tener buenos instructores, buenas personas, buenos hijos, buenos estudiantes: ese es el objetivo de un arte marcial”, resumió. Los resultados y las premiaciones forman parte del camino, aunque su valoración de tantos años de actividad aparece especialmente ligada a los encuentros y las amistades.

“El objetivo del instructor no es formar campeones”, señaló, antes de describir cómo los trofeos pueden quedar guardados o acumular polvo mientras los vínculos perduran. Recordó el abrazo con quienes alguna vez fueron rivales, las conversaciones antes de competir y los lugares conocidos gracias a la práctica. Allí encuentra buena parte de lo que todavía le entusiasma.
Esa responsabilidad formativa también exige preparación. Durante la charla habló de su experiencia con un curso de didáctica y metodología de la enseñanza y de la necesidad de que los instructores sepan comunicar, realizar una observación y explicar el fundamento de una técnica. “Vos tenés que saber de qué estás hablando”, insistió.
Yoo-Sin, una familia que lo acompaña
Los mensajes que llegaron al programa le pusieron nombres y afectos a esa manera de enseñar. Su hijo Leonardo destacó su calidad humana y su disposición para escuchar y ayudar. Desde su familia también lo describieron como un orgullo y como un maestro en distintos aspectos de la vida.

Entre los alumnos, Martín lo llamó “un segundo padre” y habló de la gran familia construida alrededor de Yoo-Sin. Lito recogió esa definición con naturalidad: “Es una familia. Donde a alguien le pasa algo, ahí estamos todos”.
También hubo palabras de madres y padres que valoraron la disciplina, el esfuerzo y los valores transmitidos en la escuela. Al preguntarle por aquellos antiguos alumnos que hoy llevan a sus propios hijos, reconoció una de las satisfacciones más profundas de su trayectoria: “Eso habla de que vos medianamente hiciste las cosas bien”.
La charla dejó espacio, además, para el Lito que pinta el gimnasio, se ocupa de arreglos y busca resolver por sus propios medios las tareas cotidianas. Entre anécdotas y humor, admitió que también necesita aprender a delegar y permitir que otros tengan la oportunidad de hacer, equivocarse y crecer.

Su paso por 3200 Radio permitió escuchar al maestro y conocer algo más de la persona que sostiene esa tarea. “Vos hacés las cosas porque las sentís”, dijo en un momento de la conversación. Los mensajes que acompañaron la entrevista mostraron cuánto de esa entrega vuelve en forma de cariño, confianza y reconocimiento.










