Rugby
Federico Etcheverry, una historia en desarrollo
De Salto Grande a Atlético del Rosario, el recorrido de un jugador formado en Concordia que hoy empieza a escribir su propia historia en el rugby rosarino.
El recorrido de Federico Etcheverry en el rugby es el de muchos jóvenes del interior que encuentran en el deporte una forma de crecimiento personal, pero también el de aquellos que se animan a dar un paso más cuando llega el momento. Formado desde muy chico en el Club Salto Grande, hoy transita una etapa clave de su carrera en Atlético del Rosario, uno de los clubes históricos del país, donde ya tuvo su debut en Primera División y fue parte del ascenso al Top 14.
Salto Grande, el origen de todo
Federico comenzó a jugar al rugby a los cuatro años, casi de manera natural, siguiendo los pasos de su hermano mayor, Mauricio, que ya formaba parte del “Hidroeléctrico”. Ese primer contacto marcó el inicio de un vínculo profundo con la institución, que con el paso del tiempo se transformó en un espacio de pertenencia y formación integral. Allí recorrió todas las divisiones formativas, creciendo dentro de una estructura que prioriza los valores tanto como el rendimiento deportivo.

“Para mí el club siempre fue como mi casa”, resumió en diálogo con 3200, el código del deporte, y esa definición explica gran parte de su recorrido. En Salto Grande incorporó principios que hoy considera fundamentales: la humildad, el respeto y el sacrificio. Valores que no solo aplica dentro de la cancha, sino también en su vida cotidiana. Ese proceso tuvo un reconocimiento significativo en 2022, cuando recibió el AS de 3200, premio otorgado por este medio, como reflejo de su desempeño, compromiso y proyección dentro del rugby regional.
El salto a Rosario y una decisión que marcó el camino
El año 2024 representó un punto de inflexión. Federico dejó Concordia para mudarse a Rosario con el objetivo de continuar sus estudios y, al mismo tiempo, seguir desarrollándose en el rugby. Lejos de su ciudad y de su entorno habitual, tomó la decisión de sumarse a Plaza, un club con historia y exigencia, pero también con un fuerte sentido humano.

“Decidí seguir jugando en Plaza porque mi mejor amigo Mariano Kremer y su familia me invitaron”, explicó. Esa invitación fue clave para facilitar la adaptación en una etapa de muchos cambios. Sin embargo, él tenía claro que el desafío iba más allá de lo afectivo: se trataba de competir en un nivel más alto y ponerse a prueba como jugador. “Desde que me fui de Concordia siempre busqué ir superándome para jugar el mejor nivel”, señaló, dejando en claro que la decisión estuvo guiada por una ambición deportiva concreta.
El debut en Primera y un ascenso inolvidable
El esfuerzo tuvo su recompensa en 2025, cuando pasó a formar parte del plantel superior de Atlético del Rosario. A mitad de temporada llegó uno de los momentos más esperados: el debut en Primera División. No fue un debut más. Además de cumplir un objetivo personal, fue parte de un equipo que logró el ascenso al Top 14, un logro colectivo que quedará marcado en su carrera.

“Significó un logro a nivel personal, porque tuve la suerte de encontrarme con un gran grupo humano que me ayudó en todo el proceso y me integró de la mejor manera”, destacó. Dentro de la cancha, la confianza del equipo fue determinante. “Mis compañeros me hicieron sentir muy cómodo, el debut fue increíble, incluso mejor de lo que esperaba”, agregó, reflejando la importancia del respaldo colectivo en un momento tan especial.
Rutina, disciplina y vida lejos de casa
La vida en Rosario implica una rutina exigente que combina estudio, entrenamiento y responsabilidades cotidianas. El joven organiza sus días con horarios definidos, comenzando temprano con el estudio, haciendo pausas para las tareas del hogar y dedicando las tardes y noches al rugby.

“Mi día empieza estudiando, después cocino, retomo hasta la tarde y a las 19 voy al club; vuelvo a casa alrededor de las 22:30”, detalló. Vivir lejos de Concordia no es fácil, y la familia se extraña. Sin embargo, cuenta con el apoyo constante de los suyos, y especialmente de su hermano, que también vive en Rosario y lo acompaña en este proceso.

“Siempre quise esto para crecer deportivamente, y aunque se extraña la familia, sé que cuento con su apoyo”, afirma. Esta etapa, además, lo obligó a madurar y a hacerse cargo de situaciones cotidianas que hoy forman parte de su crecimiento personal.
Mirar hacia adelante
Con los pies sobre la tierra, Federico tiene claros sus objetivos. En el corto plazo, su meta es afianzarse en el equipo en una temporada que será exigente para su club. A mediano plazo, el sueño es concreto y sincero: dar el salto al rugby profesional. “Me gustaría tener la oportunidad de jugar profesionalmente”, dice, sin rodeos.

Desde sus primeros pasos en Salto Grande hasta su presente en Plaza, la historia de Federico Etcheverry es la de un jugador que entendió que el crecimiento es un proceso que se construye día a día. Con valores firmes, esfuerzo constante y la decisión de animarse a salir de casa para ir por más, hoy transita una etapa clave de su carrera, sabiendo que el camino todavía tiene mucho por delante.










