Seguinos en nuestras redes

Rugby

“El Club Salto Grande es un poco mi vida”, dice el preparador físico de Pumas 7s

Juan Martín “Pata” Galarraga integra el staff técnico del seleccionado argentino de Seven, más popularmente conocido como Pumas 7s.

Publicado

el

Vancouver, Toulouse y Londres

“Felices. La verdad que fue un momento muy lindo. El equipo construyó todo el torneo de menor a mayor. El primer partido contra Francia se complicó un poquito y sacamos un empate. Y, a partir de ahí, empezamos a crecer como equipo, a mejorar nuestra defensa, a recuperar nuestra salida que es un poco el estandarte de Argentina en este juego”, respondió al ser consultado al respecto por “3200, el código del deporte” (que se emite los sábados de 19 a 21 por www.oidmortalesradio.com.ar).

Eso fue historia. Esta semana, el entrerriano está junto a la delegación nacional en Londres para disputar la octava etapa del Circuito Mundial. Hasta tierras británicas llegaron luego de disputar la séptima fecha en Toulouse, Francia, donde finalizaron quintos (en cuartos cayeron 14-0 ante Irlanda y se quedaron sin chances de medalla).

“Hoy conocí la catedral del rugby, se me aflojaron las piernas”, admitió “Pata” este jueves desde Twickenham, el gigantesco estadio con capacidad para 82 mil personas ubicados en suelo londinense.  Allí jugarán el sábado y domingo, en una zona que compartirán con Sudáfrica, Irlanda y Kenia.

De momento, los Pumas 7s (ganadores de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020) lideran la temporada del Circuito Mundial, tras superar a los Blitzboks de Sudáfrica y sacarle aún más ventaja a los australianos. El programa de partidos (hora de Argentina), de la primera fase, es el siguiente:

5:54 vs. Sudáfrica.

9:00 vs. Kenia.

12:30 vs. Irlanda.

Entre la escuela y el club, si vida en Concordia

“Pata”, tal como todos lo conocen, es un orgulloso representante de su familia, club y amigos que fue sembrando en su Concordia natal. Fútbol, con Victor Bernay como entrenador, básquet y rugby han sido los deportes que practicó (en club Salto Grande, el primero y el último; y en el Centro Ex Alumnos Capuchinos, el último).

“Tenía una vida muy agitada, la cual mi madre estaba muy pendiente”, recordó en la entrevista concedida a la emisora de <b>El Entre Ríos</b> en Concordia. “Lunes y miércoles entrenaba básquet en Capuchinos; martes y jueves rugby y los sábados, normalmente, viajaba a jugar rugby. Los sábados de noche jugaba básquet, a la vuelta de ese viaje. Y si se podía, el domingo acompañaba a la primera, al plantel. En los últimos años jugué sábado y domingo al rugby y, sábado de noche, al básquet”, destacó.

Todo eso sin descuidar sus estudios en el Colegio Capuchinos. “Iba bien”, dijo y recordó que “una sola vez me llevé una materia a febrero”. Escuela y club, explicada por Galarraga: “No creo que puedan ir separadas: la familia, el estudio y el deporte son algo que se tienen que acompañar porque las tres patas necesitan de la otra para que esto funcione y formar chicos que es lo que busca el deporte, como fin último”, reflexionó.

La entrevista

A continuación, la entrevista completa

-En abril, el seleccionado se ganó en el Circuito Mundial, tras 13 años. ¿Cómo se  consiguió eso? ¿Cómo fue esa gira?

“Pata” Galarraga-La gira anterior era bastante complicada, antes de ir a competir a Canadá nos tocó ir a Singapur, un rejunte de dos giras (normalmente se hace Asia, es decir Hong Kong y Singapur) y después América (Estados Unidos y Canadá).

Pero por el COVID-19, en Hong Kong se suspendió la fecha y en Estados Unidos se postergó para agosto así que UE Rugby decidió unir el viaje de Singapur con el de Canadá y nos quedó una gira un poco rara, con mucho viaje. Demoramos 40 horas en llegar a Singapur, tuvimos 10 días para adaptarnos al cambio horario, salimos quintos en ese torneo y después emprendimos el viaje a Toronto, que fue largo pero ahí estábamos todos en igualdad de condiciones con 16 horas de diferencia horaria, respecto a Singapur.

-Imagino cómo viviste esa final, contra Fiji y lo que fue el final del primer tiempo donde Argentina se pone en ventaja rápidamente. Relatanos cómo fue la etapa definitiva.

-El Seven es algo muy intenso, dinámico. El que tuvo la oportunidad de verlo, de jugarlo, sabe que son 14 minutos a pura energía, puro ritmo. Hay muy poco tiempo para tomar decisiones, para hacer los cambios, para ver quién está bien, quién está mal. La verdad que se vive de una manera muy apasionada, todo muy rápido, veloz. Nunca un partido de Seven está definido así que, cualquier mínima diferencia, hay que cuidarla mucho y seguir construyendo sobre eso.

Felices. La verdad que fue un momento muy lindo. El equipo construyó todo el torneo de menor a mayor. El primer partido contra Francia se complicó un poquito y sacamos un empate. Y, a partir de ahí, empezamos a crecer como equipo, a mejorar nuestra defensa, a recuperar nuestra salida que es un poco el estandarte de Argentina en este juego.

-Lo que jugaron un Seven saben que la preparación física es fundamental. ¿Cuál es tu relación con el entrenador Santiago Gomez Cora a la hora de planificar un partido, un juego? ¿Hay mucho diálogo, charla previa y también durante el partido?

-Es lo que más me motivó a este desafío del Seven: es la cantidad de tiempo y el trabajo que tengo con los jugadores. Es realmente espectacular tener 22 súper atletas a disposición para preparar los torneos. Estos chicos son súper atletas, realmente. Son chicos muy rápidos, muy fuertes. Así que la preparación es espectacular, es un deporte muy físico donde jugamos 7 contra 7 en la cancha donde normalmente juegan 15 así que cualquier chico que esté poco preparado o cualquier falla puede tener consecuencias muy graves en los torneos.

Santiago confía muchísimo en mí como en todo el equipo de trabajo. Somos un equipo chiquito pero como digo somos una familia. Compartimos muchos días, mucho diálogo, discutimos pero siempre en pos de lograr que los  chicos lleguen de la mejor manera a la competencia.

Mi trabajo es mucho en la semana donde hay que tratar de controlar las cargas, de darle herramientas al entrenador, como asistente de él, para que tome las mejores decisiones en la semana y que luego los chicos rindan el fin de semana.

-Hablasta de familia, de muchas horas de trabajo. Y también hay una familia que uno deja cada vez que viaja. El aspecto humano, como parte del staff técnico, seguramente tendrás que cuidar también. ¿Cómo se trabaja eso?

-Exactamente, nosotros estamos normalmente 170/180 días al año, espero que no me escuche mi mujer y siga sacando cuentas, así que la parte humana en este grupo pasa a ser súper importante. Al estar tantos días fuera de casa, tantos días compartiendo, muchas veces cansados, con viajes largos, con jet lag, durmiendo en hoteles, viajando mucho, levantándonos muy temprano o acostándonos muy tarde, depende de lo que demande un poco el torneo. La parte humana y el grupo, en este deporte tan lindo que es el Seven, realmente es espectacular como lo vivimos pero, a la vez, muy duro y un desafío muy grande. En este caso para toda mi familia porque estamos mucho tiempo lejos de casa así que cuando venimos acá cargamos pilas, entrenamos, nos recuperamos de algunos golpes, lesiones, y muy prontito (hace 3 semanas y 3 días que llegué) estamos emprendiendo un nuevo viaje. Así que el tiempo que estoy acá en Buenos Aires, en casa, lo exprimo.

-¿Cómo llegó a vos esta propuesta de la selección argentina? ¿Cómo se dio la chance de integrar este grupo deportivo que está compitiendo a nivel mundial?

-Yo llevo muchos años acá en Buenos Aires. Tuve jugando rugby (en Pucará), me recibí de profesor de Educación Física, trabajé en varios clubes como entrenador en categorías infantiles, juveniles y, a los 30, decidí dejar mi carrera de jugador y dedicarme a fondo a la preparación física. Mi formación me fue llevando un poco a los números, a la preparación física. Tuve una muy inda experiencia en el Colegio Argentina Modelo, el colegio del Club San Carlos de Buenos Aires. Jugaba en tercera división, hicimos un ascenso, un gran laburo.

Después, pasé al Club Universitario Buenos Aires (CUBA), con el cual aún tengo un vínculo. Tuve 4 años ahí, el año pasado tuve la suerte de salir campeón del Torneo de la URBA. Después, mi nombre empezó a dar vueltas en la UAR, me entrevistaron para conocerme, ver qué hacía y un poco cómo estaba formado y cuál era mi historia. Finalmente, después de varias entrevistas, nos pusimos de acuerdo para encarar este hermoso proyecto de 3 años hasta los Juegos Olímpicos de París.

-¿Cuál es tu vínculo con el Club Salto Grande?

No solo el rugby, el Club Salto Grande es un poco mi vida. Vivía a una cuadra, jugué fútbol (recién lo escuchaba a Victor Bernay, mi entrenador de fútbol y profe de Educación Física  en el colegio). Jugué básquet hasta que me vine a Buenos Aires, junto con el rugby, tanto en Salto Grande como en Capuchinos.

Obviamente, mi gran pasión es el rugby ahí en Salto Grande desde muy chiquitito hasta que me vine. Fanático. Convencí a todos mis amigos para jugar rugby, compartí y tengo los mejores recuerdos de toda la gente que me ha formado y dejado algo en el Club Salto Grande. Mis amigos de toda la vida, de ese hermoso club.

-Hace unos días recordaste a la gente del club alguno de los viajes que hicieron como el de Sudáfrica 2002 o Mendoza un año antes. Esos viajes, con un club de Concordia, en años donde no era tan fácil para la Argentina en general poder emprenderlos, seguramente te habrán marcado un montón.

-Sí, seguro. Siempre apoyado por mi madre que me puso: primero la escuela y después la prioridad era el deporte así que estuve siempre muy acompañado. Traté de estar en todos los viajes y empujar para que todos los viajes se hagan. Realmente el club es súper importante en mi vida, hoy, ayer y desde siempre. De hecho hoy participo de los clubes en los que trabajo. Trato de tener una vida de club, que disfruto mucho.

2002: Juan Martín estuvo de gira por Sudáfrica junto a sus amigos de Salto Grande.

– Pasaste por diferentes clubes y en todos tenés un punto de encuentro, una conexión, un motivo para volver. Estuviste jugando en  Salto Grande, Pucará, luego Saint Brendan´s Rugby Club, después San Carlos y CUBA. Con todos mantenés algún vínculo hasta el presente.

-Así es. Tengo amigos, conocidos, gente que aprecio mucho y trato de vivirlo con mucha pasión. Me encanta el rugby, me encanta lo que hago y entonces mi vida se basa en esos vínculos así que feliz por lo que me toca, feliz con lo que hago y feliz de tener un montón de amigos y lugares donde ir de visita y tener siempre a alguien con quien charlar.

-¿Qué conclusión hacés del rugby provincial, con varios clubes jugando el TRL, que también han crecido en el último tiempo. En 2019, además, hubo algo que nunca se había dado: una final entrerriana entre Los Espinillos y Salto Grande de Concordia. ¿Cómo los ves desde allá?

-Sigo muy de cerca toda la vida del club, tengo muchos amigos en Los Espinillos. Guardo grandes recuerdos. De hecho, nosotros jugábamos en un equipo del Seven del Lago con chicos de Salto Grande y Los Espinillos así que sigo muy de cerca al rugby de Concordia. Gracias a Dios, lo veo creciendo muchísimo.

Cuando yo era muy chico era difícil juntar la primera división y hoy creo que los dos clubes tienen 2 equipos, tienen gente. Los que van volviendo al pago, como bien dicen ahí, se va sumando de nuevo a los clubes y le dan vida para continuar porque los primeros años, en rugby, costó mucho la continuidad del club por el éxodo que tenemos en la ciudad con muchos chicos que se van a estudiar o les toca, después del colegio, empezar a trabajar. Se van alejando.

-¿Hubo algún momento que hacías más de un deporte a la vez? ¿Cómo era un día en tu vida concordiense?

-Tenía una vida muy agitada, la cual mi madre estaba muy pendiente. Lunes y miércoles entrenaba básquet en Capuchinos; martes y jueves rugby y los sábados, normalmente, viajaba a jugar rugby. Los sábados de noche jugaba básquet, a la vuelta de ese viaje. Y si se podía, el domingo acompañaba a la primera, al plantel. En los últimos años jugué sábado y domingo al rugby y, sábado de noche, al básquet.

¿Y en la escuela cómo íbamos?

En la escuela iba bien. Era una condición en mi casa para hacer todos lo demás, no tener muchos problemas en el colegio. Por suerte, más o menos la llevábamos. Sin grandes problemas, creo que una sola vez una materia en febrero. No tenía problemas con eso.

-Educación en la escuela y formación deportiva en los clubes, van de la mano.

-Sí, claro que sí. No creo que puedan ir separadas: la familia, el estudio y el deporte son algo que se tienen que acompañar porque las tres patas necesitan de la otra para que esto funcione y formar chicos que es lo que busca el deporte, como fin último.

-¿Qué metas te quedan por cumplir? ¿Qué te proponés, tanto en lo profesional como en lo familiar?

-Tenemos un calendario bastante agitado este año. Nos queda la gira de Europa y, fines de agosto y septiembre, nos vamos a Los Ángeles que es la última fecha del circuito donde se define un poco el ranking. Estamos con chances de pelear con Sudáfrica y Australia el campeonato.

Luego, nos vamos a Sudáfrica donde el 8, 9 y 10 de septiembre tenemos el mundial de la modalidad Seven. Es un evento espectacular, me entusiasma. Es nuestro objetivo a corto plazo porque este deporte, al ser olímpico, trabajamos en un proceso de 3 ó 4 años (esta vez tocan 3 porque se atrasaron los Olímpicos de Tokio) para nuestro gran objetivo que son los Juegos Olímpicos de Paris.

Estamos buscando jugadores de 18 ó 19 años para formarlos en estos 3 años, desarrollarlos y llegar con un gran equipo a París 2024. Nuestro gran sueño, o por lo menos mi gran sueño, como persona ligada al deporte que es poder participar de un Juego Olímpico.

Continuar leyendo
Comentar

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *