Kinesiología
La flexibilidad más allá del cuerpo
Andrés Belderrain pasó por 3200 Radio y dejó una reflexión profunda sobre el movimiento, el envejecimiento y la capacidad humana de adaptarse.
La conversación comenzó hablando de música, pero rápidamente tomó otro rumbo. Porque para Andrés Belderrain la flexibilidad no es solamente una cuestión de músculos, tendones o articulaciones. Es una manera de estar en el mundo. El kinesiólogo, docente universitario y fundador de Flexifit Academy aprovechó su paso por 3200 Radio para compartir una mirada que atraviesa el cuerpo, pero que también alcanza a las decisiones, los hábitos y la forma en que cada persona se relaciona con el paso del tiempo.
“La flexibilidad es más amplia que lo que imaginamos en lo biomecánico. La flexibilidad es del ser entero, de la cabeza, de las decisiones”, afirmó. Y mientras desarrollaba la idea, fue construyendo una imagen tan simple como poderosa. Así como el cuerpo tiende a endurecerse con los años, también pueden endurecerse las ideas, las costumbres y las formas de mirar la realidad. “Intentar cosas, probar sabores nuevos, hacer amigos nuevos, eso es ser flexible”, resumió. Para él, mantenerse abierto a lo desconocido es tan importante como conservar la movilidad física.

La brecha que todavía persiste
Con más de dos décadas dedicadas al estudio de la flexibilidad, Belderrain reconoce que todavía existe una enorme distancia entre el conocimiento científico y lo que muchas personas entienden sobre el tema. Habla de una “brecha”, de un espacio vacío donde conviven dudas, mitos y conceptos contradictorios.
“Hay un gap. Nadie sabe bien si tiene que estirar antes o después, cuánto tiempo, cómo hacerlo”, explicó. Buena parte de su trabajo, tanto desde la docencia como desde la práctica profesional, consiste precisamente en intentar llenar ese vacío. No solamente para quienes practican deportes de alto rendimiento, sino también para quienes buscan una mejor calidad de vida.

Cabe señalar que detrás de la flexibilidad existe una pregunta mucho más profunda: cómo conservar la capacidad de movimiento a medida que pasan los años. “La forma de regular esa tendencia natural a la retracción es mantener el movimiento. Si yo no hago el movimiento a la amplitud máxima, la retracción me gana y me clausura el movimiento”, sostuvo. La frase parece técnica, pero encierra una realidad cotidiana. El cuerpo se adapta a aquello que hace, pero también a aquello que deja de hacer.
De la experiencia personal al conocimiento
Detrás de esa búsqueda profesional existe también una historia íntima. Su vínculo con la kinesiología nació a partir de una escoliosis que atravesó durante la adolescencia. Aquella experiencia, lejos de convertirse en una limitación, terminó definiendo una vocación.“Me sentí tan mal en ese momento que pensé: esto quiero cambiar en mi vida”, recordó.

Ese deseo lo llevó a estudiar, especializarse y convertirse en docente de Reeducación Postural Global en Latinoamérica. Paradójicamente, esa misma disciplina atraviesa hoy una transformación conceptual que lo entusiasma particularmente. Durante décadas, gran parte de la rehabilitación se apoyó en la idea de alcanzar una postura ideal. Sin embargo, la evidencia científica actual comenzó a cuestionar esa certeza.
“No hay una postura buena”, afirmó. Y agregó una reflexión que resume buena parte del cambio de paradigma que atraviesa la profesión: “Nos estamos quedando sin argumentos para ir hacia un objetivo teórico de forma y estamos pasando a un objetivo funcional”.

Enseñar para multiplicar
Con el paso de los años, Belderrain dejó de observar únicamente músculos y articulaciones para concentrarse cada vez más en las personas. “Antes que un rendimiento deportivo, veo un atleta o veo una persona viviendo su vida”, expresó. Esa mirada lo llevó a preguntarse cómo multiplicar el conocimiento que había acumulado durante años. La respuesta fue la creación de Flexifit, un método propio de entrenamiento y formación que hoy reúne a alumnos de distintos puntos del país y que ya comienza a formar nuevos especialistas.
“Llegaba a cuarenta alumnos, a sesenta alumnos y no más. Entonces pensé: ¿cómo hago para reproducir esto?”, recordó. La repercusión superó sus expectativas y confirmó algo que intuía desde hace tiempo: existe una necesidad creciente de comprender el movimiento y sus beneficios más allá de las modas pasajeras.

Habitar el cuerpo, a cualquier edad
Esa mirada aparece también en el trabajo cotidiano que desarrolla junto a Matías Penco en Tandem. Allí conviven adolescentes que atraviesan los desafíos del crecimiento, adultos que buscan recuperar hábitos saludables y personas mayores que intentan vencer años de miedo al movimiento.
En ese recorrido, una imagen lo conmueve especialmente: la de muchas mujeres de sesenta o setenta años que recién ahora descubren posibilidades corporales que durante décadas les fueron negadas por condicionamientos culturales y sociales. “Es hermoso ver mujeres de sesenta o setenta años disfrutando de su cuerpo después de una vida con muchas restricciones”, expresó. No habla solamente de actividad física. Habla de autonomía, de confianza y de la posibilidad de reconciliarse con el propio cuerpo cuando parecía demasiado tarde.

La flexibilidad de estar vivos
Quizás por eso la entrevista terminó siendo mucho más que una conversación sobre elongación o entrenamiento. Entre referencias a la ciencia, la educación y la experiencia cotidiana, Belderrain dejó flotando una idea que atravesó cada una de sus respuestas.
El cuerpo y la vida comparten una misma lógica: aquello que deja de moverse comienza a endurecerse. Y tal vez la verdadera flexibilidad, esa que no aparece en los manuales ni puede medirse con una regla, consista justamente en seguir dispuesto a cambiar, aprender y avanzar aun cuando el tiempo intente convencernos de lo contrario.










