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Básquet

Raíces argentinas, presente italiano

La historia de Nahuel Beltramini, un entrenador concordiense que encontró en el básquet el hilo invisible que une a Argentina con Italia.

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Hay caminos que no se eligen de golpe, sino que se construyen en silencio: con hábitos, con valores, con una pelota que pica desde la infancia. Nahuel Beltramini no llegó a Europa por azar. Llegó porque el básquet, ese idioma universal, lo fue empujando de a poco hacia el lugar donde hoy vive, trabaja y sigue creciendo. A los 33 años, el entrenador nacido en Concordia escribe su historia en Mondovì, una ciudad italiana donde las raíces familiares y la vocación deportiva se encuentran.

Un escenario con historia

Hoy, Nahuel desarrolla su trabajo en el norte de Italia y 3200, el código del deporte se comunicó con él para conocer de cerca su presente. “Trabajo en el Basket Club Mondovì, en la ciudad de Mondovì, provincia de Cuneo, en plena región del Piamonte, al norte de Italia”. El contexto no es menor. “Mondovì es un lugar con mucha historia, tiene un aire medieval y sus vistas son espectaculares”.

La región también guarda un fuerte lazo con nuestro país. El Piamonte es una de las zonas con más ciudades hermanadas con Argentina, producto de una inmigración histórica que dejó huellas profundas. Mondovì, además, tiene una ubicación privilegiada: “Está a unos 70 u 80 kilómetros de Turín. Por un lado, las colinas de las Langhe, famosas por sus vinos, su gastronomía y su reconocimiento de la UNESCO; y por el otro, la imponente presencia de los Alpes Marítimos”. Un lugar donde la tradición, la naturaleza y la vida cotidiana conviven.

“El básquet me dio principios y valores”

Nahuel se presenta con naturalidad, pero su historia habla por sí sola. “Desde que tengo memoria piqué una pelota de basquetbol”. Esa frase resume una vida atravesada por el deporte. “Siempre estuve involucrado en el deporte, ya sea en mi etapa de jugador, como así también en la de entrenador”.

El básquet lo formó mucho más allá de la cancha. “Este deporte me hizo mejor persona, me dio principios y valores. Pero sobre todas las cosas me dio la oportunidad de conocer personas y hacerme amigos que tengo hasta el día de hoy”.

Su recorrido también tuvo estudio y preparación. “Estudié en el ISEEF, me recibí de Profesor Nacional de Educación Física en 2017”. Y luego siguió especializándose: “Hice el curso de Entrenador de básquet y preparador físico para especializarme en la especificidad que conlleva este deporte”.

La oportunidad y el salto

La llegada a Italia fue consecuencia de una decisión clara. “La oportunidad surgió después de candidatearme directamente con el club, enviando mi CV”. El interés fue mutuo. “El Basket Club Mondovì se interesó en mí y se comunicó conmigo”.

El proceso no fue inmediato. “Al principio hice varios meses de prueba, hasta que al final de la temporada me hicieron la propuesta formal de unirme a su staff de entrenadores”. Su rol quedó definido: “Para trabajar en el Minibasket y en la preparación física de las divisiones formativas”.

Volver al origen

Más allá de lo laboral, hubo una razón profunda para emigrar. “Fueron muchos los factores que me impulsaron a irme de mi país, pero el principal fue que siempre quise conocer Italia, ya que mis antepasados eran originarios de acá”. La historia familiar pesó. “Tengo mis 4 apellidos italianos y por el de mi abuela materna obtuvimos la ciudadanía”.

El viaje también fue una búsqueda personal. “Me interesa mucho conocer mis orígenes, ya que siento que es parte de lo que soy hoy en día”. Y el país lo cautivó: “Este país tiene una cultura increíble, ya sea por su arte, gastronomía o innumerables paisajes y lugares hermosos”.

Adaptarse a lo nuevo

“El proceso de adaptación al club fue bueno, por suerte me encontré con un grupo humano extraordinario”, indicó. El acompañamiento fue clave: “Mis colegas son excelentes personas, los cuales siempre me dieron una mano en todo y me recibieron con los brazos abiertos”.

Por otro lado, contó que con los chicos el vínculo se construyó rápido. “Los alumnos al principio eran un poco tímidos, pero cuando les dije que era argentino, se les iluminaba la cara”. El reconocimiento aparece enseguida: “Me nombraban a Messi, a Maradona o me decían que somos campeones del mundo”.

Nahuel también destaca el prestigio argentino. “El deporte argentino está siempre bien reconocido, ya sea por nuestros deportistas o entrenadores que recorren el mundo”. A su vez, en lo cultural, el impacto fue menor de lo esperado. “Siento que tienen mucho de lo nuestro, sabiendo que en Argentina somos casi el 70% de descendientes italianos”. Y agrega: “Eso hace que los emigrantes hayan aportado mucho a nuestra cultura y que el impacto no haya sido tan grande”.

Por otra parte, mencionó que en lo deportivo las diferencias no son tantas. “Los contrastes entre el básquet italiano y argentino no son muchos en el aspecto de estilo de juego”. Para el entrerriano, el biotipo es similar, aunque hay un detalle clave: “Aquí hay mucha más pluralidad de culturas y eso hace que haya niños de otros países con distintos físicos y otros aspectos que le aporta más diversidad”.

La rutina diaria

Su día a día está completamente ligado al club. “Mi rutina como entrenador está ligada al trabajo matutino en las distintas escuelas de la ciudad”. El objetivo es claro: “El club tiene un acuerdo con las instituciones de la zona para que podamos brindar clases de básquet, así los niños y niñas tienen la oportunidad de conocer el deporte y logremos su fomentación”.

Por la tarde, la actividad continúa. “Trabajamos en el club, allí realizamos los entrenamientos de básquet con los niños de 6 a 11 años”. Y en su rol específico: “En mi caso, preparo físicamente a las categorías u15 y u17”. Los fines de semana, la competencia: “Tenemos partidos por el campeonato regional”.

También hizo un balance de lo que más le sorprendió del deporte. “Me sorprendió el nivel de organización de los torneos, la cantidad de partidos que tienen cada categoría”. Pero, sobre todo, la estructura: “Me llamó la atención el nivel de infraestructura que tiene cada club, tanto en lo edilicio como en la estructura de entrenadores”. El detalle no es menor: “Cada categoría tiene su propio entrenador, siendo que el staff sea numeroso”.

Formación y crecimiento

Cuando mira hacia adelante, Nahuel piensa en formación y crecimiento. “En lo personal tengo como objetivo afianzarme como entrenador, seguir en el constante aprendizaje”. Pero su mirada va más allá del juego: “Lograr que mis alumnos crezcan como jugadores, pero así también lo hagan como personas, pudiendo transmitirle los valores y la cultura de este hermoso deporte”.

Desde Concordia hasta Mondovì, la naranja sigue picando igual. Cambió el paisaje, cambió el idioma, pero no cambió la esencia. Porque cuando el básquet marca el camino, las raíces siempre encuentran la manera de florecer.