Opinión
Sobre el caso de Belén Labriola
Belen Labriola se equivocó. No obró con suficiente claridad y, por el contrario, procuró establecer un relato de lo que sucedió en Mundial Máster de Mountain Bike Cross-Country Olympic de Chile que no se ajustó exactamente a lo que ocurrió.
Quedó décima en la lista, esa fue su posición. No obstante, en rigor de verdad, hizo 1 vuelta menos que el líder de la prueba que sólo completaron en la totalidad de las vueltas 8 competidoras de la categoría Máster B1. Eso es parte de la llamada “regla del 80% que establece que, si el tiempo de un ciclista es un 80% más lento que el del líder de la carrera, en un punto de control específico (generalmente al final de una vuelta), ese ciclista debe retirarse de la carrera. Relato y realidad, solo coinciden en la letra con la que inician.
Algunos resortes de contralor aún están activos y acá efectivamente funcionaron. El periodismo, que en algún momento se ganó con razón el apodo de cuarto poder, desempolvó uno de sus más básicos ejercicios: chequeo de la información. Y ahí, entonces, apareció la verdad sobre la clasificación de la ciclista concordiense.
Expuesto el relato, algunos por caso como una integrante de 3200 que la había entrevistado antes, se pusieron en comunicación con la protagonista de esta historia. Otro ejercicio básico del periodismo, ningún mérito más que hacer lo que hay que hacer y en este caso era preguntarle a la mencionada deportista. No fue clara, ni lo suficientemente sólida para variar lo que se dijo, pero tuvo un gesto para el equipo de trabajo que no viola ninguna intimidad periodística si la revelo: pidió disculpas “por el mal momento”. Se agradece el gesto.
Desde aquí no vamos a alentar el escarnio público ni la crítica fácil haciendo leña del árbol caído o la cobarde actitud de descalificar al otro desde la comodidad de una red social y, en ocasiones, anónimamente; sí vamos a seguir pregonando los buenos ejemplos, la sana competencia y la certeza de que el deporte es la solución para la mayoría de nuestros problemas. Salud, educación y socialización son algunas de sus banderas.
Labriola se equivocó, tan cierto como que también hizo el esfuerzo que muy pocos están en condiciones económicas de hacer, sin apoyo de terceros, para ir a un Mundial para competir dentro de los denominados Máster, es decir categorías reservadas para mayores de 35 años. Llegar hasta ahí si bien no requiere de una instancia clasificatoria previa o de un resultado equis que lo valide, desde luego no lo hace sino aquel que está en condiciones de hacerlo, de competir y que, como ya dije, además puede pagárselo. Valioso lo suyo.
El aprendizaje para ella debe ser, si acaso soy quién para decírselo, que no hay más mérito que intentarlo, que trabajar esforzadamente para hacerlo y llevar el nombre de Concordia y la bandera de su país a donde fuese. Eso ya nos llena de orgullo, independientemente del resultado, incluso si no llegó a la meta.
Los medios aprenderemos a no solo escuchar a los protagonistas que son una de nuestras principales fuentes (dicho sea de paso, muy agradecidos estamos por la inagotable amabilidad con la que nos atienden a los que integramos 3200), sino también a seguir chequeando siempre, aunque pareciera una mera formalidad, todos y cada uno de los datos. Hasta los obvios. Juzgar al otro, calificarlos o hasta el extremo de descalificarlos cuando en lo particular incluso nos sintamos ofendidos es una tentación que hay que evitar. De eso también hay que aprender.
Porque, al fin de cuentas, hay que seguir el camino de la humildad, deseando obrar con honestidad y llegando a la meta diaria con la tranquilidad de haberlo dado todo, sin atajos, relatos u otras tretas. La verdad es el camino.









