Boxeo
Golpes que enseñan
Cristian “Chucky” Roldán encontró en el boxeo un camino de disciplina y coraje.
El sonido del primer guante lo escuchó cuando tenía apenas 7 años. No fue en un gimnasio de elite ni en una escuelita de iniciación deportiva, sino en un club de barrio donde daban la merienda y, de paso, enseñaban a guantear. Cristian Roldán, más conocido como «Chucky», empezó a boxear sin pensar en una carrera. Fue por necesidad, casualidad y diversión.
No tuvo ídolos. Nadie a quien mirar desde abajo. Solo sus propias ganas de avanzar, de ser alguien, de salir de ese lugar donde tantos se quedan. En Concordia dio sus primeros pasos, pero fue en Colón donde su carrera tomó impulso, cuando decidió instalarse allí para entrenar bajo las órdenes de Cristian Báez, un entrenador al que eligió por su entrega y profesionalismo.

3200, el código del deporte habló con él y pudo entablar una charla placentera donde repasa su historia de vida y deportiva. “El boxeo cambió mi vida”, comenzó diciendo en el diálogo en el que se lo notó un chico humilde, sincero y con los pies sobre la tierra. Él sabe quién es y lo que puede dar arriba del ring sin creerse más que nadie.
Una historia marcada por las estadísticas
Roldán construyó su camino con resultados concretos, pero también con todo eso que no se ve. En el amateurismo fue campeón entrerriano, regional, interprovincial y logró subirse al podio en un Campeonato Argentino. En total, sumó casi 70 peleas, con muy pocas derrotas. Pero él lo tiene claro que su mayor logro fue dar el salto al profesionalismo. Y hoy su invicto lo respalda, con seis peleas ganadas —cuatro por nocaut— y un presente que lo proyecta.

Si bien, no todo fue línea recta. Hubo caídas que no figuran en los registros y contó que una de las más duras llegó con una derrota en una final regional, en Gualeguaychú. Fue un cachetazo emocional. “Sentía que me comía el mundo, me había agrandado”, reconoce. Ese golpe no lo derrumbó, lo despertó y le sirvió para crecer, para entender que el boxeo también se gana con cabeza.
Crecer en el deporte y también en la vida
En la entrevista indicó que los desafíos más difíciles no siempre vienen con guantes. A veces, pelear es entrenar durante más de un año sin subir al ring. Es seguir preparándose mientras las peleas se caen una tras otra. “Lo más duro de esta carrera fue estar entrenando un año y medio sin poder pelear”, recordó.

También hubo momentos duros lejos del ring. Roldán recordó que uno de los más difíciles fue no haber podido estar junto a su padre cuando sufrió un ACV, porque estaba entrenando para una pelea por el título argentino que, finalmente, nunca se concretó. “Fue muy duro… estaba jugándome todo por un título que no llegó, y no pude estar con mi viejo”, confiesa. Y en esa misma línea, sin rodeos, admite: “¿Si pensé en rendirme? Pufff… millones de veces”.
La ley del boxeo
Sin embargo, algo lo sostiene que es el deseo de volver a pelear, de mostrarse en su ciudad, de seguir apostando. Admite que el boxeo le cambió su vida: “Me di vuelta la cabeza, la forma de ser, mi personalidad. Me enseñó a comunicarme, a confiar en mí”, dijo con madurez.

En este presente, Chucky no se define sólo por su récord o por sus títulos sino por su historia que vale por todo lo que no se ve. En esta nota se lo notó con ganas de seguir, de avanzar y de progresar en un deporte que mamó desde chico. En la vida hay caminos que se abren a golpes, pero también con paciencia, con trabajo y con la certeza de que lo mejor todavía está por venir.










